Cuernavaca.- A Samuel Ramírez Rojas el arbitraje le cambió la vida, pues fue gracias a esta ocupación que pudo hacerse de buenas amistades y conocer a su esposa. Él forma actualmente parte de la delegación profesional de Morelos.
Originario del barrio de Dolores, del poblado de Ocotepec, Samuel lleva 5 años ligado a la impartición de justicia en los encuentros de futbol. Su mayor satisfacción en esta loable labor fue la de conocer a su pareja, con quien actualmente tiene un hijo.
“Gracias al arbitraje conocí a mi esposa y tenemos un hermoso hijo, también del arbitraje he podido pagar mis estudios. Lo hago con amor y con pasión. Comencé a hacerlo por dinero, pero ahora lo hago por amor, por pasión, porque me ha dado mucho.
“A mi esposa le gusta mucho el futbol. Ella antes jugaba en un equipo femenil en la Liga de Chamilpa. Ahí fue donde la conocí. Me gustaba mucho cómo jugaba, me reclamaba todas las faltas que le cometían y yo creo que eso fue lo que me gustó de ella que era buena para jugar y su carácter. Trataba cada ocho días pedir su partido solo para verla. Ella se llama Fernanda y mi hijo Matías”, dijo el silbante tlahuica de 23 años.
A Samuel lo conocen como ‘La Chiva’. El torneo pasado tuvo acción en 8 encuentros de Tercera División, como asistente.
Desea avanzar en el terreno profesional y en cuanto se reanude el torneo salir como central y recibir una oportunidad en la Sub-17, Sub-20 o Liga Femenil.

Todo Empezó por Una Broma:

Cuando Samuel Ramírez comenzó en el arbitraje no lo veía como algo real, pues solo había dicho de broma que quería ser silbante.
“En el arbitraje inicié hace 5 años. Todo comenzó porque un día le comenté de broma a mi papá que quería ser árbitro y como tenemos un conocido, habló con él y le preguntó que si había posibilidad de que me enseñara a arbitrar y el señor le dijo que sí que me presentara a las juntas.
“Pasó un mes, y mi papá me dijo que si no iba a ir que fuera a darle las gracias a su amigo.
“Pero me llegó más la curiosidad y me presenté en su junta. De ahí comenzó mi carrera como árbitro. Llegaron muchas oportunidades en diferentes colegios, uno de ellos fue en el colegio del Miraval, donde conocí a Octavio Jiménez; me comentaba que podía meterme al profesional, pero le dije que no, que me interesaba más mi carrera, que el arbitraje solo lo hacía para ganarme unos pesos, pero poco a poco le fui agarrando amor a esta profesión”, dijo.

Por Marco Avelino

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