Cuernavaca.- El robo de vehículos se ha consolidado como el delito que más castiga a los trabajadores del volante en la zona metropolitana. Según datos del gremio, el Nissan Tsuru GS es el objetivo principal de los delincuentes.
Se estima que al menos el 60 por ciento de las unidades de alquiler robadas corresponden a este modelo específico. La situación es crítica en municipios como Cuernavaca y Jiutepec, donde la inseguridad no da tregua.
El acecho de los falsos pasajeros
Alfredo Bello, líder transportista en la entidad, reveló que el gremio enfrenta momentos de alta tensión con el reporte de hasta cuatro taxis sustraídos en una sola jornada. El riesgo es constante para los operadores.
El método más común utilizado por los criminales es el engaño. Los delincuentes abordan las unidades simulando ser usuarios comunes para, minutos después, amagar al conductor y despojarlo tanto del vehículo como de sus pertenencias.
Tras el robo, los choferes suelen ser abandonados en puntos apartados, mientras que las unidades desaparecen rápidamente de la zona del asalto, lo que dificulta la reacción de las autoridades preventivas.
Cifras negras y justicia por propia mano
Un fenómeno que preocupa es la falta de denuncias formales ante la Fiscalía. Bello explicó que muchos casos no ingresan a las estadísticas oficiales debido a que los taxistas prefieren actuar de forma independiente.
En varios incidentes, son los mismos compañeros quienes realizan recorridos en colonias aledañas para localizar las unidades. Esta práctica, aunque efectiva en ocasiones, invisibiliza la magnitud real del problema ante el gobierno.
Los robos no discriminan zonas; ocurren incluso cerca de hospitales o módulos de seguridad, lo que incrementa la sensación de vulnerabilidad entre los hombres que dependen de este oficio para subsistir.
Impacto económico y turnos recortados
Debido al asedio delictivo, muchos operadores han optado por dejar de trabajar durante las noches. Prefieren sacrificar ingresos económicos antes que arriesgar la vida o su herramienta de trabajo en horarios de alta peligrosidad.
Además de la inseguridad, el hecho de que el Tsuru sea el más robado impacta directamente en los costos de los seguros. Las empresas consideran este modelo como de "alto riesgo", encareciendo las pólizas para los propietarios.
Pese al miedo, cientos de conductores continúan en las calles por necesidad económica, confiando únicamente en su instinto y en la comunicación interna entre grupos de WhatsApp para identificar posibles situaciones de riesgo.