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Hay fra­ses que no nece­si­tan nom­bre y ape­llido. ‘Nin­gún inte­rés per­so­nal puede estar jamás por encima de los inte­re­ses del pue­blo y de la Nación’, escri­bió la Pre­si­denta Clau­dia Shein­baum. Y, por si fal­taba cla­ri­dad, habló tam­bién de la ‘ambi­ción des­nuda del poder por el poder’. El men­saje cayó como balde de agua fría en Sina­loa y, aun­que la Pre­si­denta no men­cionó a nadie, el con­texto hizo que todos vol­teá­ra­mos a ver al mismo lugar.

La his­to­ria es cono­cida, pero vale la pena ponerla en orden por­que en polí­tica, cuando uno no cuenta los hechos, otros se encar­gan de relle­nar los hue­cos con rumo­res.

Rubén Rocha Moya había soli­ci­tado licen­cia al cargo de gober­na­dor y lle­vaba 112 días sepa­rado de sus fun­cio­nes. En ese tiempo, según sus pro­pios argu­men­tos, se puso a dis­po­si­ción de las auto­ri­da­des ante las inves­ti­ga­cio­nes rela­cio­na­das con los seña­la­mien­tos que pesan sobre su admi­nis­tra­ción. Con­cluyó que no exis­tían ele­men­tos para acre­di­tar una res­pon­sa­bi­li­dad penal en su con­tra y deci­dió regre­sar a la guber­na­tura.

Hasta ahí, uno podría decir: si con­si­deró que como ‘nada debía, pues nada temía’, enton­ces no tiene impe­di­mento para ejer­cer un cargo y pla­near su regreso.

El pequeño deta­lle —y aquí está el meo­llo del asunto— es que las inves­ti­ga­cio­nes no esta­ban cerra­das. La pro­pia Secre­ta­ría de Gober­na­ción señaló que las car­pe­tas con­ti­nua­ban abier­tas y que la deci­sión de regre­sar fue per­so­nal.

Enton­ces viene la pre­gunta incó­moda: ¿era nece­sa­rio regre­sar en ese momento?

No esta­mos diciendo que Rocha Moya sea cul­pa­ble. Una inves­ti­ga­ción no es una sen­ten­cia y nadie debe­ría ser con­de­nado en la plaza pública antes de que las auto­ri­da­des deter­mi­nen res­pon­sa­bi­li­da­des. El debido pro­ceso se llama así pre­ci­sa­mente por­que debe res­pe­tarse para todxs.

Pero tam­poco pode­mos caer en el extremo con­tra­rio: que estar sujeto a una inves­ti­ga­ción deje de tener cual­quier con­se­cuen­cia polí­tica o que el sim­ple hecho de per­te­ne­cer al mismo movi­miento obli­gue a cerrar filas sin hacer pre­gun­tas.

Por­que los car­gos públi­cos no son pro­pie­dad de quien los ocupa. Son una res­pon­sa­bi­li­dad tem­po­ral y, cuando existe una situa­ción que genera dudas razo­na­bles, la pru­den­cia tam­bién es una forma de gober­nar.

Lo más pecu­liar vino des­pués. Rocha Moya regresó a sus fun­cio­nes y ape­nas 34 horas des­pués vol­vió a soli­ci­tar licen­cia por tiempo inde­fi­nido. En polí­tica, 34 horas pue­den pare­cer una eter­ni­dad, pero tam­bién pue­den ser sufi­cien­tes para dejar cla­rí­simo que algo no estaba cami­nando como se espe­raba.

Aquí tam­bién hay que ponerle freno a la rumo­ro­lo­gía. Ya apa­re­cie­ron quie­nes quie­ren ven­der­nos la pelí­cula de una rup­tura entre Clau­dia Shein­baum y Andrés Manuel López Obra­dor, de una frac­tura den­tro de Morena y hasta del supuesto prin­ci­pio del fin de la Cuarta Trans­for­ma­ción.

¡Calma coita! Una cosa es que la Pre­si­denta haya mar­cado dis­tan­cia con una deci­sión que con­si­deró impru­dente y otra muy dis­tinta es inven­tar una rup­tura que no está sus­ten­tada en hechos.

De hecho, hay algo que sí merece reco­no­cerse: la Pre­si­denta Clau­dia Shein­baum no salió a defen­der una deci­sión sola­mente por­que quien la tomó per­te­nece al mismo movi­miento. Dijo que no estaba de acuerdo con el regreso de Rocha Moya y dejó claro que nin­gún inte­rés per­so­nal puede estar por encima del inte­rés público.

Eso no es nece­sa­ria­mente una rup­tura. Tam­bién puede ser algo mucho más sen­ci­llo y salu­da­ble: poner lími­tes.

La polí­tica mexi­cana nos acos­tum­bró durante déca­das a que ‘a los ami­gos, jus­ti­cia y gra­cia; a los ene­mi­gos, la ley a secas’, y cuando uno de los nues­tros se metía en pro­ble­mas, había que cerrar filas, encon­trar cul­pa­bles afuera y echarle tie­rra al asunto. La trans­for­ma­ción ten­dría que sig­ni­fi­car jus­ta­mente lo con­tra­rio: que nadie tenga patente de corso por mili­tar en un par­tido, por tener cer­ca­nía con un lide­razgo o por ocu­par un cargo público.

Rocha Moya ten­drá que res­pon­der ante las auto­ri­da­des por lo que corres­ponda y, mien­tras tanto, merece el mismo debido pro­ceso que cual­quier ciu­da­dano. Pero tam­bién debe enten­derse que la pru­den­cia polí­tica importa, espe­cial­mente cuando hay inves­ti­ga­cio­nes abier­tas y cuando una deci­sión per­so­nal puede ter­mi­nar gene­rando un pro­blema ins­ti­tu­cio­nal.

Al final, quizá las 34 horas de aque­lla guber­na­tura nos deja­ron una lec­ción bas­tante sen­ci­lla: el poder no es pro­pie­dad de nadie. Se presta, se ejerce y, cuando las cir­cuns­tan­cias lo exi­gen, tam­bién se debe saber cuándo hacerse a un lado.

No está de más decir que esto es a título per­so­nal.

Fuera de con­texto: Las redes socia­les tie­nen memo­ria de ele­fante: lo que publi­caste hace años, ahí se queda, aun­que hoy seas otra per­sona y hayas cam­biado de opi­nión. Uno puede refor­marse, madu­rar y hasta cam­biar de ideo­lo­gía par­ti­dista, pero publi­ca­ción dada, ni Dios la quita. Aplica para todas, todos y todes.

6x6: A lo mejor exa­ge­ra­mos si se habla de que esta­mos en una «nueva época dorada» de la lucha libre mexi­cana, pero sin duda vivi­mos un boom como no se veía en años.

El gran momento de AAA y el CMLL, sumado a las pla­ta­for­mas digi­ta­les y redes socia­les donde hoy pode­mos ver e inte­rac­tuar con nues­tros ído­los, hizo que la afi­ción se vol­viera a encen­der. Lo mejor es que eso ya se nota en More­los y cada vez hay más visi­tas de estre­llas de los encor­da­dos.

Este fin de semana se pre­senta el evento Lucha Libre pa’la Razza, en el que des­ta­can Ciber­né­tico, Chess­man y Puma King con­tra La Puer­quiza Extrema. El Ciber está lejos de su mejor época, pero aún es un imán de taqui­lla y genera inte­rés verlo frente a una de las fac­cio­nes inde­pen­dien­tes más polé­mi­cas.

El 5 de sep­tiem­bre, el talento de AAA regresa a Emi­liano Zapata. No es sor­presa, pues sus últi­mas pre­sen­ta­cio­nes en More­los han sido exi­ta­zos. Esta vez traen un car­tel muy com­pleto con Psy­cho Clown, Pagano, Mr. Iguana, La Parka, Daga, La Cata­lina, Lady Shani y Las Tóxi­cas.

Para el 15 de sep­tiem­bre, la Comi­sión More­lense de Lucha Libre y JJ Pro­duc­tions pla­nean dar el Grito en el Tea­tro Ocampo. Esta­rán lucha­do­res como Texano Jr., Niño Ham­bur­guesa, Mamba, Valen­tino, Wisin el Dog y Julissa Mexa. Será curioso ver cómo nues­tro his­tó­rico recinto se con­vierte en una arena de lucha libre por una noche.

No hay que dejar de lado a empre­sas loca­les como la Fra­ter­ni­dad de Damián el Sal­vaje, la Alianza Nacio­nal de Lucha Libre y Pro­mo­tora Gala, que lle­van tiempo tra­ba­jando duro y con mucha pasión para que la afi­ción siga dis­fru­tando de la magia del cos­ta­lazo.

Ojalá siga la ten­den­cia, para ver si pode­mos lle­nar, aun­que sea un poquito, el enorme vacío que tene­mos desde que cerró sus puer­tas la Arena Isa­bel.

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Sobre el autor

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Omar Arizmendi Hernández
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