Vivencias Ciudadanas: Cuernavaca y el desafío del ambulantaje

TEODORO LAVÍN LEÓN
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Pocas ciu­da­des del país tie­nen la riqueza his­tó­rica, arqui­tec­tó­nica y natu­ral de Cuer­na­vaca. Sus calles, jar­di­nes, edi­fi­cios anti­guos y el clima pri­vi­le­giado la con­vir­tie­ron durante déca­das en uno de los des­ti­nos turís­ti­cos más impor­tan­tes de México. Sin embargo, esa ima­gen se ha ido dete­rio­rando poco a poco por diver­sos pro­ble­mas urba­nos, y uno de los más visi­bles es el cre­ci­miento desor­de­nado del comer­cio ambu­lante en el cora­zón de la ciu­dad.

Basta reco­rrer el cen­tro his­tó­rico para darse cuenta de la mag­ni­tud del pro­blema. Desde las inme­dia­cio­nes del mer­cado, pasando por las calles Gue­rrero, Arteaga y muchas de las via­li­da­des que rodean la Plaza de Armas, los pues­tos ocu­pan ban­que­tas, redu­cen el paso pea­to­nal y modi­fi­can por com­pleto la ima­gen urbana. Lo que alguna vez fue­ron calles abier­tas y atrac­ti­vas para cami­nar hoy apa­re­cen satu­ra­das de lonas, estruc­tu­ras impro­vi­sa­das y mer­can­cías de toda clase.

Pero sería un error cul­par úni­ca­mente a quie­nes ven­den en la vía pública. La mayo­ría de ellos no está ahí por gusto. Son hom­bres y muje­res que encon­tra­ron en el comer­cio infor­mal la única posi­bi­li­dad de lle­var ali­mento a sus hoga­res. Muchos per­die­ron un empleo for­mal, otros nunca tuvie­ron acceso a él y algu­nos sim­ple­mente encon­tra­ron en el ambu­lan­taje una forma de sobre­vi­vir ante la falta de opor­tu­ni­da­des eco­nó­mi­cas.

El ver­da­dero pro­blema no son las fami­lias que bus­can un ingreso digno. El pro­blema es que durante muchos años el comer­cio ambu­lante dejó de ser un asunto social para con­ver­tirse, en muchos casos, en un nego­cio con­tro­lado por lide­raz­gos que con­cen­tran poder sobre los espa­cios públi­cos. Diver­sas voces han seña­lado desde hace tiempo que existe un redu­cido grupo de diri­gen­tes que admi­nis­tra quién puede ins­ta­larse y dónde hacerlo, gene­rando una estruc­tura que poco ayuda a resol­ver el pro­blema de fondo.

Mien­tras tanto, las auto­ri­da­des muni­ci­pa­les, admi­nis­tra­ción tras admi­nis­tra­ción, han pre­fe­rido pos­po­ner deci­sio­nes difí­ci­les. En oca­sio­nes se anun­cian ope­ra­ti­vos; otras veces se pro­mete reor­de­na­miento, pero al final todo per­ma­nece prác­ti­ca­mente igual. El cen­tro con­ti­núa cre­ciendo en desor­den.

Las con­se­cuen­cias están a la vista. Ban­que­tas intran­si­ta­bles para per­so­nas con dis­ca­pa­ci­dad, adul­tos mayo­res o madres con carrio­las; calles con­ges­tio­na­das; acu­mu­la­ción de basura; pro­ble­mas de higiene; dete­rioro de facha­das his­tó­ri­cas y una ima­gen que afecta direc­ta­mente al turismo y al comer­cio for­mal.

No es exa­ge­rado afir­mar que el ambu­lan­taje tam­bién tiene un impacto eco­nó­mico. Muchos comer­cian­tes esta­ble­ci­dos pagan renta, impues­tos, segu­ri­dad social, per­mi­sos y ser­vi­cios. Ellos obser­van cómo, frente a sus nego­cios, otros ven­den pro­duc­tos simi­la­res sin las mis­mas obli­ga­cio­nes. Esa com­pe­ten­cia desi­gual ter­mina afec­tando inver­sio­nes y pro­vo­cando incluso el cie­rre de nego­cios tra­di­cio­na­les que durante años die­ron iden­ti­dad al cen­tro de Cuer­na­vaca.

Habrá quien le entre de a deve­ras al ambu­lan­taje, lim­piando el cen­tro para que luzca nues­tra ciu­dad bella y lim­pia, los ciu­da­da­nos can­sa­dos de tan­tas men­ti­ras lo vemos difi­cil. ¿No cree usted?

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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