La contienda apenas inicia y todavía hay margen para sorpresas. La disputa por la presidencia municipal de Cuernavaca comienza a dibujarse con mayor claridad. La capital vuelve a colocarse en el centro de la disputa: es la llamada joya de la corona, pero también una plaza difícil, donde los partidos pueden anunciar nombres y hacer cálculos, aunque al final será la ciudadanía quien decida quién tiene su respaldo para gobernar.
El PAN y el PRI van juntos, con Daniel Martínez Terrazas como el perfil con mayores probabilidades. Acción Nacional gobierna actualmente la ciudad y cuenta con una estructura que no puede ignorarse. Tener la alcaldía y las diputaciones locales le ha permitido darse a conocer entre la ciudadanía. A pesar de ello, es necesario un arduo trabajo, pues ser de Acción Nacional o priista no basta para asegurar la victoria. El desgaste de cualquier administración también se convierte en parte de la campaña: seguridad, agua, baches, transporte y servicios serán asuntos que los votantes pondrán sobre la mesa.
Se perfila Lucía Meza, excandidata a la gubernatura, como candidata a la Cámara de Diputados, mientras que por el PT se menciona para Cuernavaca a Manuel Martínez Garrigós, quien ya fue presidente municipal y proviene de las filas priistas. Movimiento Ciudadano tiene en Jessica Ortega una figura con reconocimiento estatal, y en el Verde se habla de Matías Nazario. Son perfiles que circulan en el debate anticipado, no candidaturas registradas. Ahora, para violar la ley, se hacen llamar coordinadores de una serie de tonterías, con el propósito de hacer trampa. Ese es el punto central. La selección partidista y el registro oficial llegarán el próximo año, conforme a los tiempos legales. La figura de los coordinadores es una manera tramposa de simular.
Morena enfrenta una decisión más compleja porque la lista de aspirantes es amplia. Entre los nombres con mayor presencia están el senador Víctor Mercado, con conexiones en el centro del país por su cargo; la diputada federal Meggie Salgado, con una herencia política importante; y el diputado federal Juan Ángel Flores Bustamante, quien, al parecer, es el prospecto de Citlalli Hernández y ya fue probado como alcalde en Jojutla. También se menciona a Javier Bolaños, quien tiene el respaldo de la gobernadora. Sin embargo, una cercanía política no sustituye el trabajo territorial ni garantiza votos. Una candidatura se gana primero dentro del partido y después frente a la ciudadanía. En una elección como la de Cuernavaca, cada aspirante tendrá que demostrar que puede construir una mayoría, no solo reunir apoyos en su grupo.
Alrededor de esta lista aparecen otros nombres y proyectos personales. Algunos buscan posicionarse; otros quizá aspiran a una diputación o a un espacio en el ayuntamiento. Pero aparecer en una fotografía, tener un cargo o anunciar una relación con figuras nacionales no convierte automáticamente a nadie en una candidatura competitiva. La política local suele castigar esa confusión entre querer participar y contar con posibilidades reales de ganar.
Cuernavaca es una ciudad diversa, con habitantes que conocen los problemas de sus colonias y comparan las promesas con los resultados. Por eso, no se puede dar por hecho que una operación política o una estructura partidista bastarían. Tampoco se deben repetir como certezas señalamientos sobre posibles irregularidades electorales sin documentación. Si se cuestiona una votación, como se ha hecho al comparar cifras de Xochitepec en la elección pasada, hay que cotejar actas, lista nominal, participación y datos censales. La población total de un municipio no equivale al número de personas con derecho a votar. La transparencia exige cifras completas, no sospechas sueltas.
La preocupación por las instituciones electorales es legítima. Quienes trabajamos durante décadas para construir organismos capaces de organizar comicios confiables sabemos que su autonomía no puede darse por sentada. El INE y el IMPEPAC deben actuar con independencia, aplicar las reglas por igual y explicar sus decisiones. La confianza ciudadana se pierde cuando los partidos sienten que las reglas se acomodan a conveniencia, y recuperarla requiere vigilancia pública y evidencia verificable.
También hay que cuidar el lenguaje. En este momento se habla de aspirantes y de procesos internos; llamar precandidatos a quienes aún no han sido designados puede anticipar una decisión que corresponde a cada partido. No es solo lo válido en el debate público: también es lo legal. El calendario y las reglas electorales deben ser respetados por todos, sobre todo por quienes aspiran a gobernar.
La moneda sigue en el aire. En los próximos días y semanas se despejarán más nombres, pero la pregunta de fondo no será quién levanta primero la mano, sino quién puede convencer a los cuernavacenses con propuestas, trayectoria y capacidad para resolver problemas. En esta elección no bastará con ser aspirante: habrá que ganarse la candidatura conforme a la ley y, después, ganarse los votos. ¿No cree usted?
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