A título personal: El primer balance del segundo piso

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El 2025 fue un año clave para entender hacia dónde camina México. No hubo volantazos ni giros abruptos, sino un proceso de consolidación. El País entró de lleno al segundo piso de la Cuarta Transformación: una etapa menos discursiva y más concentrada en hacer que el proyecto funcione en la práctica. En términos de gobernabilidad, el año transcurrió con estabilidad. La transición quedó atrás y el nuevo gobierno asumió con una lógica clara: dar continuidad, hacer ajustes donde fuera necesario y cuidar el equilibrio institucional. Hubo tensiones —porque siempre las hay—, pero dentro de los márgenes propios de una democracia en movimiento. Gobernar también implica administrar las diferencias sin perder el rumbo. En la agenda de desarrollo, el mensaje fue claro. Campo, agua e infraestructura se colocaron como un mismo eje estratégico, no como temas aislados ni como una lista de obras específicas. La apuesta fue de fondo: fortalecer territorios, mejorar condiciones básicas y sentar bases para un crecimiento sostenido. La idea es simple, pero contundente: sin campo productivo, sin agua y sin infraestructura, no hay país que avance. En educación, se mantuvo una visión social. Más allá de indicadores, se apostó por ampliar el acceso y fortalecer el sistema público, entendiendo que la educación no es solo un servicio, sino una política estructural que impacta directamente en el futuro del País. En lo económico, México se movió con prudencia en un entorno internacional complejo. Se cuidó la estabilidad financiera y se mantuvo el atractivo para la inversión. El año presentó retos importantes, pues los embates de Donald Trump volvieron a tensar el escenario internacional, pero la Presidenta Claudia Sheinbaum logró sortearlos con firmeza y serenidad. México sostuvo su posición, defendiendo sus intereses sin estridencias ni confrontaciones innecesarias. El Poder Legislativo fue el que más dio show con episodios bochornosos. Debates subidos de tono y escenas que no deberían normalizarse marcaron algunos momentos del año. Aun así, forman parte de una pluralidad que exige mayor responsabilidad y altura. Hablando de la tierra que nos une… Morelos, avanzó en la misma sintonía. Proyectos como el nuevo centro de convenciones, el circuito Tierra y Libertad, y un impulso significativo al campo marcaron la agenda. Falta camino por recorrer, pero hay señales claras de avance. El balance general deja una conclusión clara: 2025 fue un año de trabajo constante donde el segundo piso ya se empezó a construir. No está de más decir que esto es a título personal. Fuera de contexto: El 2026 ya asoma y trae varios retos, pero uno destaca por encima del resto: el Mundial. Más allá del balón, será una prueba de organización, seguridad e imagen del País. México estará en los ojos del mundo y eso no es cosa menor. 6x6: En la lucha libre, como en la política, la imagen pesa. En días recientes, Místico – el último gran ídolo- ha sido blanco de críticas en redes sociales porque algunos aficionados aseguran que es pyasón en las convivencias. El tema, visto con calma, tiene varias capas. Es cierto: los luchadores se deben a su gente. El fan paga boleto, compra la máscara y hace fila para la foto. Esa conexión es sagrada. Pero también es cierto que no hay ídolo que le caiga bien a todo el mundo ni que pueda atender a cada persona como esa persona quiere. Hay banda que cree que por comprar una foto ya son dueños del luchador, que exigen sonrisa, abrazo, charla larga y bendición incluida. Y pues no. No se justifica la mala actitud, pero tampoco la lapidación digital por una mala experiencia. Místico no es monedita de oro. La máscara pesa, el personaje cansa y el ring no siempre deja energía para todos. Al final, ni santo ni demonio: solo otro gladiador lidiando con el público más rudo de todos… el de las redes sociales. ¡Saludos!