Desde tierras canadienses, en pleno encuentro del G7, la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sacó una carta que sorprendió a propios y extraños: propuso organizar una Cumbre Mundial por el Bienestar Económico. Ni más ni menos. Una jugada que, lejos de ser mero discurso, apunta a algo que el mundo ya anda necesitando: una sacudida ética y solidaria en medio de tantas broncas globales. Porque, seamos francos, mientras unos pocos países acaparan riquezas y decisiones, otros se las ven negras nomás para garantizar salud, comida y paz para su gente.
Sheinbaum planteó esta cumbre como un espacio donde no solo estén los grandes del G7, sino también la CELAC y otros países que, aunque no siempre están en la mesa grande, tienen mucho que decir y aportar. Una propuesta que recoge el espíritu de Juárez —‘el respeto al derecho ajeno es la paz’— y lo pone en clave global. La idea, dicho en corto, es construir un entorno donde la cooperación internacional sea regla y no excepción, donde el comercio sea justo y donde la paz se sostenga con base en la justicia económica y no solo en tratados que se firman y se olvidan.
Y sí, aunque suene ambicioso, tiene sentido. Vivimos en un mundo donde la interdependencia ya no es novedad. Lo que pasa en un país, aunque esté del otro lado del charco, nos termina afectando a todos. Una crisis económica, un conflicto bélico o una emergencia climática no respetan fronteras. Por eso, proponer una cumbre que priorice el bienestar por encima del lucro desmedido no es ingenuidad; es visión de largo alcance.
La Presidenta también aprovechó para mandar un mensaje claro sobre los migrantes, especialmente los mexicanos que viven en Estados Unidos. Sin rodeos, dijo que son trabajadores cumplidos, respetuosos de la ley y que no merecen ser discriminados, sino reconocidos. Ahí se vio una postura firme, que combina dignidad con diplomacia. Nada de agachar la cabeza, pero tampoco de confrontar por confrontar.
Ahora bien, no todo es miel sobre hojuelas. Esta propuesta, aunque valiente, enfrenta retos de a montón. No es fácil sentar a tantos países con agendas tan distintas, mucho menos lograr acuerdos que vayan más allá de las buenas intenciones. La clave está en no dejar que esta cumbre se quede en promesa bonita o en discurso de temporada. Si realmente se quiere hacer historia, habrá que trabajarle duro, construir puentes, tejer alianzas y, sobre todo, dar resultados.
Lo que sí es cierto es que México está tomando un papel más activo en la conversación global. Ya no se queda en la banca viendo cómo se reparten las cartas. Con esta propuesta, Sheinbaum se sube al ring con una iniciativa que, si se concreta, puede cambiar el tono de los debates internacionales. Porque hablar de bienestar, de cooperación y de paz con justicia no solo es políticamente correcto, es necesario.
Esto es un llamado a cambiar las reglas del juego, a poner la dignidad humana por delante de los intereses financieros, a recordar que la política internacional también puede tener rostro humano. Y si bien el camino es largo y pedregoso, al menos alguien ya tuvo el valor de poner la primera piedra. Ahora falta que los demás no se hagan los sordos... y que se sumen con ganas.
No está de más decir que esto es a título personal.
6x6: Rápida y contundente respuesta del CMLL a AAA. Una Arena México pletórica recibió un gran evento en conjunto con las estrellas de la AEW. Cambios de campeonato, luchas de calidad y emotivos momentos como Adam ‘Hangman’ Page lanzando un mensaje de solidaridad a México frente a la persecución que sufren nuestros paisanos en EUA. Pero indudablemente uno de los más icónicos momentos de la lucha libre mexicana en tiempos recientes fue la entrada del Místico quien puso a vibrar al Coloso de la Doctores mientras entonaban a todo ‘Me muero’ de la Quinta Estación, canción que no usaba desde hace más de una década. Un momento que nos recuerda por que el Príncipe de Plata y Oro es la última gran estrella (ahora convertida en leyenda) de la lucha libre nacional.
¡Saludos!
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