SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN
José Limón
(Con admiración para Arleth, cuya sensibilidad crea mundos donde la inocencia es posible).
Es común asumir que con los años uno va comprendiendo mejor las cosas, y en general es cierto, salvo que hay algunas que de tan obvias y visibles dejan de ser motivo de curiosidad, lo cual no significa que se comprendan. El asunto patrio es uno de ellos.
La innegable emoción del grito y las ceremonias de evocación a la lucha de independencia, aún las más austeras, siempre mueven emociones que, ahora lo veo, luchamos por reprimir (lo observo en los demás, pero sobre todo lo reconozco en mí). Como que nos da pena dejar fluir ese grito liberador o la lágrima honesta del orgullo que reverbera volcánicamente desde la sangre.
Hoy, con mis muchos años, reflexiono sobre el tema e invariablemente me atoro en lo que no es, o, por ser más preciso, acudo por reflejo a lo que he leído y me gusta pero me aleja del propósito de descifrar mi propia idea sobre el amor patrio.
Busco soluciones laterales en algunas maneras de expresar otro tipo de amores y pienso en Amado Nervo y su AMADA INMÓVIL, que era llena de gracia como el Ave María, o el éxtasis de Santa Teresa en su oración: “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”, que tiene otra tesitura y un enigma implícito que medianamente se resuelve en el amor expresado por Jesús y la ansiedad por estar ante su presencia. Teresa entiende que desear morir es pecado y el pecado la aleja de Cristo, por eso se acurruca en la sentencia de Cicerón: filosofar es aprender a morir.
Como la exploración se pone medio densa renuncio a ese camino y pienso en algo más cercano a los pulsos patrios de los poetas y su manera de enunciar el anhelo de libertad. Te quiero en mi paraíso / es decir que en mi país / la gente viva feliz / aunque no tenga permiso, dice don Mario Benedetti y me parece muy bonito amén de acertado en estos tiempos que corren y que recuerdan las heridas todavía abiertas que han dejado las dictaduras.
Pero mi expresión preferida sobre la patria la escribió José Emilio Pacheco en su poema “Alta Traición”. Él traza una ruta muy honesta por la que se puede llegar a un punto de encuentro distinto.
Y como un acicate, el poema me hizo pensar en que los sentimientos que definen el amor a la patria han de ser, por principio, los del amor a la vida y el disfrute de sus sabores. Lejos de los relatos cursis de los grandes manoseadores de la historia, prefiero ver la patria en el prójimo y su amor por superar las dificultades del día. Heroísmo revestido de dignidad.
Me gusta pensar en la generosidad de los artistas que con pasión nos enseñan los alcances de la libertad; una nota alegra un corazón y puede hacer cantar a un país; un poema enseña la utopía que nace de la estética; un trazo embellece el mundo y nos recuerda que el arte es de todos; un artesano concilia la creación con los saberes ancestrales y lo hace con alegría y devoción.
Me gusta reconocer el esfuerzo cotidiano de madres y padres que proveen y educan, que inculcan valores y se sacrifican en aras de forjar buenos seres humanos.
Pienso en los abuelos que aportan amor, paciencia y sabiduría en un tiempo frenético que da poco espacio al consuelo ante la adversidad ingenua de lluvias y vientos, o bordan la fantasía que se comparte en los cuentos para dormir.
Honro el tesón de los campesinos que le entregan a la tierra sus esperanzas y comparten el fruto nacido entre la huella de sal de sus ancestros, la buena voluntad de su corazón y la sabiduría que dialoga con el temporal y construye con él pactos de vida.
Bendigo la paciencia de los maestros y la sensatez del alumno que decide trascender en la lección de cada día. Aplaudo la labor de aquellos que sirven con pasión a los demás y que honrando su labor honran el sentido de su vida y la virtud de la sociedad.
En algún momento de la reflexión llega a mí un recuerdo reciente que valoro como revelación y me sirve mucho más que la idea de definir algo que seguramente me excede.
Un niño de unos tres años pasa con su mamá junto a una bandera mexicana colgada de una ventana, la jala de la mano para señalársela y decirle en su lengua balbuceante pero dulcemente festiva: Mira, mami: ¡viva México!
Y en la emoción espontánea de ese niño eufórico dejo ir mi necesidad de explicaciones.
Quizá el amor a la patria es sobre todo una expresión de inocencia.
ALTA TRAICIÓN
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
—y tres o cuatro ríos.
José Emilio Pacheco
VERDE LIMÓN
“Todas las tormentas vienen a enseñarnos algo, lo importante es tener la sabiduría de resguardarnos de ellas tomados de la mano de Dios y dejar que el aprendizaje nos deje una enseñanza de vida. Con todo mi cariño esperando que las tormentas se lleven todo aquello que no nos deja florecer.”
Arleth Irina Galicia Cortés
Artista visual
SABIDURÍA
JESÚS LAZCANO SAMPIERI
Cortesía
Había una vez un consejo que mi madre repetía constantemente: “Si ganas diez pesos, paga tus deudas y servicios, compra la comida, reinvierte algo... y lo que sobre, lo ahorras”. Aquellas palabras, dichas cada vez que le caía algún centavo, se convirtieron en una especie de ley no escrita en nuestra casa.
Y para que el consejo no se quedara solo en el aire, ella compró una alcancía con forma de balón de básquetbol. Eran los años noventa, cuando Michael Jordan y los Chicago Bulls llenaban de magia las pantallas y de color las calles. El balón de yeso, azul, rojo y blanco, no vivía a la vista de todos. A veces se guardaba detrás del anaquel de la tiendita de abarrotes que teníamos; otras, se escondía en algún rincón que solo ella conocía.
Cada día, con una solemnidad casi ritual, mi madre lo “alimentaba” con alguna moneda o billete. Prefería guardarlo antes que ceder a la tentación de gastarlo en una chuchería. Yo, que entonces era apenas un niño, a veces repelaba. Quería comprar algo que no necesitaba. Ella, sin alzar la voz, solo decía: “Nunca sabes cuándo ese ahorradito te va a sacar de un apuro”. Y cuánta razón tenía.
Gracias a lo poco o mucho que el balón iba acumulando, pagábamos la renta o la luz de la tienda. Ella lograba girar algo de dinero a mis hermanos que estudiaban en la universidad. Y cuando el abasto se terminaba antes de tiempo, el balón también ayudaba a surtir los anaqueles.
Hoy, más de treinta años después, ese mismo balón sigue escondido en algún lugar de la casa de mi madre. No está siempre lleno, pero sigue cumpliendo su promesa silenciosa: estar ahí cuando hace falta.
Yo ya no tengo una alcancía con forma de balón. Sin embargo, el consejo de aquella mujer sabia sigue vivo en mí. Cada vez que puedo, guardo un poco. No para enriquecer, sino para no tener que pedir prestado ni fiado cuando llegue el apuro. Porque, al final, el verdadero valor de aquel balón no estaba en el dinero que guardaba, sino en la lección que me enseñó a guardar.
TEMPLANZA
ARLETH IRINA GALICIA CORTÉS
Cortesía
Desde hace más de un año he tenido días en que me he sentido muy mal, dolor en articulaciones, ronchas que duelen, inflamación y cansancio infinito, todo junto o por separado, y después de ir con varios especialistas, gracias a Dios ya sé mi diagnóstico, tengo Lupus y hoy más que nunca lo que más amo hacer, que es pintar, a veces me cuesta tanto, porque hay días que ni para eso tengo energías, así que hoy definitivamente este mensaje me llena el alma porque es un privilegio disfrutar hacer lo que más amo aunque termine muy cansada, pero muy feliz!!!
EL GUSTO
El gusto es el sentimiento
que no entiende de disfraces
es fragancia de alcatraces
que se esparce por el viento,
nos envuelve en el aliento
de ayer, de hoy, del mañana,
en la senda se engalana
trazando giros y líneas,
sin necesidad de alquimias
el gusto se nos desgrana.
El gusto se nos desgrana
cuando se cobija el son
y el tic-tac del corazón
es un ding dong de campana,
este taller nos ufana,
nos penetra, nos encalla,
en el espacio es vitualla,
contentamiento y euforia,
es como estar en la gloria
donde en fragancias estalla.
Donde en fragancias estalla
sea de día, sea de noche,
con él hacemos derroche
nuestro semblante lo entalla,
aquí y dondequiera se halla
girando en el estribillo
con su tono más sencillo
se mete en cada rincón,
y nos deja el aluvión
del huapango con su brillo.
ARTURO CASTILLO TRISTÁN
Cortesía
LA ROCA REAL
YO SOY,
AVE UNÁNIME,
FÉMINA NUEVA...
¡YO SOY
LA ERA CORAL!
(PALÍNDROMO)
PALÍNDROMOS
Es rana, meará para emanarse.
La musa repuso: Ni un ego dañado, genuino, supera su mal.
¿Es su oral ley el Larousse?
Amar a la yerba es luz azul... se abre ya la rama.
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