La tuna, fruto del nopal tunero, es mucho más que un deleite refrescante bajo el sol: ofrece numerosos beneficios para la salud y tiene una temporada de cultivo que depende del clima y la región del país.

Entre sus propiedades nutricionales destaca su alto contenido de agua, ideal para mantener la hidratación, además de electrolitos como potasio y magnesio que ayudan a reponer lo que se pierde con el calor. Su fibra soluble y pectina favorecen el tránsito intestinal, ayudan a regular el colesterol y moderan los niveles de azúcar en sangre, lo que la convierte en una aliada para la dieta —especialmente en personas con riesgo de diabetes tipo 2.

Además, es una excelente fuente de vitamina C y A, contribuyendo al sistema inmune y al cuidado de la visión; también posee antioxidantes como betalainas, que combaten el estrés oxidativo y pueden reducir riesgos de enfermedades crónicas.

En México, la temporada de cultivo de tuna se extiende aproximadamente de abril a noviembre, pero el periodo de mayor producción se concentra entre julio y septiembre, cuando el clima cálido y seco favorece la maduración de los frutos.

Estados como Zacatecas, Michoacán, el Estado de México y otros del Bajío tienen una producción particularmente abundante, haciendo que mercados y tianguis se llenen de tunas de varios colores: rojas, blancas, amarillas y moradas.

Consumir tuna mexicana durante su temporada no solo representa aprovechar mejor sus sabores y características físicas (como frescura y color) sino también apoyar la producción local y las comunidades agrícolas dedicadas al cultivo del nopal tunero.

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