VerDeLimón | Angelitos de Lunas

Verde Limón
Verde Limón

Cuando le hablo a mi ángel puedo sen­tir su paz y mil cer­te­zas. Todas boni­tas. El espí­ritu des­cansa del insu­fri­ble ego que me con­dena a rei­ni­ciar todos los días la obra de mi vida.

Mi ángel lo sabe con esa pacien­cia de espí­ritu viejo que ha de dis­ci­pli­nar a un niño terco.

Hoy es uno de esos días lle­nos del sig­ni­fi­cado amo­roso de miles de recuer­dos com­par­ti­dos con mis seres ama­dos, y en el ambiente vibra un man­tra de gra­ti­tud envuelto en el azahar de los limo­ne­ros.

Enso­ña­ción pro­pi­cia para abra­zar la noche y abrir el dia­rio de las con­ver­sa­cio­nes con el ángel que retoza en la luna, antes de enfren­tar el desam­paro de los sue­ños.

I

Que­rido Angel estoy muy can­sado y me voy a la cama, te encargo que la madru­gada siga así, her­mosa, apa­sio­nada. No dejes que se vaya.

Gra­cias por un día justo. Por el amor que todos los días me llega y el que yo puedo corres­pon­der. Gra­cias por cui­darme. Hasta mañana.

II

Voy a dor­mir.

Ange­lito her­moso, sé que hace calor pero no abras la ven­tana por­que se me esca­pan los sue­ños. Gra­cias por un gran día.

III

Ange­lito, ya me voy a dor­mir. Regá­lame una noche a pierna suelta y un domingo feliz. Son deseos sim­ples y fáci­les de cum­plir; tú pue­des. Gra­cias por sal­varme del olvido y lle­nar de pasión mis venas; por la ins­pi­ra­ción crea­dora y la son­risa de la gente que amo. Hasta mañana.

IV

Amado vigía me voy a dor­mir. Cada día des­ci­fro una nueva clave; sé que todas las que me ofre­ces me ser­vi­rán para tras­cen­der mi peque­ñez...y hoy quiero entre­garme a la incons­cien­cia, tran­quilo de haber vis­lum­brado aque­lla her­mosa ener­gía que alguna vez tuve.

Gra­cias por estar ahí. Gra­cias por la pasión y el pecado, por la mise­ri­cor­dia y el ins­tinto, el humor y la poe­sía. Gra­cias por el amor y la melan­co­lía. Hasta mañana.

V

Angel amado, ya me duermo. Hoy fue un día largo, pro­duc­tivo y gene­roso. Y aun­que tro­pecé acepto que es así como se reco­noce el camino.

Gra­cias por la lec­ción de humil­dad, la venda que se cayó con el tras­pié y el inva­lo­ra­ble cariño de los ami­gos. Gra­cias por la madru­gada y su poción rela­jante. Gra­cias por el des­va­río, la lec­ción apren­dida y la volun­tad que se afe­rra a inten­tar nue­vos comien­zos. Hasta mañana.

VI

Ange­lito de mi guarda que velas mien­tras duermo, te pido ins­pi­ra­ción para mi sueño y des­canso para mi alma. Gra­cias por la cena y el vino, la com­pa­ñía y la charla. Gra­cias por la madru­gada y el romance con las ideas. Gra­cias por la pasión que siem­pre encuen­tra el camino.

Gra­cias por el tra­bajo, la ener­gía que llega siem­pre a tiempo, la luz de los ami­gos y el diván de Freud. Si lo ves, salú­da­melo. Hasta mañana.

VII

Ange­lito ya me voy a dor­mir. Bueno, al menos voy a inten­tarlo pues el calor está en su punto. Dichoso tú que no te coci­nas en estos fue­gos.

A mi resu­men sema­nal, y sus his­to­rias en tinta roja, agrego el dato de un día de cla­ros­cu­ros; afec­tos, des­pre­cios, eva­sión y cinismo...

Aún así la fe en las per­so­nas sigue viva y obli­gada a reno­varse. Gra­cias por el ins­tinto, las ideas, las ocu­rren­cias y la poe­sía. Nos vemos.

VIII

Mi buen ángel, me voy. Mi día tuvo sus dosis de infierno y el calor no ayuda mucho, pero tam­bién un halo de ter­nura se vol­vió mi som­bra... soy muy afor­tu­nado. Apago mis ojos y enciendo el espí­ritu para via­jar por esos mares de intui­ción e ino­cen­cia. Dame suerte.

Guíame por la noche eterna, per­mí­teme encon­trar la ins­pi­ra­ción y las pala­bras que pro­duz­can sor­ti­le­gios; renueva mi alma y mi espe­ranza. Gra­cias por las litur­gias del amor, las mira­das ado­ra­bles, el vino en la piel, el abrazo pro­tec­tor, el aliento dulce y los asien­tos tra­se­ros. Gra­cias por la ele­gan­cia, el sabor dife­rente, los olo­res que se que­dan en el cuerpo, las tra­ve­su­ras de los dedos, los susu­rros al oído. Gra­cias por los ami­gos que per­do­nan, los ciclos que se abren, las bocas que se cie­rran, el pacto con el tiempo, la poe­sía y el ero­tismo.

IX

Angel de buena madera, me retiro a mis apo­sen­tos. Hoy el niño de nues­tro ayer des­pertó y se divir­tió mucho. ¡Qué her­moso cha­maco nos habita!

Y aun­que mis polos se des­com­pen­san radi­cal­mente, lo cierto es que soy muy feliz con las reve­la­cio­nes de ese apren­diz de hom­bre y que­ru­bín. Por lo tanto, y para estar a tono con su ale­gría inma­cu­lada y su mirada éxta­sica, agra­dezco el fiat de las pala­bras y la magia del alfa­beto; la sonata 6 de Paga­nini y el mambo número 8; gra­cias por los núme­ros que nos dan for­tuna y espe­ranza; los cho­co­la­tes en forma de pezón; el sexo epis­to­lar, las con­fi­den­cias que her­ma­nan el alma, y la carre­tera que no va a nin­guna parte. Gra­cias por los días de pelo largo; el pecado que acerca al paraíso y los mus­los que crean la paz del mundo. Gra­cias por la dis­tan­cia, los hom­bres bue­nos y los cone­jos de mago.

Gra­cias por el niño que libera mi ins­tinto; los decá­lo­gos de mujer, el agua fría de los cas­tos, y las decla­ra­cio­nes de amor. Hasta mañana.

X

Angel de mis madru­ga­das me apago por unas horas. Y como estoy muy can­sado paso directo a los agra­de­ci­mien­tos, si no te parece mal...

Gra­cias por la inge­nui­dad, el can­dor y la rebel­día que lle­gan en dosis tan embria­gan­tes. Gra­cias por la buena charla, los nue­vos vinos y la amis­tad que siem­pre des­cu­bre cami­nos. Gra­cias por la luna, el pan de otras lati­tu­des, los ojos hones­tos y el abrazo de her­mano. Ya me voy.

XI

Ange­lito: he regre­sado. ¿Qué dijiste?: "éste pobre no se ha dado cuenta que anda sin alma". Y alguna razón ten­drías, pero ya me desa­ta­ru­gué; así que hoy resin­cro­ni­za­mos nues­tros pro­pó­si­tos vita­les, sue­ños, espe­ran­zas y tur­nos para ir al baño. Tam­bién la pre­sión de nues­tras san­gres. Me voy a dor­mir y quiero ima­gi­nar que el dese­qui­li­brio de mis horas idas fue un mal sueño. Esta opor­tu­ni­dad no la voy a per­der, ya verás... Gra­cias por la neu­ro­sis, el ritmo de la san­gre, el valor para reco­no­cer mi cobar­día y las litur­gias del amor. Gra­cias por los fos­fe­nos, el yoga, los pan­gra­mas y los palín­dro­mos. Gra­cias por tu pacien­cia.

XII

Mi buen alte­rego: me des­pido. Me aviento un cla­vado al reino de los dis­pa­ra­tes y sue­ños inal­can­za­bles. Hazte a un lado no te vaya a sal­pi­car.

Gra­cias por la llu­via que es cóm­plice de Eros y savia de la tie­rra; la que­ren­cia de los cuer­pos húme­dos, y los pac­tos secre­tos del amor. Gra­cias por la atrac­ción que no nece­sita pre­tex­tos; el valor que se nutre de sí mismo y las ansias que hacen vir­tuosa el alma. Gra­cias por la voz que altera eco­sis­te­mas; el ero­tismo "que quita el pecado del mundo", y los gemi­dos que son de karaoke. Gra­cias por la seda oscura; los vien­tres ben­di­tos y las prin­ce­sas que no pier­den el encanto. Gra­cias por la res­pi­ra­ción en el oído; la fe de quien se entrega feliz y el tiempo que se detiene para armo­ni­zar los lati­dos; gra­cias por las cari­cias, la inmor­ta­li­dad de mis genes, la son­risa de mis hijos y el pan com­par­tido.

Gra­cias por la ino­cen­cia de Chi­car­cas y su her­mosa com­pli­ci­dad de padre; gra­cias por la pasión de su vio­lín que hizo mágica mi infan­cia; gra­cias por mi madre y su con­sejo de nunca ser pie­dra de tro­piezo. Gra­cias por mis her­ma­nos y su legado de ter­nura; su picar­día, amor y ense­ñanza; gra­cias por las ideas, los vinos y pla­ce­res que ven­drán.