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Tercero Interesado: La autonomía no exime de la rendición de cuentas

TERCERO INTERESADO

La auto­no­mía de las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas es una con­quista demo­crá­tica. Su pro­pó­sito es esta­ble­cer ámbi­tos de deci­sión que deben man­te­nerse al mar­gen de las ins­truc­cio­nes e inte­re­ses de quie­nes ejer­cen el poder. Sin embargo, esa inde­pen­den­cia no sig­ni­fica ausen­cia de con­tro­les, mucho menos una auto­ri­za­ción para actuar sin asu­mir res­pon­sa­bi­li­da­des. Por el con­tra­rio, cuanto mayor es la auto­no­mía de una ins­ti­tu­ción, mayor debe ser tam­bién su com­pro­miso con la trans­pa­ren­cia, la lega­li­dad y la ren­di­ción de cuen­tas.

Esta dis­cu­sión que adquiere rele­van­cia al obser­var lo ocu­rrido en el Ins­ti­tuto Nacio­nal Elec­to­ral. Las inves­ti­ga­cio­nes sobre pre­sun­tas irre­gu­la­ri­da­des en con­tra­ta­cio­nes, con­flic­tos de inte­rés y manejo de recur­sos públi­cos han colo­cado a la auto­ri­dad elec­to­ral bajo un escru­ti­nio que tras­ciende a las per­so­nas invo­lu­cra­das. Se trata de escla­re­cer res­pon­sa­bi­li­da­des y plan­tear una pre­gunta: ¿cómo se pro­tege la auto­no­mía de una ins­ti­tu­ción sin con­ver­tirla en un espa­cio ajeno a la fis­ca­li­za­ción? En este con­texto, es útil revi­sar el con­cepto de accoun­ta­bi­lity hori­zon­tal, desa­rro­llado por el poli­tó­logo Gui­llermo O’Don­nell, que alude a la exis­ten­cia de agen­cias esta­ta­les con auto­ri­dad legal y capa­ci­dad para con­tro­lar, pre­ve­nir o san­cio­nar actos u omi­sio­nes ile­ga­les de otras ins­ti­tu­cio­nes del Estado. Su plan­tea­miento parte de una pre­misa fun­da­men­tal: el poder público nece­sita lími­tes efec­ti­vos, incluso cuando se encuen­tra depo­si­tado en orga­nis­mos cons­ti­tu­cio­nal­mente autó­no­mos. La ren­di­ción de cuen­tas no es una con­ce­sión de quie­nes gobier­nan, sino una con­di­ción para evi­tar el ejer­ci­cio arbi­tra­rio de las atri­bu­cio­nes públi­cas.

Uno de los aspec­tos más deli­ca­dos de las inves­ti­ga­cio­nes tiene que ver con la pro­duc­ción de mate­ria­les y pape­le­ría elec­to­ral. De acuerdo con lo expuesto por el titu­lar del Órgano Interno de Con­trol del INE ante la Cámara de Dipu­ta­dos, cinco empre­sas pre­sun­ta­mente vin­cu­la­das entre sí han con­cen­trado con­tra­tos no solo en el INE, sino tam­bién en 27 orga­nis­mos elec­to­ra­les loca­les. Las inda­ga­to­rias apun­tan a posi­bles prác­ti­cas de simu­la­ción de com­pe­ten­cia y colu­sión en los pro­ce­di­mien­tos de con­tra­ta­ción que habrían dis­tor­sio­nado el mer­cado, com­pro­me­tiendo la trans­pa­ren­cia y poniendo en entre­di­cho el manejo de recur­sos des­ti­na­dos a orga­ni­zar elec­cio­nes.

A esta dis­cu­sión se suma la par­ti­ci­pa­ción de Talle­res Grá­fi­cos de México, pres­ti­giado orga­nismo público des­cen­tra­li­zado sec­to­ri­zado a la Secre­ta­ría de Gober­na­ción, que desde hace años cola­bora con el INE en la impre­sión de insu­mos elec­to­ra­les. La pro­puesta del Gobierno Fede­ral de ampliar su par­ti­ci­pa­ción con el pro­pó­sito de con­ver­tirlo en el prin­ci­pal pro­duc­tor de mate­ria­les para las elec­cio­nes abre una dis­cu­sión que tras­ciende los cos­tos y la efi­cien­cia. Si bien for­ta­le­cer una empresa pública y revi­sar los meca­nis­mos de con­tra­ta­ción puede con­tri­buir a corre­gir prác­ti­cas inde­bi­das, tam­bién es indis­pen­sa­ble pre­ser­var la facul­tad del INE para deci­dir, con cri­te­rios téc­ni­cos y pro­ce­di­mien­tos pro­pios, quién pro­duce los mate­ria­les que requiere. La trans­pa­ren­cia de un orga­nismo pro­vee­dor no sus­ti­tuye la inde­pen­den­cia de la auto­ri­dad que lo con­trata. En una mate­ria donde la cer­teza es indis­pen­sa­ble, las garan­tías deben abar­car tanto la pro­duc­ción como las deci­sio­nes ins­ti­tu­cio­na­les que la hacen posi­ble.

La pro­xi­mi­dad de las elec­cio­nes de 2027 obliga a revi­sar las con­di­cio­nes nece­sa­rias para orga­ni­zar comi­cios con­fia­bles, con reglas y pro­ce­di­mien­tos ade­cua­dos, con­tra­ta­cio­nes trans­pa­ren­tes, com­pe­ten­cia efec­tiva entre pro­vee­do­res y meca­nis­mos de pro­duc­ción, vigi­lan­cia y res­guardo que no dejen espa­cio a inter­fe­ren­cias. Tam­bién exige que cual­quier modi­fi­ca­ción en la estruc­tura de pro­duc­ción de los mate­ria­les y la pape­le­ría elec­to­ral se sus­tente en cri­te­rios veri­fi­ca­bles y res­pete las facul­ta­des de la auto­ri­dad elec­to­ral. La legi­ti­mi­dad del INE no depende de que nadie cues­tione su desem­peño, sino de que pueda res­pon­der a los cues­tio­na­mien­tos con infor­ma­ción y resul­ta­dos veri­fi­ca­bles.

Al final, una ins­ti­tu­ción que no rinde cuen­tas debi­lita su pro­pia legi­ti­mi­dad, mien­tras que una ins­ti­tu­ción some­tida al poder pierde la razón de su auto­no­mía. El desa­fío con­siste en pre­ser­var ambas con­di­cio­nes. La inde­pen­den­cia sin res­pon­sa­bi­li­dad puede con­ver­tirse en arbi­tra­rie­dad, mien­tras que el con­trol sin inde­pen­den­cia puede deri­var en subor­di­na­ción. Nin­guna de las dos for­ta­lece la demo­cra­cia. La auto­no­mía pro­tege a las ins­ti­tu­cio­nes del poder, pero la ren­di­ción de cuen­tas las pro­tege de sí mis­mas.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Carlos Tercero
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