La lucha por la presidencia municipal de Cuernavaca se vuelve cada día más difícil y, sobre todo, más sucia. Aunque todavía falta tiempo para la definición oficial de las candidaturas, los golpes ya comenzaron a aparecer por todos lados. Algunos provienen de los partidos contrarios, pero los más duros parecen surgir dentro de las propias organizaciones políticas.
En el Partido Acción Nacional existe mayor claridad. Todo indica que Daniel Martínez Terrazas será su candidato a la presidencia municipal. El PAN entiende perfectamente lo que representa Cuernavaca: es uno de sus principales bastiones y perder la capital significaría un golpe político de enormes dimensiones. Por eso parece decidido a evitar una confrontación interna que debilite su estructura.
En Movimiento Ciudadano también se observa una definición adelantada. Jessica Ortega se perfila como su candidata, acompañada por las mujeres que durante años han trabajado a su lado y por el mismo equipo con el que recorrió Morelos cuando contendió por la gubernatura. Jessica no es una improvisada: tiene trayectoria, estructura y conocimiento del estado. Su reto será transformar esa presencia política en una fuerza verdaderamente competitiva dentro de la capital.
En el PRI, la verdad, hay puras vergüenzas y conflictos personales. No es fácil encontrar a uno sin cola que le pisen, así que mejor deberían ponerse a trabajar en lugar de hacer desayunos sin importancia y procurar no perder el registro.
Donde los golpes están alcanzando niveles preocupantes es en Morena. La renuncia de Mirsa Suárez Maldonado a la dirigencia estatal ocurrió en el peor momento posible. Dejó el cargo para buscar una candidatura en Jojutla, la cual está difícil de ganar debido a su pleito con el diputado federal Juan Ángel Flores. Aunque formalmente el partido cuenta con mecanismos para sustituirla, políticamente ha quedado un vacío de conducción cuando más se necesita una cabeza que ordene la competencia.
Los aspirantes de Morena se han reunido y han aparecido juntos en fotografías hablando de unidad. Sin embargo, una fotografía no borra las diferencias ni detiene las campañas realizadas por debajo de la mesa. Ahí se sientan todos los que quieren ser candidatos y algunos que, francamente, no tienen ninguna posibilidad. No ganarían ni yendo a bailar a Chalma, pero permanecen en la mesa para ver qué pueden obtener: una regiduría, una diputación, una dirección o alguna posición dentro del próximo gobierno.
Los mayores ataques parecen concentrarse contra cuatro personajes: la diputada federal Meggie Salgado, el senador Víctor Mercado, el diputado federal Juan Ángel Flores y Luis Machuca, quien viene de trabajar en la Secretaría de Bienestar. Cada uno representa intereses y grupos diferentes, pero los cuatro han sido víctimas de versiones, señalamientos y campañas difundidas principalmente en las redes sociales.
Han aparecido personajes que se presentan como nuevos periodistas, pero que en realidad parecen trabajar al servicio de determinados intereses políticos. Su actividad no consiste en investigar ni en informar, sino en publicar rumores, fabricar culpables y destruir reputaciones. Confunden el periodismo crítico con el ataque pagado, y eso perjudica tanto a los aspirantes como a la sociedad.
Meggie Salgado ha sido señalada incluso por hechos que no corresponden a su responsabilidad personal. Es una mujer decente y tiene derecho a competir sin que le inventen historias o pretendan cargarle culpas ajenas. Se le puede cuestionar por su trabajo, sus resultados o sus propuestas, pero no mediante calumnias ni campañas construidas desde el anonimato.
Con Víctor Mercado ocurre algo semejante. Cada semana aparece una nueva versión para sacarlo de la contienda. Un día aseguran que es el aspirante más fuerte y al siguiente dicen que ya quedó fuera. La realidad es que continúa siendo senador de la República, conserva estructura, relaciones y presencia política. Nadie puede eliminarlo únicamente mediante rumores, aunque también deberá demostrar que su fuerza política se puede convertir en votos dentro de Cuernavaca.
El diputado federal Juan Ángel Flores Bustamante viene de un doble periodo como presidente municipal de Jojutla, donde hizo una labor extraordinaria.
Luis Machuca, quien viene del área de Bienestar y fue diputado local por Movimiento Ciudadano, ahora en Morena también ha sido golpeado constantemente. Su paso por esa dependencia le permitió mantener contacto con distintos sectores sociales, pero precisamente esa cercanía lo ha colocado en medio de la disputa. Como los demás, tendrá que demostrar que su presencia no depende solamente de un cargo, sino de un verdadero trabajo territorial.
No basta con poseer trayectoria: para gobernar la capital se necesita conocer sus pueblos, colonias, barrancas, mercados, problemas y profundas desigualdades.
Javier Bolaños también aparece entre los aspirantes. Durante algún tiempo se dijo que era el candidato de la gobernadora, pero esa versión parece perder fuerza. Su pasado panista y su incorporación al proyecto de Morena generan resistencias. La cercanía con el poder puede ayudar, pero también puede convertirse en una carga cuando no existe aceptación entre las bases.
Morena necesita resolver pronto su candidatura y hacerlo mediante reglas claras. Si permite que continúe este golpeteo corriente, llegará dividido frente a un PAN organizado y un Movimiento Ciudadano que trabaja desde ahora. Una encuesta puede elegir candidato, pero no necesariamente puede cerrar las heridas provocadas por meses de ataques.
Cuernavaca necesita algo más que un candidato con dinero, propaganda o relaciones políticas. Necesita a una persona de Cuernavaca, que conozca la ciudad, que la quiera y que esté dispuesta a defenderla. Durante demasiado tiempo han llegado personajes interesados únicamente en descubrir cuánto pueden obtener de ella.
Nuestra capital tiene una historia profunda. Desde la época mesoamericana fue considerada un lugar especial, como lo recuerda su antigua toponimia y esa vírgula azul que representa a Cuernavaca como una ciudad histórica, mágica y sagrada, que no puede continuar siendo vista como un botín.
Los cuernavacenses no estamos de acuerdo en que nos sigan explotando. Después del futbolista y el lobo, solo falta que se lleven el Palacio a su casa.
La pregunta, entonces, no debe ser solamente quién puede ganar, que es fundamental, sino quién merece gobernarla. Cuernavaca necesita a alguien que la arrope, la respete y le devuelva la dignidad que ha perdido. ¿No cree usted?
Felicidades a Amigos de la Música por el éxito de la gala del pasado jueves: calidad y una extraordinaria reunión.
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