En 2013, México y Estados Unidos cerraron la planta de moscos estériles del gusano barrenador de Metapa de Domínguez, en Chiapas. El país se había declarado libre del gusano en 2003 y la Comisión binacional México-EEUU declaró la instalación innecesaria y la cerró. Falta de presupuesto, desinterés político y cero previsión llevaron a una decisión que hoy luce como uno de los errores estratégicos más caros en décadas. Nadie anticipó que la porosidad fronteriza y el cambio climático traerían de vuelta al gusano. 13 años después, la misma planta, modernizada, acaba de reabrir.
La reinauguró la presidenta Claudia Sheinbaum el sábado pasado, acompañada por Brooke Rollins, secretaria de Agricultura de EEUU, y el embajador Ronald Johnson. La planta costó 51 millones de dólares, 30 de México y 21 de Estados Unidos, se construyó en 12 meses cuando una instalación así suele tomar cuatro años, y producirá hasta 100 millones de moscos estériles por semana. Johnson anunció además 84 millones de dólares adicionales. Todos festejaron haber reconstruido en tiempo récord la defensa que hace 13 años se desmanteló. El optimismo invadió el ambiente.
Hace meses Rollins, también optimista, calificó el riesgo de bajo y aseguró que no existía una amenaza seria para EEUU. La realidad la desmintió. Semanas después, con reses infectadas en Texas y Nuevo México debido al contrabando de animales y la dispersión natural del insecto, se vio obligada a rectificar y denunciar ante el Senado de su país una “amenaza bastante seria”, capaz de devastar a la industria ganadera con pérdidas potenciales de hasta 4,300 millones de dólares.
Las cifras muestran la gravedad de la situación. En septiembre de 2025, se reportaban 5,086 animales contagiados en México y hoy los casos acumulados rebasan los 26 mil en 26 estados. Desde que la plaga resurgió en Panamá en 2023, los CDC de EEUU contabilizan más de 185 mil casos en animales y 2,175 en personas en México y los siete países de Centroamérica, con contagios en mascotas en cada vez más lugares. El cierre de la frontera al ganado en pie, vigente desde noviembre de 2024, le ha costado a México 1,850 millones de dólares y 1.8 millones de cabezas que no se exportaron, según el Consejo Mexicano de la Carne. El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas eleva la cuenta a 1,872 millones.
Hasta ahora, la planta de Pacora, en Panamá, cargaba sola con la contención y su saturación dejó que la plaga subiera por toda Centroamérica hasta México y EEUU. Con Metapa operando, Panamá contiene desde el sur y México desde el norte, un movimiento de pinzas con 200 millones de moscas estériles por semana. El escenario optimista de erradicación entre 2027 y 2028 ya se revisó. El plan oficial proyecta control hacia finales de 2026 y erradicación total hasta 2031. La técnica es probada y funciona. Se crían millones de moscas, se irradian para anular su reproducción y se liberan desde aviones, de modo que al aparearse con las hembras silvestres se rompe el ciclo de la plaga. Pero los aviones que esparcen moscas no resolverán lo de fondo porque mientras las aduanas del sur de México dejen pasar ganado de contrabando, el insecto seguirá avanzando al amparo de la ilegalidad. Se reabrió Metapa. Falta ahora cerrar la corrupción.
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