Ruiz-Healy Times: cuando sobrevivir es ganar y bombardear es perder

Eduardo Ruiz-Healy
Opinión

0 días es lo que tardó Esta­dos Uni­dos en des­cu­brir que, ni siendo la mayor poten­cia mili­tar del pla­neta, puede com­prar auto­má­ti­ca­mente una vic­to­ria polí­tica. El Memo­rán­dum de Enten­di­miento que firmó ayer con Irán no es un armis­ti­cio sino la cons­tan­cia evi­dente de su fra­caso.

En las gue­rras del siglo XXI ya no gana quien ocupa terri­to­rio sino quien con­trola el relato. Y en ese terreno, Irán arrasó. Mien­tras los repre­sen­tan­tes de Donald Trump dis­cu­ten en Gine­bra los aspec­tos téc­ni­cos del inven­ta­rio de ura­nio enri­que­cido iraní, en las calles de Tehe­rán, Bei­rut, Bag­dad y buena parte del Medio Oriente la lec­tura es muy sim­ple: la super­po­ten­cia atacó, bom­bar­deó durante casi cua­tro meses y no logró doble­gar a los aya­to­las. Sobre­vi­vir, en ese marco narra­tivo, es ganar. Y un régi­men cer­cado que sobre­vive a una gue­rra no pro­vo­cada por él se con­vierte en David frente al Goliat de Amé­rica del Norte.

Los núme­ros cuen­tan la his­to­ria que EEUU pre­fe­ri­ría ocul­tar. Tres meses y medio de bom­bar­deos, miles de millo­nes de dóla­res gas­ta­dos en una ope­ra­ción que ni siquiera pro­dujo el cam­bio de régi­men que Trump anun­ció como uno de sus obje­ti­vos al ini­cio de la gue­rra. Un blo­queo naval en el Estre­cho de Ormuz, arte­ria por donde tran­sita cerca del 20% del petró­leo mun­dial, tuvo que levan­tarse para que Irán vol­viera a ven­der su crudo. Y, para rema­tar, un fondo de recons­truc­ción de 300,000 millo­nes de dóla­res que EEUU coaus­pi­ciará para el mismo país que bom­bar­deó.

¿Para esto fue la gue­rra? La pre­gunta resuena en el Con­greso esta­dou­ni­dense con la fuerza de otra bomba. Trump y sus fun­cio­na­rios ven­die­ron la ope­ra­ción como una inter­ven­ción qui­rúr­gica, breve y nece­sa­ria. Casi cua­tro meses des­pués, enfren­tan el repro­che de haber arras­trado al país a una gue­rra de capri­cho que ter­mina en un empate téc­nico con sabor a derrota.

El Depar­ta­mento del Tesoro tuvo que otor­gar exen­cio­nes inme­dia­tas para que Irán venda su petró­leo en los mer­ca­dos inter­na­cio­na­les. Eso no es diplo­ma­cia exi­tosa. Es una ren­di­ción admi­nis­tra­tiva dis­fra­zada de acuerdo mul­ti­la­te­ral, fir­mada con la urgen­cia de quien nece­sita bajar el costo polí­tico antes de que los mer­ca­dos y los votan­tes le cobren la fac­tura.

Los defen­so­res de la gue­rra argu­men­ta­rán, con razón téc­nica, que EEUU con­geló el pro­grama nuclear iraní y que con­serva el meca­nismo de reac­ti­va­ción de san­cio­nes acor­dado en Gine­bra. Es cierto en el papel, pero la polí­tica real no se mide en cláu­su­las téc­ni­cas sino en titu­la­res, y el titu­lar que cir­cula en Tehe­rán, Moscú, Pekín y buena parte del mundo es solo uno: EEUU atacó a una poten­cia regio­nal cer­cada eco­nó­mi­ca­mente y no pudo some­terla.

Irán sale con su infraes­truc­tura ener­gé­tica gol­peada, pero con su narra­tiva de resis­ten­cia intacta y for­ta­le­cida. Esta­dos Uni­dos sale con su pres­ti­gio estra­té­gico ero­sio­nado, una fac­tura mul­ti­mi­llo­na­ria y un men­saje invo­lun­ta­rio para sus adver­sa­rios que dice que se puede resis­tir al pode­río mili­tar esta­dou­ni­dense si se aguanta el tiempo sufi­ciente.

La lec­ción para EEUU es ele­men­tal. La supe­rio­ri­dad mili­tar sin un obje­tivo polí­tico claro no pro­duce vic­to­rias, pro­duce empa­tes cos­to­sos que se dis­fra­zan de acuer­dos o memo­ran­dos de enten­di­miento. Bom­bar­dear sin ganar es, en el tri­bu­nal de la opi­nión pública glo­bal, sim­ple­mente per­der.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.