Ruiz-Healy Times: Sheinbaum busca reconstruir lo que cuatro décadas destruyeron

Eduardo Ruiz-Healy
Opinión

En la maña­nera del mar­tes pasado se anun­ció que el IMSS ins­taló 42 tomó­gra­fos, el ISSSTE amplió su red de tele­me­di­cina y el pro­grama La Clí­nica es Nues­tra trans­fi­rió 4,608 millo­nes de pesos a 8,483 uni­da­des médi­cas. La narra­tiva ofi­cial es trans­for­ma­ción. Los núme­ros, leí­dos con cui­dado, indi­can que la pre­si­denta Clau­dia Shein­baum busca recu­pe­rar el terreno per­dido en cua­tro déca­das de aban­dono del sis­tema de salud del país.

El deta­lle téc­nico res­palda el anun­cio. 41 de esos tomó­gra­fos son de 256 cor­tes y dupli­can la capa­ci­dad diag­nós­tica dia­ria, de 20 o 25 estu­dios a más de 50, en los 40 hos­pi­ta­les de 19 esta­dos en que fue­ron ins­ta­la­dos. La red del ISSSTE pasó de 239 a 859 uni­da­des conec­ta­das, 741 en ope­ra­ción y 118 hos­pi­ta­les con con­sul­tas a dis­tan­cia. Casi 15,000 enfer­me­ras fue­ron capa­ci­ta­das para pres­cri­bir.

El tamaño del pro­blema es inmenso. México tiene una cama hos­pi­ta­la­ria por cada mil habi­tan­tes, frente al pro­me­dio de 4.2 en la OCDE. Hay 2.7 médi­cos por cada mil habi­tan­tes, con­tra 3.9 en el pro­me­dio de la OCDE, y tres enfer­me­ras por cada mil, frente a 9.2 en esos paí­ses. El gasto total en salud ronda 5.9% del PIB, mien­tras el pro­me­dio de la OCDE supera 9%.

Esa bre­cha no se abrió en este sexe­nio ni en el ante­rior. Entre 1943 y 1982 el IMSS ins­taló 29,000 camas. Entre 1983 y 2018, ape­nas 4,000 más. Pero la SSA, que aten­día a la pobla­ción sin segu­ri­dad social, estuvo aún peor. Hacia los años sesenta, la SSA tenía 0.73 camas por cada mil bene­fi­cia­rios, frente a 1.8 en el IMSS y el ISSSTE, y gas­taba 45.5 pesos anua­les por per­sona, con­tra 932 en ambas. Desde 1982 el PRI des­cuidó el sis­tema de salud. El PAN creó el Seguro Popu­lar sin darle capa­ci­dad hos­pi­ta­la­ria pro­pia, y Andrés Manuel López Obra­dor lo eli­minó sin sus­ti­tuto fun­cio­nal. El INSABI fra­casó y fue sus­ti­tuido por el IMSS-Bie­nes­tar.

La pre­si­denta reci­bió un sis­tema debi­li­tado. Es cierto, pero no solo de los gobier­nos del PRI y PAN sino del pro­pio aldeano de Palen­que.

Lo nuevo, y esto merece reco­no­cerse, es que el enfo­que desde 2024 luce más orde­nado y téc­nico. El gobierno pro­yecta unas 12,000 camas adi­cio­na­les para el IMSS, tres veces más que las ins­ta­la­das entre 1983 y 2018. Tam­bién se for­man casi 19,000 médi­cos resi­den­tes en el ciclo ini­ciado este año por­que, por ejem­plo, un tomó­grafo sin radió­logo es una máquina inú­til.

Esos médi­cos serán espe­cia­lis­tas hasta 2029 o 2030, y más tarde si requie­ren subes­pe­cia­li­dad, lo que exige pacien­cia más allá de un sexe­nio. Si no cre­cen igual los tuto­res y los qui­ró­fa­nos, se for­man más médi­cos sin for­mar mejo­res espe­cia­lis­tas.

Clau­dia Shein­baum tam­bién tiene razón en algo más. El rezago del IMSS y el ISSSTE no es por falta de cuo­tas de patro­nes y tra­ba­ja­do­res, sino por déca­das de inver­sión insu­fi­ciente del gobierno fede­ral como ter­cer con­tri­bu­yente. El de la pobla­ción sin segu­ri­dad social es otra cosa: una pro­mesa cons­ti­tu­cio­nal sin pre­su­puesto desde 1983. Enfren­tar ambos con metas con­cre­tas, y no solo con dis­curso, es una dife­ren­cia que debe reco­no­cerse.

Ahora falta lo más difí­cil, medir resul­ta­dos: tiem­pos de espera, rece­tas sur­ti­das al cien por ciento, pla­zas vacan­tes, camas ope­rando. Si esas cifras acom­pa­ñan a los anun­cios, México empe­zará a tener, por fin, el sis­tema de salud que su gente merece desde siem­pre.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.