Morelos está de manteles largos y no es para menos: después de años de lucha y gestión, por fin se nos hizo justicia mezcalera. Gracias al buen oficio político y la visión estratégica de la gobernadora Margarita González Saravia, 23 municipios del estado fueron incluidos en la Denominación de Origen del Mezcal, un logro histórico que pone al Estado en el mapa nacional e internacional del destilado más sabroso y sabio del País.
Y es que cuando se habla de mezcal, no se habla solo de una bebida. Se habla de cultura, de identidad, de tierra, de trabajo, de sol y de tiempo. El mezcal no se hace al aventón: se cuece lento, como las buenas decisiones. Y justo eso fue lo que hizo la Gobernadora: cocinó una gestión a fuego lento, bien estructurada, con todos los ingredientes que exige una causa justa y necesaria. Tocó puertas, alineó voluntades, y como quien no quiere la cosa, tejió fino hasta lograr que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial reconociera lo que en Morelos ya sabíamos: que nuestro mezcal tiene calidad, sabor y tradición para presumirle al mundo.
Pero no se trata solo de orgullo local (que también vale y mucho), sino de lo que esto significa en términos prácticos. La DOM abre las puertas a un sinfín de oportunidades económicas y productivas: los agaveros morelenses podrán acceder a nuevos mercados, recibir mejores precios por su producto y formalizar su actividad bajo un sello de calidad reconocido internacionalmente. Se espera, además, un impulso importante al turismo rural y de experiencia, que cada vez cobra más fuerza en México. Porque, seamos honestos, ¿a quién no le gustaría recorrer una ruta mezcalera entre los paisajes morelenses, con su respectiva probadita y charla con el maestro mezcalero?
Por si fuera poco, esta declaratoria también es un guiño al campo morelense, que tanto lo necesita. Impulsar el cultivo de agave, hacerlo de forma sustentable y con respeto a los saberes locales, puede generar empleos dignos, fomentar el arraigo rural y detonar cadenas productivas en beneficio de comunidades enteras. En otras palabras: el mezcal no solo emborracha (con moderación, claro), también puede sacar a flote a muchas familias.
Y ahí está lo meritorio del asunto: que la Gobernadora no se conformó con administrar lo que había, sino que fue por más. Porque lograr una Denominación de Origen no es cosa menor: implica cumplir requisitos técnicos, históricos, geográficos y legales. Es, en pocas palabras, convencer al País de que tu tierra merece ese sello de autenticidad. Y Margarita González Saravia lo consiguió con diplomacia, visión y, sobre todo, con una convicción clara de que el desarrollo debe venir desde lo local y para lo local.
Así que celebremos, pero también comprometámonos. Esta victoria no es punto final, sino punto de partida. Ahora toca proteger la denominación, capacitar a productores, invertir en innovación sin perder la tradición, y asegurar que el mezcal de Morelos siga siendo lo que siempre ha sido: una bebida con alma, orgullo y mucha dignidad.
No está de más decir que esto es a título personal.
6x6: Esta semana se celebró el Día Mundial de la Diversidad Sexual, y es un tema que no pasa de largo en la lucha libre. Hablo, por supuesto, de los luchadores exóticos.
Irrumpieron en los cuadriláteros a mediados del siglo XX como personajes que contrastaban con los estereotipos del luchador rudo y viril. Ahora son piedra angular del pancracio nacional y es difícil entender su historia moderna sin figuras tan icónicas como Pimpinela Escarlata, Polvo de Estrellas o Cassandro, este último todo un símbolo de empoderamiento para la comunidad LGBTIQ+.
La incursión de estos estetas ha abierto brechas en una cultura muchas veces conservadora y machista y lleva al público a replantear sus prejuicios, visibilizando identidades marginadas y mostrando que el espectáculo también puede ser un espacio de inclusión.
¡Saludos!
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