Sabrá Dios qué cosa es lo que realmente provoca este furor que invade las calles y trae tan contenta a la gente. El fut nos ha acostumbrado más a las penas que a las alegrías y hay una clara desproporción entre los históricos triunfos futboleros de nuestra Selección, su actualidad y la voluntad de fiesta, por lo tanto los datos parecen sugerir que el futbol no es la causa del carnaval mexicano... ¿Pero y si sí?
Después de ver el maravilloso papel de Cabo Verde en este mundial y su despedida ante Argentina, como que el sentido común deja de tener peso al constatar que algo en el imaginario colectivo se mueve con vitalidad y saca a la gente a las calles a celebrar esa buena voluntad de los héroes dignos que se mueren en la raya. Ese algo se hace grande y diluye la noción de lo estadístico para instalarse, felizmente, en el puro pensamiento mágico ya como alud que arrasa, ya como alegría que se contagia... el movimiento es espontáneo.
El Mundial es una pausa para la cotidianidad y excusa perfecta para oxigenar el espacio y desaturarlo de las malas vibras de esos que sólo medran de la patria. Este tiempo es de picardía, creatividad y celebración con el sello de la esplendorosa cultura mexicana entre los hermanos de a pie, los que ya andan buscando cómo trolear al icónico gallito inglés y darle una sopa de su propio chocolate.
Sin querer desacreditar al pensamiento mágico (que siempre construye lindos relatos), esta vez los datos avalan a México en el Mundial. Y si algún amargado por ahí dice que se vale soñar, faltaba más, ni modo que haya que pedir permiso para eso.
Hoy tal vez haya que considerar que haber ganado los cuatro juegos, estar invicto y no haber recibido gol, le dan al 'Tri' un protagonismo distinto al de otros torneos, y lo mejor es que la posibilidad de avanzar a otra fase a costa de Inglaterra esta vez tiene un sustento verdadero. Ya se verá, pero si tal cosa ocurre, para celebrarlo a la moda podríamos gritar ¡Yes!
Te quiero en mi paraíso es decir que en mi país la gente viva feliz aunque no tenga permiso". Mario Benedetti / 'Mucho más que dos' Me dan mucha ternura todos los memes que le hacen a Gilberto Mora, me dan ganas de abrazarlo, jaja. @_Melani_G (usuaria de X)
Mi Mexico
Un suave aleteo me halaga de Tampico a Matamoros. ¿Águilas, palomas, loros? El duende campero indaga. Cardón, huizache, biznaga ve mi horizonte primero, el pájaro carpintero es sonido matinal, en este vuelo auroral, México, cuánto te quiero.
En el vasto jojobal de Nuevo León a Chihuahua, en el giro de la enagua que refleja el matorral. En el seto, el tecorral, cómplices del tlachiquero, en el cálido brasero de tepehuanes y pimas, en los barrancos y cimas, México, cuánto te quiero.
En las veredas del puma, del berrendo montaraz, de Tijuana hasta La Paz, donde hay viento, arena, bruma. En las olas con su espuma, que juegan con el barquero, en la luz del pebetero donde resurge tu gloria, en la huella de la historia, México, cuánto te quiero.
En Cuetzalan, Teocaltiche, el Nayar, Tixtla, Zempoala, en Centla, Cuautla, Tlaxcala, en las vueltas del trapiche. En el bocol, en el cuiche y el aroma del romero, en el canto del jilguero, el cenzontle y la torcaza, en el color de mi raza, México, cuánto te quiero. De Escárcega a Mazapil mi pensamiento te borda, en toda la Sierra Gorda con Jalpan en el carril. Con el pame, el guachichil, que tienen vigor de acero, en el brillo del lucero testigo de esta alabanza, en el vaivén de la danza, México, cuánto te quiero.
En cada fértil semilla, herencia de los abuelos, en recovecos y cielos de la rosa de castilla. En el agua de huapilla que convida el alfarero, en las manos del obrero que construyen esperanzas, en aguas bravas y mansas, México, cuánto te quiero.
En el petob de la abuela, la manta, el barro, el huipil, bajo la luz del candil que nuestro rostro revela. En el café con canela que conforta al guitarrero, en la magia del yerbero, que cura las asperezas, en el morral de sorpresas, México, cuánto te quiero.
En Aztlán, Tamtoc, Tajín, Bonampak y Monte Albán, en Tula, Teotihuacán, Tzintzuntzan y Tizimín. En la marimba, el violín, en el arpa y el pandero, bajo el ala del sombrero que distingue al labrador, en sus gotas de sudor, México, cuánto te quiero.
En el maizal que detona como el maná del cristiano, en la fe del hortelano que su retoño pregona. En todo aquello que abona fortaleza en el sendero, en el pilón mitotero que me brinda un dulce guiño, con el corazón de niño, México, cuánto te quiero.
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