En política, hay derrotas que se lloran… y otras que se corrigen. El pasado 18 de marzo, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó su famoso Plan B electoral después de que la reforma constitucional no pasara. Y no, no fue sorpresa: sin mayoría calificada y con muchos intereses en juego de los partidos políticos, simplemente no daban los números. Pero lo interesante no es que no haya pasado, lo interesante es que hacer cuando no pasa. Porque aquí no solo fue la afrenta de la oposición —eso ya estaba en el guion—, sino también algunos aliados que, a la hora buena, se desdibujaron y fue entonces que tuvo que venir el ajuste. El Plan B no busca rehacer todo el sistema electoral, pero sí le mete mano a algo que por años ha sido intocable: el costo de la política. Porque seamos honestos, en México la democracia no solo es compleja… también es cara, muy cara. Entre organismos electorales, partidos, tribunales y congresos, el País sostiene una estructura que cuesta miles de millones de pesos cada año. Dinero público, dinero de todos. Aquí es donde el Plan B cambia la conversación porque no se trata solo de cómo se organizan las elecciones, sino de cuánto estamos pagando por sostener todo ese aparato y sí, eso también toca a los congresos locales. Esos espacios donde, en teoría, se representa al pueblo… pero donde muchas veces el presupuesto crece más rápido que los resultados. Asesores, viáticos, operación política… todo suma.
Por eso el enfoque no es menor, porque cuando se habla de recortar gasto en la política, no es solo un tema técnico, es un mensaje directo: la democracia no tiene por qué ser un privilegio caro. Ahora, tampoco es que de la noche a la mañana solucionará un mal que nos aqueja desde hace mucho, va poco a poco y hay que tener paciencia. Digo esto porque este Plan B tiene límites, genera debate y, claro, incomoda, sobre todo a quienes están acostumbrados a que el sistema no se toque. Habrá quien diga —y ya lo están diciendo— que esto debilita la democracia. Pero vale la pena ponerlo en perspectiva: una democracia cara no necesariamente es una democracia fuerte. Si el sistema se sostiene en excesos y privilegios, entonces el problema no es el recorte… es cómo se construyó ese gasto desde el inicio. Ajustar no es desaparecer. Reducir no es debilitar. También puede ser, simplemente, ordenar y en una realidad donde la gente está haciendo cuentas todos los días, cualquier intento por ajustar el gasto público se vuelve relevante. A ver, el Plan B no es la gran reforma que se prometía… pero sí es una señal de algo más práctico: que incluso sin todas las condiciones, se puede avanzar, aunque sea metiéndole tijera a donde más le duele a la burocracia. No está de más decir que esto es a título personal. Fuera de contexto: A propósito del Plan B, esta semana se dio a conocer que hay organismos en el País que salen carísimos… y no precisamente por lo que producen. A veces, la austeridad no debería ser discurso, sino punto de partida. Porque si la política cuesta mucho y resuelve poco, entonces el problema no es el presupuesto… es la prioridad. 6x6: ¿Qué tipo de luchador es ‘El Satánico’? Quien apenas le entra al mundo de la lucha seguro imagina a alguien de rudeza despiadada, sangriento y malévolo, ad hoc al concepto que tenemos del ‘patas de cabra’. Y sí, es un rudo, pero irónicamente también es uno de los más técnicos. No estoy dando una maroma, permítanme explicar. El Satánico es una de las personalidades más imponentes entre los rudos que han existido, pero, a la hora de ejecutar los fundamentos clásicos —llaveo y contrallaveo, lucha a ras de lona—, es un maestro: un ‘técnico’ en el sentido más literal del lenguaje luchístico. Gran parte de su carrera también la ha dedicado a entrenar nuevas generaciones y a pulir a quienes aspiran a convertirse en ídolos. Y no es casualidad, pues también fue alumno de Cuauhtémoc ‘El Diablo’ Velasco, el profesor más influyente de la lucha mexicana, formador de otras figuras como el Perro Aguayo, Mil Máscaras y Atlantis. En Homenaje a Dos Leyendas del CMLL, el más grande de los Infernales recibirá un reconocimiento en vida, además de tener su último encuentro frente a Atlantis y Blue Panther. Gracias por su amor y pasión por la lucha libre, al maestro Daniel López ‘El Satánico’. La semana estuvo movidita para la lucha mexa. El Rey de Reyes fue un evento muy entretenido donde al grito de ‘¡Grande, hermano, ya eres mexicano!’, el Grande Americano II se llevó el torneo y el cariño de la afición. Pocas veces un extranjero logra tal conexión con el público de México. En AEW, Andrade y Bandido dieron una muy buena lucha, mientras que Místico se coronó campeón de tríos junto a la pareja gringa Speedball. Y como no todo puede ser bueno, el Patrón Alberto terminó de reventar su credibilidad (por no decir dignidad) en el mismo circo que Alfredo Adame y Carlos Trejo. Se alejan cositas (su regreso a WWE).