1.En días pasados se dio a conocer el paquete presupuestal para el año que corre, y como sabemos, otra vez se dio un recortón al rubro cultura.

 No debiera sorprendernos, dado que es ya tradicional que se piense que todo lo que huele a arte es sinónimo de decoración; pero sucedió una vez más.

Qué mal nos ha hecho el mito del artista romántico, la fatal idea de que el amor al arte anima la vida de los creadores.

Eso ha generado el pensamiento, casi universal, de que los oficios creativos no son una profesión hecha y derecha.

Se conciben como un hobby.

Podría recordar aquí el caso de José Revueltas, quien ya siendo quien era, no pudo darle a su hijita el regalo de cumpleaños que pedía, por no tener un quinto.

En cambio, le dio un poema.

No en balde, uno de los temas recurrentes del escritor fue el dinero.

No es que fuera flojo, como a veces se piensa de los creadores.

Él, como la mayoría, buscó trabajo para hacerse de un presupuesto más regular, pero en el cine tampoco le pagaron.

¿Cuántas veces habrá pensado que su talento era una maldición?
Aquí en Cuernavaca platiqué en varias ocasiones con Arturo Bodenstedt, hijo de Rosaura Revueltas, hermana del escritor recién mencionado y de Silvestre y Fermín.

Salvo su madre, que vivió por Las Quintas en una cómoda casa, el músico y el pintor vivieron aquejados por la pobreza.

Se dice que saliendo del estreno de su obra “El renacuajo paseador”, en el Palacio de Bellas Artes, Silvestre le dio su abrigo a un pobre hombre en la calle, situación que le generó la pulmonía que lo llevó a la tumba.

¿Cuántas mudanzas por no pagar la renta? ¿Cuántos alimentos fiados? ¿Cuántas obras malbaratadas (que hoy generan cuantiosas ganancias a galeristas) han tenido que sufrir los artistas? Esto decía Silvestre Revueltas en 1932: “¿Por qué un artista, un creador, ha de sufrir hambres y míseras? Aquí descansa, entre nosotros, el secreto del fracaso de la cultura de México como pueblo.

Somos un país de descamisados y de zánganos.

Se desprecia al músico, al pintor, al poeta, por considerarlos como a los bufones que cabriolean en los banquetes de los burócratas.

Pero es que se les hace bufones por la fuerza del hambre.

Aunque muchos nos rebelemos, la rebeldía es la soledad, la soledad infecunda, el abandono, la miseria. ”
Y ni modo.

 No hay cómo hacerse a un lado.

Habrá maneras de pedir apoyo extra, habrá que acercarse a la iniciativa privada, ser más creativos con los pocos dineros, eficientar las labores del capital humano, reducir actividades, y sobre todo mantener el ánimo lo más positivo que se pueda.

Afortunadamente existe otro México y ese es el de los artistas, el del arte que mantiene su propia inercia, el del impulso creativo, el que hay que valorar, el del México que sigue vivo.

Esa es la postura que deberemos adoptar quienes queremos que este motor, que es la institución dedicada a promover la cultura, siga moviéndose.

2.En otro orden de ideas, se dio a conocer en días pasados, que el Diputado José Salvador Rosas Quintanilla (PAN) propuso a la Comisión Permanente del Congreso, adicionar el artículo 376 al Código Penal federal, a fin de crear marco jurídico para prevenir el hurto de bienes materiales clasificados como culturales, refiriéndose específicamente a pinturas, esculturas, textiles, joyería, etc., dado que después del comercio de las drogas y las armas, este rubro es el que mayormente genera ingresos ilegales.

El castigo estipulado sería de hasta 10 años de prisión y una cuantiosa multa.

Lo curioso es que se proponga legislación al respecto, cuando no se insiste en la creación de bases de datos que den cuenta del patrimonio material con el que contamos.

La nueva ley de cultura promulgada en 2017, menciona que debe haber un sistema de información sistematizado sobre el pormenor, pero por la ingente tarea que esto representa, se ve lejos el momento en el que al encender una computadora se pueda identificar el objeto que ha sido extraído con dolo, por un amante de lo ajeno.

Imagínese usted contar y fichar los santos de las iglesias, todas y cada una de las esculturas de las ciudades y pueblos, y registrarlas como se hace en los museos.

Es talacha mayor.

Yo, por ejemplo, solicité en varias ocasiones al municipio de Cuernavaca el listado de las esculturas de la ciudad, con sus fichas técnicas al día, y nunca se me proporcionó completa porque no existe.

Pero esa es una historia que habría de arreglarse algún día.

FIN.

Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com