De familia cuernavacense, viajero incansable, profesor normalista, maestro de inglés y entre otras cosas, integrante del SNTE, Jesús González Galindo nació en Cuernavaca el 13 de junio de 1947 en la avenida Madero de esta ciudad. Sus padres fueron Raúl González Villa y Emma Galindo Rodríguez. Tuvieron cuatro hijos: Raúl, Rubén, Jesús y Alejandro.

Estudió en la escuela primaria Felipe Neri y la secundaria en la #1 Escuela Nacional Rural Lázaro Cárdenas del Río, en Tenería, Estado de México.

Como profesor estuvo impartiendo clases en la escuela primaria federal Santa Anna en Xalminilulco, Puebla, durante cinco años; luego en secundaria, medio superior y superior dando inglés en el mismo plantel.

Había sido enviado a Estados Unidos a estudiar inglés durante varias temporadas de 2 y 3 meses. Ahí estuvo becado en la Universidad Saint Joseph en el Estado de Pennsylvania. Sus hijos estuvieron en la preparatoria de la universidad durante los siete meses en el que él daba español.

Fue invitado a impartir clases en la secundaria federal #2 Rosendo Flores Magón en Morelia, Michoacán, donde le dieron 27 horas a la semana y le ofrecieron nueve horas en la secundaria federal “Antonio Caso”.

Fue fundador de la secundaria número tres en Cuautla, Morelos, nombrada “Cuautli” lo llamaron a la secundaria federal número uno en Tepoztlán, donde fue nombrado subdirector de la escuela.

Lo cambiaron a una secundaria en Acatlipa y posteriormente a la secundaria federal de Xochitepec en calidad de subdirector. En 1983 la SEP lo llamó para ser Jefe de Enseñanza de la Especialidad en Inglés de la Región Cuernavaca, desde 1988 hasta que se jubiló en 2007.

Durante tres años fue Secretario de la Delegación D4-13 del Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE) en Morelos. En 1985 lo nombraron Secretario General de la Delegación de Supervisores y jefes de Enseñanza del Estado de Morelos. Tenía sus oficinas en la parte alta del Auditorio de la Secundaria Número Uno: Profesor Froylán Parroquín García.

Como Secretario de la SNTE, llevaba la parte administrativa de 800 maestros jubilados. Hoy en día se reúne con sus amigos los maestros. Le gusta mucho la lectura y escuchar música clásica. Tiene un grupo de ellos con los que trabaja en impulsar a los jóvenes para que no dejen la escuela y aquellos de bajos recursos, ayudarles a seguir estudiando con apoyos económicos de los propios maestros.

Esta es una labor que también hace con la UNAM, a la cual le manda una pequeña contribución para el programa que ellos mismos llevan. Actualmente es Presidente de una Asociación Civil “Por una Vejez digna para el Magisterio del Gobierno de Morelos, A.C.”.

Al principio impartió clases de español, de historia y de civismo, pero su especialidad fueron las clases de inglés, idioma que aprendió en un viaje de estudios en los Estados Unidos. Nos cuenta que estuvo en la ciudad de Filadelfia estudiando inglés en la Universidad de Pennsylvania. Explica que todo mundo en México cree que la capital de Pennsylvania es Filadelfia cuando realmente es Harrisburg.

Filadelfia es muy famosa, ciudad donde se elaboró la Declaración de Independencia y la formación de las trece colonias. Tiene la Campana de la Libertad con la que llamaron al pueblo a luchar contra los ingleses.

Dio clases de español en Estados Unidos en la High school, Haddon Field Memorial en New Jersey, con cinco grupos de alumnos diarios. Ahí recibió una beca mancomunada de la fundación “Fullbught” de Estados Unidos y la fundación “García Robles” de México.

Conoció a Amelia Cauto Gómora desde que él tenía quince años. “Primero fuimos amigos, nos cuenta, y después novios durante varios años, además de haber sido vecinos en la colonia Chapultepec. Al cumplir 24 años de edad, Amelia y yo nos casamos en 1971. Desde entonces ha sido un tiempo maravilloso el estar con ella y con nuestros dos hijos Leonardo y Cathia”.

Su hijo tiene 45 años y se recibió de licenciado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Cathia es licenciada en Comunicación Humana y maestra de inglés. Ella imparte esa asignatura en la secundaria federal “Valentín Gómez Farias” en la colonia Chipitlán. Contrajo nupcias con el señor Héctor Martínez Trujillo, un exitoso comerciante y tienen dos hijos: Samuel y Jesús.

El profesor González tenía una escuela en la calle Madero de Cuernavaca, llamada CESE con menos de treinta alumnos que apenas cabían. Ahí les enseñaba inglés e historia.

Cuando estaba en Estados Unidos, con lo que recibía de esa beca, el profesor Jesús González invitaba a algunos de sus estudiantes y maestros a probar la comida mexicana que él mismo hacía o los llevaba a algún restaurante de paisanos. De la misma manera algunos de ellos lo llevaban a comer al “Taco Bell”, conocido restaurante que se presenta como mexicano pero de eso no tenía nada.

Siendo jefe de enseñanza, de la asignatura del idioma inglés, el profesor González se reunió con un grupo de profesores a quienes les ayudó a recibir becas para ir a los Estados Unidos de intercambio y recibir profesores para aprender español e historia de México.

Recuerda que algunos de los maestros que lograron ir, se llevaron a sus hijos, a quienes dejaron en la universidad para aprender inglés e historia de los Estados Unidos. Hasta cuatro de ellos se quedaron a vivir ahí.

En una ocasión se fueron de vacaciones a Canadá con su esposa, sus hijos y su abuelita de 95 años, recién muerto su abuelito. La señora quedó muy compungida, por lo que Juan la invitó a ir de viaje con ellos. Gracias a ese viaje la señora regresó a México con ganas de vivir. “Este incidente fue el que más nos alegró el viaje a toda la familia”.

Nos cuenta que visitaron la hermosa ciudad de Quebec y fueron a comer a uno de los restaurantes de Canadá: “Les ansiant canadiense” y también estuvieron en la enorme y bella ciudad de Montreal.

Se fueron con unos amigos a Boston a ver un partido de beisbol entre los Medias Rojas de Boston y los Dodgers de los Ángeles. De pronto vio que en la segunda entrada cambiaron de pitcher y mucha gente se levantó de sus asientos y se salió. Se preguntó si estaban decepcionados, pero al rato regresaron con sus platos de cartón llenos de alimentos y refrescos. Mucha gente los siguió y entonces uno de los amigos le explicó que el chiste del beisbol para los aficionados era llegar a comer en medio del partido, porque el ir al juego era toda una ceremonia. “El juego no vale nada sin un buen hot dog, unas costillitas a la barbacoa o una enorme hamburguesa” le dijo un norteamericano. “El costo del boleto de las gradas a la mitad del parque era de treinta dólares y fuimos ocho compañeros por lo que con todo lo que nos comimos nos salió en una fortuna”.

Hombre de gran valía, amoroso padre de familia y gran amigo, es el profesor Jesús González Galindo a quien todo Morelos reconoce como una persona honesta y entregada a la sociedad.

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib
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