Las nubes pasan vacías tristes, apesadumbradas, igual ubres diseñadas, para todas las sequías. Flotan indolentes, frías, como sufriendo su altura y abajo, la agricultura parda, gris, carta sin sello, del sol soporta el destello con amarga quemadura.
La lluvia sigue escondida sin fuerzas para llorar, con un silencio nuclear sin vaticinio de vida. La tierra está percudida por la nostalgia que encierra, grita la voz de la tierra desde cada rajadura, y el cielo seco en su altura no tiene ni paz ni guerra.
Enfermas las plantaciones padecen de cefalalgia, y en medio de su nostalgia sólo hay piedras, no plantones. Goteando los cascarones sin pichones hacia abajo, roto el columpio del gajo porque las últimas aves emigraron como naves o rodaron al cascajo.
Se ven las parcelas grises sin semillas que las llenen y de milagro sostienen su equilibrio las raíces.
Hay una escasez de frutos macros en la tierra herida, como si al sol de la vida le robaran los minutos. Se ven árboles enjutos custodiando las laderas, se han podrido las manceras se ennegrecen los bateyes, y el silencio de los bueyes contamina las praderas.
Las gargantas de los ríos sufren sus reconditeces y el almacén de los peces tiene rincones vacíos. La piel de los lomeríos se arrugan de soledad y la palma sin edad ha dejado de ser palma, como una foto en el alma del campo en la soledad.
En fin que todo se acaba, y por los atardeceres, hombres, niños y mujeres cuentan historias esclavas. De distancia se le agrava el latido a la nación, y en el último eslabón de una cadena en la puerta, Cuba es una risa muerta en el jardín de un ciclón.
Un niño frente al canal alza la fruta de un pez y disfruta en su niñez la refracción del cristal. Del canal, filo de sal, cortando a trozos el cielo y con el sol de su pelo ilumina las mejillas frescas de las dos orillas y se va con el anzuelo.
El pez va colgado de él echaal jolongo su vara de pescar, luego se para, hace un manojo el cordel. De pescar, se agarra del brazo del padre al lado, mira al padre entusiasmado, observa al pez nuevamente y en su aventura se siente juego del pez que ha pescado.
En el agua el éter pinta con el pincelde un celaje y el nacarado oleaje luce una imagen distinta. Se le derrama la tinta a la ebúrnea ingravidez se alarga el canal y es como si el mar estirara un brazo y le reclamara al niñoel fruto del pez.
Entre las reconditeces del agua que se amalgama mueve una fuente de escama el silencio de los peces. Los astros se vuelven jueces del tribunal de las olas y en tímidas barcarolas las sirenas tropicales entran a los litorales con diademas en las colas.
LA BASURA
Entre olvido y abandono, todo falta, todo merma, la capital está enferma como planta sin abono. Hasta la capa de ozono padece, contaminada, el agua muere estancada y la población en grumo, se intoxica con el humo de la basura quemada.
Nadie responde o pregunta, pues nos duele hasta el esófago, sólo observando el sarcófago de la capital difunta. El miedo nos descoyunta hasta el último detalle, estamos como en un valle de lágrimas, sin saber, qué más se puede perder si hay más basura que calle.
El carro de la basura va de ronda por la Habana, una vez a la semana porque eso a nadie le apura. Se perdió la infraestructura de la civilización, jamás ninguna prisión nos reprimió hasta los gestos, siempre con miedo y expuestos a la contaminación.
DÍA DE PESCA
De las sustancias podridas hay géneros de abundancias, si oralmente las sustancias son sustancias homicidas. Las calzadas y avenidas se prolongan solitarias, de noche son temerarias, mientras los parques aislados, son como los congelados patios de las funerarias.
Gozan las alcantarillas del mejor estancamiento, y columnas sin cemento se ven a noventa millas. Los puentes sueltan astillas cuando un ciclón se presenta, pero nadie se da cuenta que hay ceniza en el abismo, y la feria luce el mismo traje de la cenicienta.
El último basurero desde la calle primera, existe como si fuera propio del sepulturero. Cuando cae el aguacero el residuo sale a flote y ya con el agua al trote nos da la impresión que avanza, por un lado Sancho Panza y por el otro el Quijote.
En rojas prosopopeyas cuando las tinieblas rajan a veces de noche bajan a bañarse las estrellas. Los asteroides con ellas bajan a bañarse igual mientras la lunaeventual como una virgen difunta también se mete de punta en el cofre del canal.
Queda el canal solitario en un espasmodeolvido por ese pez que se ha ido de aquel paternal balneario. ¡Oh! líquido diccionario con las hojas al revés, se muere el día de vejez en un andén de azafrán y se van, se van, se van el padre, el niño y el pez.
CABAÑUELAS
Antes que la primavera el mes de marzo reviente, el campesino presiente la lluvia en la sementera. La nube es la regadera que le hidrogena el plantío y cuando el cielo vacío exprime el último tanque, se acciona el motor de arranque de la turbina del río.
El campesino le sabe los secretos al terreno, por la ronquera del trueno como de un enfermo grave. Deja que el agua le lave los poros a las parcelas, pues por las cabañuelas y la descondensación, el campo huele a barzón, yuca, maíz y abichuelas.
Serena la luna llena reclama su ingeniería, e imaginaria, se guía, por lo que el tiempo le ordena. El aire fresco oxigena la naturaleza pura y el agricultor procura con el germen que le siembra, hacer de la tierra una hembra hinchada por la cintura.
SILENCIO
Qué silencio tan profundo con el llanto a grandes voces, hoy Cuba, quiero reposes tu dolor, medio segundo. Siendo tan inmenso el mundo por qué un lugar tan estrecho, como si te hubieran hecho Cuba, para padecer hasta desaparecer con una espada en el pecho.
Los niños y los ancianos van enfermos de tristeza, mientras el hambre bosteza en sus temblorosas manos. Qué pobres seres humanos muertos de necesidad, los niños lloran su edad, los ancianos sus bostezos, como si vivieran presos de espaldas a la verdad.
El niño que va a la escuela qué cosa puede aprender, mal vestido y sin comer pero no hay a quien le duela. Qué linda flota la tela de la estrella nacional, mas, la pobreza moral, cuántas nostalgias inspira, y la cruz de la mentira es de luto funeral.
Desde por la madrugada va el anciano a la bodega, a ver si un mendrugo llega y al final no llega nada. Con dolor en la mirada se desgaja de impotencia y el niño con su inocencia vuelve también sin comida, porque el fiscal de la vida lo tiene de penitencia.
La casa del General no carece de agua y luz, mientras un pueblo en la cruz del olvido, sufre el mal. Qué delito criminal el pueblo habrá cometido, y un fogón semiencendido atiza la última brasa, razón por la que en la casa la familia no ha comido.
Cuando llega la corriente y se va al medio minuto, es para aumentar el luto en el alma de la gente. No hay petróleo suficiente de órdenes generativos, se amontonan los archivos donde casi nada existe, y la ciudad es un triste cementerio de hombres vivos.
