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Tercero Interesado: La arquitectura del futuro nacional

TERCERO INTERESADO

El futuro inme­diato del país des­cansa en tres estruc­tu­ras fun­da­men­ta­les: la eco­nó­mica, la polí­tica y la jurí­dica. En estos tres pila­res debe fijarse la aten­ción y redo­blar esfuer­zos para que las y los mexi­ca­nos poda­mos tran­si­tar hacia un mejor esce­na­rio en el corto plazo, par­ti­cu­lar­mente hacia 2027 y de 2030 en ade­lante. No son com­par­ti­men­tos inde­pen­dien­tes, sino com­po­nen­tes de una misma rea­li­dad nacio­nal, pues la esta­bi­li­dad eco­nó­mica nece­sita cer­ti­dum­bre polí­tica, la polí­tica requiere ins­ti­tu­cio­nes con­fia­bles y el Estado de dere­cho es indis­pen­sa­ble para gene­rar con­fianza y atraer inver­sión.

Uno de los pri­me­ros pun­tos de infle­xión será el pro­ceso elec­to­ral de 2027, cuya pre­pa­ra­ción for­mal comen­zará el pró­ximo 10 de sep­tiem­bre. Se reno­va­rán 500 dipu­ta­cio­nes fede­ra­les y, de manera con­cu­rrente, habrá elec­cio­nes loca­les en las 32 enti­da­des, con cerca de 20 mil car­gos de elec­ción popu­lar en dis­puta. Será una prueba para la demo­cra­cia, pero no bas­tará con cum­plir los prin­ci­pios y pro­ce­di­mien­tos esta­ble­ci­dos por el INE. Será indis­pen­sa­ble que quie­nes resul­ten elec­tos lle­guen a los car­gos con legi­ti­mi­dad, sol­ven­cia ética y capa­ci­dad para gober­nar. La cali­dad de la repre­sen­ta­ción polí­tica tiene con­se­cuen­cias sobre la con­fianza ciu­da­dana, pero tam­bién sobre la per­cep­ción inter­na­cio­nal de México y, par­ti­cu­lar­mente, sobre la rela­ción con Esta­dos Uni­dos.

En este con­texto adquiere espe­cial rele­van­cia la adver­ten­cia de la pre­si­denta nacio­nal de Morena, Ariadna Mon­tiel, quien ase­guró que el par­tido no acep­tará como can­di­da­tos a quie­nes ten­gan vín­cu­los incon­fe­sa­bles, cuen­tas pen­dien­tes o malos ante­ce­den­tes, incluso si ganan una encuesta interna. El momento de la decla­ra­ción, cuando comienza a defi­nirse la ruta de las can­di­da­tu­ras de 2027, es sig­ni­fi­ca­tivo. Ganar una encuesta no puede ser sufi­ciente para deter­mi­nar quién debe repre­sen­tar a un par­tido y, mucho menos, quién debe tener acceso al poder público. La legi­ti­mi­dad elec­to­ral comienza antes de las urnas, con la selec­ción de per­fi­les capa­ces de acre­di­tar tra­yec­to­ria, pro­bi­dad y com­pro­miso con la lega­li­dad.

La coo­pe­ra­ción en mate­ria de segu­ri­dad, comer­cio e inver­sión depende tam­bién de la con­fianza que México sea capaz de gene­rar como Estado, rubro en el que se han regis­trado avan­ces que sería equi­vo­cado igno­rar. Omar Gar­cía Har­fuch ha sido una figura cen­tral en esta estra­te­gia y sus resul­ta­dos han for­ta­le­cido la inter­lo­cu­ción inter­na­cio­nal de México en mate­ria de segu­ri­dad. El reto, sin embargo, es que esos avan­ces tras­cien­dan a una per­sona y se con­vier­tan en capa­ci­da­des per­ma­nen­tes del Estado. La segu­ri­dad no puede depen­der de for­ta­le­zas indi­vi­dua­les, sino de ins­ti­tu­cio­nes efi­ca­ces, coor­di­na­ción, inte­li­gen­cia, inves­ti­ga­ción y apli­ca­ción de la ley.

El otro gran punto de infle­xión estará en el Poder Judi­cial, par­ti­cu­lar­mente ante la dis­puta ade­lan­tada por la pre­si­den­cia de la Suprema Corte de Jus­ti­cia de la Nación. Más allá de nom­bres y de inte­re­ses polí­ti­cos, la deci­sión ten­drá impli­ca­cio­nes jurí­di­cas, eco­nó­mi­cas e ins­ti­tu­cio­na­les. México no puede darse el lujo de dete­rio­rar la con­fianza de los inver­sio­nis­tas ni de debi­li­tar la segu­ri­dad jurí­dica por deci­sio­nes que pri­vi­le­gien cuo­tas polí­ti­cas sobre el inte­rés nacio­nal. Nada peor podría ocu­rrir que una pér­dida de con­fianza que redu­jera las cali­fi­ca­cio­nes de riesgo, fre­nara inver­sio­nes o pro­vo­cara una salida de capi­ta­les. En una eco­no­mía inte­grada al mundo, la sobe­ra­nía no con­siste en igno­rar esas con­se­cuen­cias, sino en tomar deci­sio­nes nacio­na­les con plena con­cien­cia de sus efec­tos.

Polí­tica, jus­ti­cia y eco­no­mía for­man, así, una misma estruc­tura. Una deci­sión polí­tica puede for­ta­le­cer o debi­li­tar la eco­no­mía; una ins­ti­tu­ción jurí­dica puede gene­rar con­fianza o incer­ti­dum­bre; y una elec­ción puede con­so­li­dar o dete­rio­rar la legi­ti­mi­dad demo­crá­tica. Por ello, ciu­da­da­nos y gobier­nos debe­mos ante­po­ner el inte­rés colec­tivo a la con­ve­nien­cia inme­diata.

México nece­sita gran­des idea­les, no dog­mas; cono­ci­miento, no igno­ran­cia ni impro­vi­sa­ción; ins­ti­tu­cio­nes sóli­das, no deci­sio­nes coyun­tu­ra­les y, por encima de todo, un legí­timo amor a la patria, no “sober­bia­nía” dis­fra­zada de sobe­ra­nía. Sobre estos prin­ci­pios debe­mos cons­truir y pre­ser­var el futuro nacio­nal para que, en este Mes Patrio y por siem­pre, ¡VIVA MÉXICO¡

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

TERCERO INTERESADO
Carlos Tercero
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