Dicen que hay personas que nacen con estrella y, sin duda, Don Juan Salgado Brito fue una de ellas. De esos políticos de antes, de los que ya no hay y probablemente ya no habrá. De los que entendían que la política no era un campo de batalla o para servirse, sino un espacio para servir, escuchar y conciliar. Porque si algo definía al Doctor, era su capacidad para desatorar cualquier conflicto social que se le pusiera enfrente. Nació para la política, así de sencillo. A Don Juan, la mayoría, sino es que todos, le decíamos ‘Doctor’; y le decíamos así, no por vanidad, sino porque lo que había detrás de ese título era trabajo, estudio y vocación. Era un hombre institucional y disciplinado, pero también profundamente humano. Tenía el don de la palabra, una oratoria impecable y una memoria prodigiosa: saludaba a todos por su nombre, sin importar si era un prominente político, un comerciante o un campesino. Para él todos eran iguales. Quienes lo conocieron saben que el Doctor siempre tenía una frase o anécdota precisa para cada momento. Era estricto, sí, pero con un sentido del humor fantástico. Decía, por ejemplo: ‘En política los golpes duelen más porque no te caes de donde estás, sino de donde crees que andas’. O aquella que soltaba con una carcajada cuando se despedía de ti: ‘Que te vaya bien… en todo lo que no me perjudique’. Y cuando te veía frustrado porqué las cosas no te salían, solía repetir con una gran calma: ‘La política es la ciencia de la paciencia, la constancia y las circunstancias’. Así era el Doctor: un hombre de inteligencia aguda y enorme sensibilidad social. Defensor de la justicia y de las causas más justas, siempre dispuesto a tender la mano a quien lo necesitara. Tenía la rara virtud de ser autoridad sin imponerse y de ejercer el poder sin perder la sencillez. Amaba profundamente Morelos y, sobre todo, Temimilcingo, su tierra natal. Fue un gran hijo, hermano, tío, esposo y padre. Un hombre completo, en toda la extensión de la palabra. Solía decir también que en la oratoria había tres máximas: ‘Pararse derecho para que todos te vean, hablar fuerte y claro para que todos te escuchen, y callarse pronto… para que todos te aplaudan’. Hoy, el Doctor se ha quedado callado, ya no habrá ese apretón de manos, ni el abrazo efusivo que siempre daba al verte. Pero su silencio no es ausencia: es legado. Porque hay vacíos que nadie puede llenar, y este es uno de ellos. En la política, dicen que todos somos reemplazables. El Doctor no. Deja un hueco que se quedará ahí para siempre. Nadie podrá llenar sus zapatos —ni falta que hace—, porque su talla no era política, era humana. ¡Lo vamos a extrañar mucho, Doctor! No está de más decir que esto es a título personal. Fuera de contexto: La designación de Edgar Maldonado como Secretario de Gobierno no busca llenar el espacio que deja Don Juan, sino continuar escribiendo su propia historia. En poco tiempo ha demostrado un talento nato para el servicio público y la política. Aunque su paso como Fiscal General del Estado de Morelos fue efímero, también hay que decir que en poco tiempo logró limpiar el cochinero que heredó y sentó las bases de una Fiscalía nueva, empática y cercana a la gente. 6x6: El Hijo del Santo anunció (otra vez) su lucha final. En su intento por quitar el mal sabor de boca del evento en el que desenmascaró a Misterioso Jr., ha requerido los servicios de Alberto El Patrón, con quien, junto a L.A. Park, se enfrentará a Dr. Wagner Jr., Texano Jr., Hijo de Fishman y Ángel Blanco Jr. el 13 de diciembre en el Palacio de los Deportes. Como dicen por ahí: ‘¿Ya pa’ qué, mano?’. Mientras tanto, en AAA, después de semanas de abucheos, todo parece indicar que el Hijo del Vikingo se convirtió en luchador rudo. Ya veremos cómo le va con eso, porque para hacerse odiar hay que tener estilo, y por lo pronto el joven poblano no ha demostrado que su ‘rudeza sea grandeza’. ¡Saludos!
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