1.No debería de ser, pero es. Desgraciadamente, el reconocimiento de los Derechos de la Mujer (y los Derechos Humanos, en general), es muy reciente. De ahí que no podamos hablar de la historia de la mujer en el arte, si no entendemos que el lugar que ocupamos como entes sociales ha requerido un largo trayecto que incluye muchas injusticias. Sangre, sudor y lágrimas se siguen invirtiendo por lograr un trato digno en una sociedad patriarcal y machista, pero por lo menos hoy estamos más conscientes de a dónde queremos llegar y qué mundo les queremos legar a nuestros hijos.

Se dice que este año será el de las voces femeninas, claro está, después de la infodemia generada por la crisis sanitaria que nos ha traído la pandemia COVID. Sabemos también que siendo el 8 de marzo una fecha señalada en el calendario como el “Día Internacional de la Mujer”, la fecha se aprovechará políticamente para cumplir con una serie de actos cívicos y políticos sin mayor trascendencia. Habremos de discriminar publicaciones, en pos de quedarnos con las mejores reflexiones. Pero por favor, vayamos más allá de lo políticamente correcto.

2.
En lo particular, cuando pienso en el papel de la mujer en la Historia del Arte, me sucede lo que a mis colegas; pensamos en que el tema hay que dividirlo claramente en dos. Una cosa es que aparezcamos como género, representadas -frecuentemente cosificadas a partir de la mirada masculina desde tiempos inmemoriales en las obras artísticas-, y otra muy diferente que como creadoras exista una mínima paridad en los libros de Historia del Arte y entre los autores cuyas obras se exhiben en los museos y galerías.

No es necesario repetir la historia de la famosísima pregunta de Linda Nochtlin aquí.  Sobre eso ya se ha escrito y dicho mucho. Lo importante es saber que el eco de sus palabras sigue reverberando entre los pendientes de la historia. Por supuesto que tampoco es necesario decir que el trabajo de las creadoras se cotiza más barato en el mercado que el de los varones. Eso ya se sabe, ¿verdad? Mónica Mayer, Lorena Wolffer, Karen Cordero, Dina Comisarenco y otras expertas en la historia del arte vinculada a los temas de género manejan las cifras al día y reflexiones importantísimas al respecto.

En nuestro estado, son expertas en el asunto las escritoras Elena de Hoyos y Ethel Krauze, la socióloga Patricia Lavín y la licenciada Susana Campos, además de quienes han sido titulares del Instituto de la Mujer.

3.
Participaré el día de mañana en una mesa redonda en la que se abordarán estos temas. Diré allí qué hay casos que vale la pena seguir recordando, porque sin la lucha solitaria de muchas mujeres que nos precedieron careceríamos de los indispensables asideros teóricos e ideológicos que nos sustentan.

A Virginia Woolf, que pedía el espacio vital para desarrollarse, la siguieron Frida Kahlo por aventurarse a compartir lo personal como tema de todas (siendo en resumidas cuentas un tema político también); Aurora Reyes, que fue la primera muralista mexicana y Rosario Castellanos, una estupenda escritora que se atrevió a tratar de resolver mediante su obra la incongruencia que implica ser consciente de los derechos de la mujer, al mismo tiempo que deseaba tener una relación de pareja satisfactoria, en un mundo patriarcal y machista.

4.
Hace unos 10 años, tuve el privilegio de montar la exposición “Maestras, Discípulas y Alegorías”, retratos de varias artistas re-creadas por la Maestra Inda Sáenz, en la Galería del Colegio Cristóbal Colón de Cuernavaca y más recientemente en el Colegio Cristóbal Colón de Cuautla.

En aquella época, tanto Inda Sáenz como yo, nos dimos a la tarea de dar visitas guiadas en las que hablábamos de la vida de cada una de ellas, quienes fueron ganándose su lugar en la Historia del Arte a base de aguantar vara. Artemisia Gentileschi y Susanne Valadon, pasando por Elizabeth Vigée Le-Brun, Katherine Kollwitz y otras, les mostraban a las alumnas y al público en general, que tanto las vejaciones sufridas por la italiana como la valentía de la francesa, pasando por la poca conocida historia de María Izquierdo -a la que sus colegas varones le impedían el paso, como le sucedió a Aurora Reyes- habían abierto brecha para nosotras.

Espero que tanto los jóvenes cadetes como los varones que vieron aquella muestra y este mes serán testigos de charlas, conferencias, entrevistas, manifestaciones y demás muestras públicas en torno a la violencia de género y los derechos de la mujer sean cada vez más empáticos con esta historia que no es sólo nuestra. Ya Chole con pensar que se trata de un asunto hormonal el que nos mueve. Rompamos el pacto. FIN.

Por María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com