Ruiz-Healy Times: Trump no rompe el T-MEC, lo desgasta

Eduardo Ruiz-Healy
Opinión

No nece­si­ta­mos sus autos, no nece­si­ta­mos su madera, no nece­si­ta­mos su ener­gía, no nece­si­ta­mos nada”. Donald Trump lo dijo el 10 de junio sobre México y Canadá, al refe­rirse al acuerdo que en 2020 llamó “el más justo, equi­li­brado y bené­fico jamás fir­mado” y que ahora pre­fe­ri­ría dar por ter­mi­nado antes que man­te­nerlo como está. El año pasado, Esta­dos Uni­dos tuvo un défi­cit comer­cial de 197,000 millo­nes de dóla­res con México y de 46,000 millo­nes con Canadá, cifras que expli­can su acti­tud.

El T-MEC cum­ple seis años hoy y los gobier­nos de los tres paí­ses debían con­fir­mar por escrito si desean exten­derlo 16 años más. La pre­si­denta Clau­dia Shein­baum ya lo con­firmó, igual que Canadá. Todo indica que EEUU no lo hará, lo que sig­ni­fica que el tra­tado no se can­cela, sino que entra en un ciclo de revi­sio­nes anua­les que se exten­derá hasta 2036, año en que expi­rará auto­má­ti­ca­mente si los tres paí­ses no aprue­ban su exten­sión.

Pese a ello, el comer­cio libre de aran­ce­les para bie­nes que cum­plen las reglas de ori­gen seguirá vigente durante toda la década. Hoy no cam­bian los aran­ce­les, pero se eli­mina la cer­teza del mañana.

Exper­tos cal­cu­lan que las revi­sio­nes pro­lon­ga­das pue­den res­tar, cada año, entre 0.2 y 0.8 pun­tos por­cen­tua­les al PIB de México por la inver­sión pos­ter­gada y la relo­ca­li­za­ción en pausa. El nears­ho­ring per­derá velo­ci­dad sin per­der el rumbo.

Hoy habrá una reu­nión vir­tual entre Mar­celo Ebrard, Jamie­son Greer y Domi­nic LeBlanc, pero EEUU ya pre­sentó sus exi­gen­cias. Entre ellas, que el com­po­nente espe­cí­fi­ca­mente esta­dou­ni­dense suba a 50% del con­te­nido regio­nal, lo que ele­va­ría el umbral total a 82%. Esto afec­ta­ría a la indus­tria auto­mo­triz mexi­cana, que repre­senta el 4.5% del PIB nacio­nal y casi un ter­cio de las expor­ta­cio­nes manu­fac­tu­re­ras.

Quie­nes más serán afec­ta­dos no son las arma­do­ras, sino los pro­vee­do­res de los pro­vee­do­res. Hoy, una auto­parte mexi­cana cuenta igual que una esta­dou­ni­dense, pero el 50% que exige EEUU redu­ci­ría el espa­cio para el con­te­nido mexi­cano. La indus­tria de auto­par­tes exportó 103,500 millo­nes de dóla­res en 2025, 87% a EEUU, con récord de 46.2% del mer­cado esta­dou­ni­dense. Los gran­des pro­vee­do­res, los que ven­den directo a las arma­do­ras, podrían adap­tarse con menos difi­cul­tad. Los pro­vee­do­res mexi­ca­nos más peque­ños, que depen­den de una sola planta, corren más riesgo si las arma­do­ras deci­den com­prar en EEUU los com­po­nen­tes de mayor valor, como moto­res, trans­mi­sio­nes y elec­tró­nica, y dejar a México con las pie­zas de menor con­te­nido tec­no­ló­gico.

La pre­si­denta enfrenta una para­doja: nego­ciar bila­te­ral­mente con EEUU, sin Canadá, le daría velo­ci­dad al trá­mite, pero deja­ría solo a México frente a Trump. Los tres gobier­nos coin­ci­den en que ha caído el empleo manu­fac­tu­rero esta­dou­ni­dense, en que cre­cen las pie­zas de ori­gen chino den­tro de los autos ensam­bla­dos en Nor­tea­mé­rica y en que pro­duc­tos chi­nos se des­vían a tra­vés de México para eva­dir aran­ce­les. Pero coin­ci­dir en el diag­nós­tico no es coin­ci­dir en el reme­dio.

Que no haya reno­va­ción no sig­ni­fica una catás­trofe inme­diata, sino algo más lento y corro­sivo: una década en la que cada año habrá que recon­quis­tar la cer­teza que el T-MEC ofre­cía de entrada. Eso no es la esta­bi­li­dad que bus­can los inver­sio­nis­tas.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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