A Título Personal: Morelos por la seguridad

Omar Arizmendi Hernández
A TITULO PERSONAL

En polí­tica existe una extraña cos­tum­bre: cuando se anun­cia una nueva estra­te­gia, de inme­diato apa­re­cen quie­nes inter­pre­tan que todo lo ante­rior fue un fra­caso. Como si gober­nar fuera apa­gar una máquina y encen­der otra. Como si la rea­li­dad fun­cio­nara con inte­rrup­to­res. Pero en mate­ria de segu­ri­dad las cosas sue­len ser bas­tante más com­ple­jas.

La pre­sen­ta­ción de More­los por la Segu­ri­dad parece ir jus­ta­mente en sen­tido con­tra­rio a esa lógica sim­plista. Lo que vimos no fue una rec­ti­fi­ca­ción deses­pe­rada ni un golpe de timón. Fue, más bien, el for­ta­le­ci­miento de una ruta que ya venía cami­nando y que ahora busca ace­le­rar el paso.

Por­que mien­tras algu­nos siguen atra­pa­dos en la dis­cu­sión polí­tica coti­diana, hay datos que mere­cen aten­ción. El más rele­vante quizá sea la reduc­ción de más del 62 por ciento en la tasa dia­ria de homi­ci­dios durante mayo en com­pa­ra­ción con el mismo periodo de 2024. Nadie con serie­dad puede afir­mar que un pro­blema tan com­plejo como la inse­gu­ri­dad está resuelto, pero tam­poco sería justo igno­rar los avan­ces que comien­zan a refle­jarse en las cifras.

Y es que la segu­ri­dad no es de dis­cur­sos ni de ocu­rren­cias de tem­po­rada. Es del dia­rio: Con tra­bajo de inte­li­gen­cia. Con pre­sen­cia terri­to­rial. Con coor­di­na­ción ins­ti­tu­cio­nal. Con deci­sio­nes que muchas veces no gene­ran reflec­to­res, pero sí resul­ta­dos.

Por eso resulta impor­tante enten­der el con­texto de este nuevo esfuerzo. Parece que More­los por la Segu­ri­dad no va a sus­ti­tuir sino a refor­zar, a meterle turbo: Más de cinco mil ele­men­tos des­ple­ga­dos en el terri­to­rio, ope­ra­ti­vos per­ma­nen­tes entre ins­ti­tu­cio­nes fede­ra­les y esta­ta­les, pre­sen­cia en zonas prio­ri­ta­rias y una coor­di­na­ción que se ha vuelto mucho más estre­cha con el Gobierno de México.

En esa ecua­ción ha sido fun­da­men­tal la rela­ción entre la gober­na­dora Mar­ga­rita Gon­zá­lez Sara­via y la pre­si­denta Clau­dia Shein­baum. La estra­te­gia esta­tal está ali­neada con la polí­tica nacio­nal de segu­ri­dad y eso se tra­duce en algo muy con­creto: mayor coor­di­na­ción entre ins­ti­tu­cio­nes, más inter­cam­bio de infor­ma­ción y una actua­ción con­junta frente a fenó­me­nos delic­ti­vos que desde hace mucho tiempo deja­ron de res­pe­tar lími­tes muni­ci­pa­les o esta­ta­les.

Ahí está tam­bién la Ope­ra­ción Enjam­bre como una mues­tra de que la lim­pieza ins­ti­tu­cio­nal forma parte de la estra­te­gia. Por­que com­ba­tir la delin­cuen­cia implica per­se­guir a quie­nes come­ten deli­tos, pero tam­bién cerrar cual­quier espa­cio de com­pli­ci­dad o pro­tec­ción que pudiera exis­tir desde las pro­pias estruc­tu­ras de gobierno. No hay cons­truc­ción de paz posi­ble sin ins­ti­tu­cio­nes fuer­tes y con­fia­bles.

Men­ción aparte merece el tra­bajo que dia­ria­mente rea­li­zan las Fuer­zas Arma­das, la Guar­dia Nacio­nal, la Marina, las cor­po­ra­cio­nes esta­ta­les y todas las ins­tan­cias que inte­gran la Mesa de Coor­di­na­ción para la Cons­truc­ción de Paz. En oca­sio­nes la ciu­da­da­nía sola­mente observa el resul­tado final de los ope­ra­ti­vos, pero detrás existe un esfuerzo per­ma­nente de inte­li­gen­cia, pla­nea­ción y segui­miento que rara vez ocupa los titu­la­res. Son deci­sio­nes que se están tomando a cada momento todos los días con el obje­tivo claro de bajar los índi­ces delic­ti­vos.

Otro aspecto inte­re­sante de esta nueva etapa es que no se limita al com­bate poli­cial. La apuesta incor­pora aten­ción a las cau­sas, pre­ven­ción, recu­pe­ra­ción de espa­cios y cer­ca­nía con la ciu­da­da­nía. Es decir, una visión que entiende que la segu­ri­dad no sola­mente es de patru­llas, sino tam­bién de abrir opor­tu­ni­da­des para los jóve­nes, con comu­ni­da­des orga­ni­za­das y con ins­ti­tu­cio­nes que gene­ren con­fianza.

Por supuesto, toda­vía hay mucho por hacer. Sería irres­pon­sa­ble afir­mar lo con­tra­rio. More­los sigue enfren­tando retos impor­tan­tes y nadie debe­ría caer en triun­fa­lis­mos anti­ci­pa­dos. Pero tam­poco se puede negar que existe una estra­te­gia defi­nida, indi­ca­do­res cla­ros y una coor­di­na­ción ins­ti­tu­cio­nal que hoy parece mucho más sólida que en años ante­rio­res.

Al final, la apuesta parece clara: no cam­biar de rumbo, sino refor­zarlo. No empe­zar de nuevo, sino pro­fun­di­zar lo que está fun­cio­nando. Por­que la segu­ri­dad no se cons­truye de un día para otro, pero sí puede for­ta­le­cerse cuando existe coor­di­na­ción, volun­tad polí­tica y una deci­sión firme de no aflo­jar el paso.

No está de más decir que esto es a título per­so­nal. Fuera de con­texto: Vale la pena reco­no­cer tam­bién el papel de la Secre­ta­ría de Gobierno. Sin estri­den­cias y lejos de los reflec­to­res, Edgar Mal­do­nado ha man­te­nido una pre­sen­cia cons­tante en las mesas de segu­ri­dad, ayu­dando a que la coor­di­na­ción entre depen­den­cias no se quede en el dis­curso y se tra­duzca en accio­nes con­cre­tas.

6x6: ¡Qué lucha nos rega­la­ron los Gran­des Ame­ri­ca­nos! Sin duda, una de las mejo­res que se han visto en México en los últi­mos años. Tras más de media hora de acción, drama y san­gre, el Ori­gi­nal Grande Ame­ri­cano fue derro­tado y tuvo que des­po­jarse de su más­cara, reve­lán­dose como Chad Gable, oriundo de Min­nea­po­lis y con 13 años de tra­yec­to­ria como lucha­dor… aun­que eso ya lo sabía­mos.

Chad hizo irre­le­vante que de ante­mano cono­cié­ra­mos su ros­tro y su tra­yec­to­ria, por­que dio una autén­tica clase de rudeza y de cómo con­ver­tirse en un anta­go­nista odioso, marru­llero y bar­ba­ján. Encarnó tan bien a su per­so­naje que su ser­vi­dor ter­minó apo­yán­dolo con efu­si­vi­dad, a pesar de que ini­cial­mente (como casi todos) res­pal­daba al Ame­ri­cano téc­nico. Bien dicen que un héroe es tan grande como su villano y, para for­tuna de la fana­ti­cada, el Ori­gi­nal fue uno gigan­tesco. Ojalá regrese a México para con­ver­tirse en un inva­sor de época, digno de los tiem­pos de Eddie Gue­rrero y Love Machine.

Que los crí­ti­cos puris­tas digan lo que quie­ran de AAA y de su pro­gra­ma­dor, Mark Calla­way (el Under­ta­ker para los cua­tes), el tipo se empapó de la lucha mexi­cana, enten­dió lo que nos gusta y cocinó a fuego lento una riva­li­dad que alcanzó su punto más álgido en esta lucha de apues­tas, como debe­ría suce­der siem­pre.

Esto fue un recor­da­to­rio para pro­mo­to­res y empre­sas: las gran­des luchas de apues­tas se cons­tru­yen con riva­li­da­des que madu­ran con el tiempo, no con rule­tas de la muerte ni for­ma­tos impro­vi­sa­dos y cha­fas donde no existe calor entre quie­nes arries­gan la incóg­nita. Ese es el camino para crear his­to­rias memo­ra­bles como la de Chad Gable, quien se ganó el res­peto del mundo del pan­cra­cio y nos recordó que la rudeza es gran­deza.

¡Salu­dos!

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.