Ruiz-Healy Times: La IA volvió obsoletos los exámenes en línea

Eduardo Ruiz-Healy
Opinión

En ante­rio­res exá­me­nes de admi­sión de la UNAM, ape­nas entre 2% y 3% de quie­nes lo pre­sen­ta­ban alcan­za­ban 100 o más acier­tos de 120 posi­bles. Esta vez el número subió a 16%, un aumento que no lo explica la casua­li­dad ni una gene­ra­ción de jóve­nes repen­ti­na­mente más talen­tosa. Lo explica la irrup­ción de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial (IA).

El comité téc­nico que la pro­pia UNAM formó para revi­sar el asunto deter­minó que se rea­lice un nuevo exa­men, pre­sen­cial, para unos 58.000 estu­dian­tes que obtu­vie­ron pun­ta­jes fuera de lo común. Es una deter­mi­na­ción acer­tada por­que dar por bue­nos, sin más, unos resul­ta­dos tan ale­ja­dos de los habi­tua­les habría equi­va­lido a dejar ingre­sar bajo sos­pe­cha a miles de jóve­nes.

La uni­ver­si­dad se pre­paró para apli­car el exa­men. Con tec­no­lo­gías de hace 5 años diseñó un blo­quea­dor de nave­ga­dor y un sis­tema de reco­no­ci­miento de ros­tro, cap­tura de pan­ta­lla, audio, video, segui­miento auto­ma­ti­zado y revi­sión por per­so­nas. No fue sufi­ciente para super­vi­sar a cual­quiera que tuviera una ven­tana abierta hacia un chat­bot o un segundo apa­rato fuera del ángulo de la cámara.

Hace cinco años, uni­ver­si­da­des como Stan­ford u Oxford se pre­gun­ta­ban si valía la pena vetar que los soli­ci­tan­tes cita­ran Wiki­pe­dia en sus ensa­yos. Hoy la duda es dis­tinta: ahora se pre­gun­tan si con­viene blo­quear herra­mien­tas de IA capa­ces de con­tes­tar, en segun­dos, un exa­men entero de opción múl­ti­ple.

El ver­da­dero dilema no está en si la vigi­lan­cia de la UNAM fue buena o mala, sino en si un exa­men de este peso puede seguir pre­sen­tán­dose desde casa. La IA resuelve ejer­ci­cios com­ple­jos, lee imá­ge­nes, sigue ins­truc­cio­nes habla­das y res­ponde en segun­dos. Sumar ayuda de un ter­cero o suplan­ta­ción de iden­ti­dad vuelve el reto en una cues­tión de con­fianza hacia la ins­ti­tu­ción.

Corre­gir el pro­ceso tam­bién tiene un costo humano. No todos los que saca­ron 100 acier­tos o más recu­rrie­ron al fraude. Muchos pasa­ron meses pre­pa­rán­dose y ahora debe­rán com­pro­bar de nuevo algo que ya habían com­pro­bado. Su enojo se entiende, pero un meca­nismo que obliga a repe­tir la prueba a dece­nas de miles de aspi­ran­tes tam­poco puede sos­te­nerse frente a una des­via­ción de 13 pun­tos sin expli­ca­ción.

El asunto ya gol­peó al gobierno de la UNAM. El pasado vier­nes renun­ció la Secre­ta­ría Gene­ral, Patri­cia Dávila Aranda, la pri­mera mujer en ocu­par el cargo, horas des­pués del anun­cio del exa­men de con­trol. El rec­tor

Leo­nardo Lomelí puso en su lugar a Javier de la Fuente, exdi­rec­tor de la Facul­tad de Odon­to­lo­gía.

Lo suce­dido en la UNAM será obser­vado por cual­quier uni­ver­si­dad que apli­que exá­me­nes impor­tan­tes por inter­net. Vol­ver a lo pre­sen­cial, mez­clar eva­lua­ción a dis­tan­cia con veri­fi­ca­ción física o replan­tear las pre­gun­tas para que la IA pierda ven­taja son algu­nas de las rutas que empie­zan a dis­cu­tirse.

La IA no dejó obso­leta a la edu­ca­ción supe­rior. Dejó obso­leto un modelo de eva­lua­ción pen­sado para una época en la que el aspi­rante estaba solo frente a una hoja en blanco. Ya no se trata de fre­nar que los estu­dian­tes recu­rran a la IA, sino de cons­truir exá­me­nes que sigan teniendo sen­tido aun­que la IA siga ahí.

La UNAM es la pri­mera uni­ver­si­dad mexi­cana en docu­men­tar públi­ca­mente este pro­blema. No será la última, siem­pre que las demás reco­noz­can abier­ta­mente una falla simi­lar en lugar de escon­derla.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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