A DONDE VA EL DINERO
En México se necesita un sistema bancario que de servicio a la población y no le este robando su dinero olvidándose del papel que debería tomar hacia los cuentahabientes y al público en general. El 99 por ciento de los bancos son extranjeros, pero trabajan con dinero y clientes mexicanos y de ellos emanan unas ganancias multimillonarias que van a llenar los blolsillos y la riqueza de otros países y que la gente, por más que reciban un trato de tercera categoría, siguen depositando el dinero en esos centros fiduciarios y pagando por un servicio que no reciben que los bancos están obligados a dar. Una pequeña muestra de lo que aquí se expone, son las trabas que todos los bancos le ponen al cliente para sacar su dinero ahí depositado. Por ejemplo, las Tarjetas de Crédito que se expiden, ya no tienen ni números ni claves al reverso y no se pueden usar en ninguna parte del País, de la localidad o del exterior, a menos que se haga en persona. Si se quiere comprar un boleto de avión para una fecha determinada, habrá que ir personalmente a adquirirlo al aeropuerto o en cualquier agencia de viajes, porque por teléfono ya no se puede comprar, ni con tarjeta de crédiro o de debito, porque se necesita por lo menos el número de cuenta. O sea que la compra tiene que ser en efecticvo, por tanto si el boleto a Estados Unidos cuesta 20 mil pesos de ida y vuelta, hay que llevarlos en efectivo y en forma personal pues de otra forma no es posible viajar. Llevando todo ese capital en el bolsillo son fácil presas de los ladrones.
Por lo anteriormente expuesto no se pueden adquirir bienes aprovechando el tiempo para pagar un artículo durante varios meses sin intereses, a menos que se ponga la garantía de un bien personal, como la hipoteca de una casa o de un aval.
Por otra parte, para sacar una cantidad mayor de la que elos permiten en sus cajeros se tiene que llevar la Credencial de Elector, y dos o tres identificaciones vigentes con fotografía o en caso de mayores de edad tambén su tarjeta INAPAM. No se admiten licencias de manejar, del IMSS o estudiantes con beca o maesrtos de escuela. La única forma de identificarse es la huella digital con la que se abrió su cuenta hacía veinte o treita años como si se tratara de un delincuente.
Al presentarse en un banco un señor contaba de su experiencia y decía: “Todavía no abrían el banco cuando yo llegue a formarme y vi espantado que muchos clientes hacian una larga cola, que parecía que estaban regalando dinero, pero me di cuenta que no los dejaban entrar porque cada uno traía sus quejas del servicio, de un dinero faltante o de las trabas que les ponían para sacar lo que ahí guardaban.”
“¿Y usted a que viene, porque ya están abiertos los cajeros automáticos y puede pasar, estamos formados para ver a uno de los funcionarios de los escritorios y están cinco personas antes que nosotros”, expresó una señora envuelta en su rebozo blanco con café.
Le hice la misma pregunta y dijo que había recibido el dinero que le daba López Obrador del bienestar y la jubilación de la Universidad; fui al cajero y sólo llegó el del bienestar, que es el único banco mexicano. El dinero del Seguro Social lo dan los días primeros y ya nos lo gastamos.
-Pero ese dinero sólo nos lo dan a los que tenemos de 60 años para arriba y a usted todavía no le toca.
HABLAR CON UN FUNCIONARIO.
La señora continuó preguntándome para qué quería hablar con un funcionario. Le conté que a mi esposa y a mi nos asaltaron quitándonos lo que traíamos: tarjetas de crédito, el reloj y a Soledad sus aretes de plata. Yo reporté las tarjetas de inmediato y pedí una reposición. La cajera tuvo la desfachatez de ofrecerme un seguro por lo pudiera pasar con mi tarjeta que ya había perdido. Enseñé el número de folio, me pidieron mi credencial de elector, me ordenó que pusiera la huella digital. “A mi edad ya no tengo huellas” y dijo que necesitaba traer tres identificaciones. Ya ni entré a ver al funcionario.
Fui por mi pasaporte recién conseguido, la identificación del INAPAM y una copia del INE. Me senté a esperar sin papel de turno, entré a su cubículo antes de que cambiara la pantalla y le conté rápidamente lo que me había pasado. Me dijo que él me iba a ayudar; mientras llegaba el joven de la puerta a quererme sacar y a una señal del funcionario me dejó en paz.
LAS QUEJAS DEL CLIENTE.
Comencé a quejarme de cómo me había tratado a la entrada y él sin hacerme caso siguió haciéndome preguntas de la huella, de mi INE. “¿Cuántas cuentas tiene con nosotros?, porque aquí sólo hay una y la titular es la señora Soledad quien tiene que venir a firmar.”
-Esa es la cuenta mancomunada. Ahí nos depositan lo del Bienestar y lo del Seguro Social. Sólo tenemos esa y si recibimos dinero de mis hijos ahí nos llega. Tenemos una chequera que vamos a regresar. Total que he perdido cuatro días sin poder sacar dinero y como verá, de eso sobrevivimos, le dije molesto.
“Esto se va a tardar poco más de una hora o sea que lo espero a las tres y media, porque cerramos a las cuatro”, concluyó el funcionario.
A las tres ya estaba yo ahí y me pasé directo hasta su escritorio; me dio los nuevos números del folio para que me entregara el cajero la nueva tarjeta y me empezó a contar lo mal que los trataban, no tenemos ni Seguro o prestación alguna y ni somos empleados del banco. Por eso siempre estamos de mal humor.
¿QUÉ HACEN CON NUESTRO DINERO?
“No me haga enojar joven, me da mi tarjeta o llamo a la policía”. Salió el funcionario y le dijo que me diera una tarjeta antes que se hiciera un escándalo frente a la gente. Los presentes estaban fastidiados y hasta insultaban a los funcionarios y a los cajeros.
“Denos el teléfono de sus patrones en Bilbao, pues en México sólo está el que les manda las ganancias de los bancos, que no es poco. Los pobres banqueros sólo reciben de México para que llegue a España, la pequeña cantidad de 20 mil 623 millones de pesos durante este año, que ha sido el peor de los años por la pandemia”, gritó un contador a mitad de la cola. Todos creyeron que era broma, pero el contador sacó su celular con la cifra del propio BBVA. Son unos ladrones, cobrando el 36 por ciento anual de comisión y en los préstamos el 107 por los retrasos, por eso esperamos que pronto se abran los Bancos del Bienestar, que ya llevan como cien de los tres mil prometidos, para no estar en las manos de estos delincuentes de cuello blanco.
Por: Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com
Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.