El 5 de febrero no es cualquier fecha. No es solo día de puente -que ya ni es, porqué ahora es el primer lunes de febrero- ni pretexto para irse de pinta de la escuela aprovechando los honores que se llevan a cabo. Es el día en que recordamos que este País decidió ser precursor en el tema de leyes y puso orden. Por eso, cada año y desde Querétaro, se realiza la conmemoración del aniversario de nuestra Carta Magna, y en esta ocasión la Presidenta Claudia Sheinbaum puso el dedo en un tema que a veces tratamos como si fuera accesorio: la soberanía. Dijo algo que retumbó: ‘México no se doblega, no se arrodilla, no se vende’. Y más allá de la frase —que claro, está hecha para repetirse— el fondo del mensaje fue otro: este País se gobierna desde aquí, no desde Washington, ni desde ningún otro lado. Y ahí es donde el asunto se pone interesante. Porque una cosa es criticar al gobierno —eso es sano, necesario y democrático— y otra muy distinta es andar casi celebrando que desde Estados Unidos nos ‘pongan orden’. Esa narrativa de ‘a ver si vienen y arreglan esto’ es peligrosísima. No solo es ingenua, es profundamente contradictoria con lo que somos como nación. La soberanía no significa aislarnos del mundo ni pelearnos con nuestros socios comerciales. México y Estados Unidos están condenados a entenderse. Compartimos frontera, econoLas opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos. mía y millones de familias, pero entenderse no es lo mismo que someterse. Hay quienes, por enojo o frustración, compran la idea de que una intervención externa sería la solución mágica a nuestros problemas. Como si la historia no nos hubiera enseñado nada. Como si cada presión arancelaria o cada amenaza política no tuviera detrás intereses propios. Ningún país poderoso interviene por buena onda, ahora sí que el interés tiene pies. Por eso el mensaje de la Presidenta, más allá de filias y fobias partidistas, tiene un punto que vale la pena respaldar: los problemas de México los resolvemos aquí. No podemos estar exigiendo soberanía en el discurso y pidiendo tutela en la práctica. Y ojo: defender la soberanía no es cerrar los ojos a lo que no funciona. No es decir que todo está perfecto. Es todo lo contrario. Es asumir que si algo está mal, nos toca corregirlo a nosotros. Que si la seguridad no alcanza, la exigencia es hacia nuestras autoridades. Que si la economía aprieta, la discusión es interna. Pero sin caer en el absurdo de aplaudir amenazas externas solo porque golpean al adversario político de turno. El discurso del 5 de febrero también recordó algo que a veces olvidamos: la Constitución no es un documento decorativo, es el marco que define que somos una República libre y soberana. Podemos tener diferencias ideológicas, podemos debatir reformas, podemos cuestionar decisiones del Ejecutivo —faltaba más—, pero hay un piso común que no deberíamos dinamitar por conveniencia política: la integridad del País. Porque cuando desde fuera se presiona, no preguntan si eres de Morena, del PAN, del PRI o apartidista. Presionan parejo y los efectos no distinguen credenciales electorales. Tal vez el mensaje más importante del discurso no fue la frase que se volvió titular, sino la invitación implícita a cerrar filas cuando se trata de la autonomía nacional. No cerrar filas con un partido, sino con México. Podemos discutir y estar en desacuerdo con muchas cosas . De hecho, debemos hacerlo. Pero la soberanía no es algo que se usa cuando conviene y se olvida cuando estorba. Es el principio básico de que este País decide su destino. Y si vamos a exigir un mejor México —que hay que hacerlo— que sea desde la responsabilidad de construirlo aquí, no desde la fantasía de que alguien más vendrá a arreglarlo, porue la patria es nuestra y eso, nos guste o no el gobierno en turno, sí debería ser innegociable. No está de más decir que esto es a título personal. Fuera de contexto: En Morelos están por arrancar los siete informes regionales que llevarán el Primer Informe de Gobierno directamente a municipios como Yecapixtla, Jojutla, Tepoztlán, Cuautla, Puente de Ixtla, Jantetelco y Cuernavaca. La apuesta que inició desde el día uno de su administración la Gobernadora Margarita González Saravia por recorrer el territorio y rendir cuentas cara a cara rompió con la vieja práctica de centralizar todo en la capital y, con los informes regionales, sigue refrendando su compromiso de mantener comunicación y coordinación permanente y directa con el pueblo. ¡Saludos!
