Las primeras horas del domingo 28 de septiembre se tiñeron de tragedia en Grand Blanc, Michigan, cuando un tiroteo seguido de un incendio se registró en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Varias personas resultaron heridas y el agresor fue abatido por las autoridades, quienes aseguraron que actualmente no existe amenaza para la población.
El incidente, ocurrido a unos 80 kilómetros al norte de Detroit, provocó pánico entre los feligreses y vecinos de la zona. Imágenes y videos del ataque comenzaron a circular en redes sociales, mostrando el caos y la desesperación en el lugar.
La policía de Grand Blanc informó que la iglesia estaba en llamas y pidió a la comunidad mantenerse alejada de la zona. Hasta el momento, las autoridades no han divulgado detalles sobre el estado de las víctimas.
La iglesia, rodeada por un amplio estacionamiento y césped, se encuentra cerca de áreas residenciales y otra iglesia en la comunidad de aproximadamente 8 mil habitantes, ubicada a las afueras de Flint.
El FBI y la ATF confirmaron que agentes se dirigen al lugar para apoyar en la investigación. En redes sociales, la fiscal general Pamela Bondi calificó el ataque como “horrible” y llamó a rezar por la comunidad afectada.
Por su parte, la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, expresó su solidaridad con los vecinos de Grand Blanc: “La violencia en cualquier lugar, especialmente en un lugar de culto, es inaceptable”, dijo en un comunicado.
El tiroteo ocurrió apenas un día después del fallecimiento de Russell M. Nelson, presidente más longevo en la historia de la iglesia mormona, a los 101 años. Se espera que Dallin H. Oaks asuma el liderazgo de la congregación, de acuerdo con el protocolo interno de la institución.
