Ruiz-Healy Times: Trump lanza la persecución financiera de la izquierda

Eduardo Ruiz-Healy
Opinión

El jue­ves pasado, en Was­hing­ton, el gobierno de Donald Trump, por medio de los secre­ta­rios de Estado Marco Rubio y del Tesoro Scott Bes­sent y del ideó­logo Step­hen Miller, pre­sentó una arqui­tec­tura anti­te­rro­rista con­tra lo que ellos deno­mi­nan “terro­rismo de extrema izquierda”. El ins­tru­mento para com­ba­tirlo es la Ofi­cina de Con­trol de Acti­vos Extran­je­ros (OFAC), que sin jui­cio de por medio puede desig­nar a una orga­ni­za­ción como ame­naza a la segu­ri­dad y con­ge­larle acti­vos y vetarle el acceso al sis­tema finan­ciero esta­dou­ni­dense. Su apa­rente obje­tivo es pre­sio­nar finan­cie­ra­mente a gobier­nos y socie­da­des civi­les poco ali­nea­dos con los inte­re­ses de EEUU. La orga­ni­za­ción del evento reportó 60 paí­ses asis­ten­tes, sin lista ofi­cial del Depar­ta­mento de Estado. Sí se sabe que no asis­tie­ron México, Bra­sil, Bél­gica, Dina­marca, Fin­lan­dia y Aus­tria.

Para México el riesgo es directo. La OFAC ya designó como terro­ris­tas a cua­tro gru­pos euro­peos y el meca­nismo es repli­ca­ble: una ONG mexi­cana que se oponga a un pro­yecto minero o ener­gé­tico esta­dou­ni­dense, docu­mente abu­sos de dere­chos huma­nos o defienda migran­tes puede ser seña­lada como “faci­li­ta­dora” y per­der su finan­cia­miento. Rubio sumó el fac­tor cubano al vin­cu­lar los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia de La Habana con la izquierda hemis­fé­rica. Así, la coo­pe­ra­ción médica y ener­gé­tica con Cuba se vuelve otra ficha de pre­sión al arran­car la revi­sión del T-MEC.

Con esta polí­tica trum­piana, la fron­tera entre pro­testa social y terro­rismo se difu­mina y EEUU podría pre­sio­nar para endu­re­cer la repre­sión con­tra movi­mien­tos cam­pe­si­nos, sin­di­ca­les e indí­ge­nas de México, Bra­sil o cual­quier país.

El males­tar no se queda en Amé­rica Latina. Varios paí­ses euro­peos sí man­da­ron dele­ga­ción, según repor­tes de TIME, pero la lista esconde una frac­tura: incó­mo­dos con igno­rar a la extrema dere­cha mien­tras pato­lo­gi­zan a la izquierda, varios gobier­nos evi­ta­ron expo­ner a sus can­ci­lle­res. Ita­lia mandó a un sub­se­cre­ta­rio, no a un minis­tro, y España asis­tió a nivel de emba­jada.

Más elo­cuente es el peso de quie­nes fal­ta­ron. Bél­gica es sede de la Unión Euro­pea, Dina­marca y Fin­lan­dia son pila­res nór­di­cos, Aus­tria se refu­gió en su neu­tra­li­dad. Rubio atri­buyó a terro­ris­tas de izquierda un sabo­taje de auto­ría des­co­no­cida a la red eléc­trica de Ber­lín en enero pasado, y otro a una vía férrea fran­cesa sin con­dena, en julio de 2024. Nin­guno prueba lo que exige esta doc­trina, y aún así, el Con­ve­nio Euro­peo de Dere­chos Huma­nos exige debido pro­ceso: con­ge­lar cuen­tas por sos­pe­cha ideo­ló­gica expon­dría a cual­quier gobierno a deman­das en sus tri­bu­na­les y en el Tri­bu­nal Euro­peo de Dere­chos Huma­nos en Estras­burgo.

¿Sobre­vi­virá esta polí­tica a Trump? La retó­rica de Miller, que llama a la izquierda “cán­cer mor­tal para la civi­li­za­ción”, se aca­bará con su gobierno, pero la maqui­na­ria finan­ciera no. Los pode­res de la Patriot Act nunca se des­man­te­la­ron tras el 11-S, se nor­ma­li­za­ron. En cuanto la OFAC fiche a la izquierda lati­noa­me­ri­cana como riesgo per­ma­nente, esos pro­to­co­los segui­rán ope­rando por déca­das, con Trump o sin él.

México y otros paí­ses no asis­tie­ron a la reu­nión, así dije­ron que no. Europa hizo lo mismo a medias, con can­ci­lle­res ausen­tes de la mesa pero subal­ter­nos ocu­pando la silla. Toda­vía no decide si su lugar está aden­tro o afuera.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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