A título personal: 'El fakenewismo"

Omar Arizmendi Hernández
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Dicen que vivimos en la era de la información. Y sí… pero también en la era de la desinformación exprés, esa que viaja más rápido que los chismes godínez y que se comparte con una facilidad que ya quisiera cualquier campaña de salud pública. Hoy basta con abrir el celular cinco minutos para entrar a un auténtico carnaval de versiones, rumores y verdades a medias. Un día amaneces leyendo que ya se armó la tercera guerra mundial por el conflicto entre Irán e Israel porqué eliminado el primer ministro Benjamin Netanyahu en un ataque secreto. Dos horas después el propio Netanyahu sale a dar palabras tan campante de la vida. Inmediatamente surge una versión donde se asegura que el nuevo líder iraní Ali Khamenei está en coma y quien sabe quién gobierne Irán… pero también sale una versión donde desmiente todo eso. Total que uno termina con el engrudo hecho bolas y más dudas que certezas. Lo feo es que los millennials que crecimos creyendo que internet era la biblioteca más grande del mundo después de la encarta (por supuesto)… y resulta que también es la cantina más grande del planeta, donde cualquiera llega, se avienta una historia y alguien más la repite como si fuera verdad absoluta. El problema no es solo el chismecito rico. El asunto es cuando el fakenewismo —sí, así le vamos a llamar— se vuelve herramienta política, porque entonces la mentira deja de ser ocurrencia y se convierte en estrategia. Ahí está el caso del famoso operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, mejor conocido como ‘El Mencho’. Mientras las autoridades se preparaban para dar información oficial y veraz, en redes ya circulaban versiones de todo tipo: que el País estaba incendiándose, que el mérito de la operación era de Estados Unidos, que esto o aquello. Algunos políticos, con más ganas de pegar que de verificar, aprovecharon el río revuelto para lanzar sus propias narrativas a conveniencia, por supuesto. Lo mismo pasa o hasta se magnifica más cuando ocurre una tragedia o un hecho doloroso que incluye vidas humanas—de esos que nadie quisiera que ocurrieran— nunca falta el oportunista que saca todo de contexto, lo mezcla con un rumor para generar golpeteo político. Resultado: pánico, enojo y una sociedad todavía más confundida. Lo preocupante es que ya no se trata solo de cadenas o mensajes reenviados por el clásico tío conspiranoico o chismoso en el chat familiar. Hoy existen herramientas capaces de fabricar imágenes, voces y videos que parecen reales. En otras palabras, la mentira también se modernizó. Ahí es cuando uno se pregunta: si a los que crecimos con internet ya nos cuesta distinguir entre lo verdadero y lo falso… ¿cómo le hacen quienes no nacieron en esta jungla digital? Por eso el reto de estos tiempos no es solo informarse, sino a esperar las versiones oficiales. Verificar antes de compartir. Preguntar antes de indignarse. Y, sobre todo, entender que en política —como en la vida— no todo lo que circula en redes sociales es verdad… a veces es puro humo digital. Porque si algo nos está enseñando esta época es que la verdad sigue existiendo… solo que ahora hay que rascarle un poquito más. No está de más decir que esto es a título personal. Fuera de contexto: Un tema que merece atención es el Plan Estatal de Seguridad Universitaria presentado por la Gobernadora Margarita González Saravia. La idea es simple pero necesaria: reforzar la seguridad alrededor de los espacios universitarios y acompañar a las instituciones en un tema que, al transcurso de los años, se ha vuelto complejo. La autonomía universitaria es fundamental, sí, pero también lo es que estudiantes, docentes y trabajadores puedan desarrollar su vida académica con mayor tranquilidad. Cuando se trata de cuidar a las y los jóvenes, toda suma cuenta.