CUERNAVACA. – La delincuencia en el estado de Morelos ha tenido rostros conocidos, pero pocos tan honestos sobre sus motivaciones como el de Jorge Martínez, "El Canas". En un episodio del podcast "Penitencia", el hoy interno reveló pasajes inéditos de su carrera delictiva, centrando gran parte de su narrativa en cómo la capital morelense y sus alrededores se convirtieron en el escenario perfecto para sus atracos.
El "Modus Operandi" en Cuernavaca: El "Pitazo" desde el interior
Durante la charla, Martínez explicó que su especialidad no era el asalto al azar, sino el robo a cuentahabientes. Según su testimonio, la banda no operaba sola: contaban con información privilegiada.
"Nosotros robábamos puro cuentahabiente... seguíamos a la persona, pero nos daban el pitazo de adentro", confesó "El Canas" en el podcast.
El entrevistado detalló que un cómplice se infiltraba en las sucursales bancarias con fajos de billetes para no levantar sospechas. Su tarea era observar a la contadora o al cajero; si estos se movían a la parte trasera de la caja tras recibir a un cliente, era la señal inequívoca de que había una fuerte suma de dinero en juego. Una vez identificada la víctima, recibían una llamada telefónica con la descripción física para realizar el "cerrón" o abordarlos más adelante.
¿Por qué elegir Morelos y Cuernavaca?
A diferencia de otros grupos criminales que buscaban la saturación de la Ciudad de México, "El Canas" y su banda preferían la periferia. Martínez recordó que en aquellos años —hace dos décadas—, sitios como Cuernavaca y Oaxtepec (donde incluso llegó a destacar como futbolista en su juventud) ofrecían una paz que facilitaba la huida.
"Nunca trabajamos en la Ciudad de México. Nosotros siempre andábamos en pueblos... porque en aquellos años era más tranquilo", señaló, contrastando con la realidad actual de linchamientos y mayor vigilancia.
La Adrenalina: Una droga más potente que la "piedra"
Uno de los puntos más impactantes de la entrevista es la motivación detrás de los crímenes. Aunque Martínez admite haber sido un consumidor pesado de "piedra" (crack), asegura que el motor principal de sus asaltos no era la necesidad económica, sino la adicción a la adrenalina.
- Su primer gran golpe: A los 18 años, en su primer asalto bancario, obtuvo 120 mil pesos. Con ese dinero compró un carro, un teléfono y arregló un departamento.
- Doble vida: Mientras trabajaba como escolta, chófer de artistas o microbusero en rutas de la zona, detenía su unidad para ir a robar tras recibir una llamada de su banda, para luego regresar a sus labores normales como si nada hubiera pasado.
El ocaso de un "cábula": Entre la cárcel y el arrepentimiento
Actualmente, Jorge Martínez cumple una sentencia de 8 años y 10 meses. A pesar de su historial, asegura que nunca lastimó físicamente a sus víctimas: "Ratero soy, lo que tú quieras, pero nunca le he pegado a nadie".
Sin embargo, el peso de su pasado se refleja en las secuelas emocionales. Martínez confiesa que aún puede ver las caras de terror de las personas a las que les quitó su patrimonio en las calles de Morelos y el Estado de México. "Recordar es vivir y yo todavía recuerdo las caras de la gente y digo: es traumático", admitió en un momento de introspección.
Contexto de Seguridad
La revelación de "El Canas" pone de manifiesto una problemática histórica en Morelos: la vulnerabilidad de las instituciones bancarias ante filtraciones de información. Expertos en seguridad señalan que el robo a cuentahabientes en Cuernavaca ha evolucionado, pero la base del "halconeo" interno descrita por Martínez sigue siendo un desafío para las autoridades actuales.
En 2025 se registraron al menos 19 asaltos a cuentahabientes solo en Cuernavaca. Para abril-mayo 2026, una nueva ola golpeó el Centro Histórico y avenidas principales.
Ejemplos recientes que confirman la evolución del delito:
- Jiutepec, enero 2025: Sujetos armados despojaron de 700 mil pesos a un cuentahabiente en la colonia Ampliación Bugambilias. El botín salió de una sucursal cercana; las autoridades no reportaron detenidos inmediatos.
oem.com.mx
- Cuernavaca, centro histórico, 2025-2026: Múltiples casos con montos de 50 mil a 95 mil pesos en estacionamientos de plazas y avenidas. En uno, dos sujetos interceptaron a un cliente dentro de una sucursal BBVA en San Diego.
- Cuautla: Reportes de asaltos incluso dentro de sucursales, donde delincuentes esperaban afuera con cómplices. Un caso documentado involucró 100 mil pesos recién retirados.
El robo a transeúnte (categoría que incluye cuentahabientes) ocupó el quinto lugar en incidencia delictiva de Cuernavaca en 2026, pese a que el gobierno estatal reportó una baja general del 20% en robo a transeúnte durante 2025 (datos SESNSP). Jiutepec y Cuernavaca lideran también el ranking nacional de robo de motocicletas en el primer trimestre 2026, lo que facilita la huida de estos grupos.
Respuesta Institucional: De la Prevención a la Reforma PenalAnte la crisis, el Congreso de Morelos reaccionó. En diciembre 2025, el diputado de Morena Sergio Omar “Chino” Livera Chavarría presentó una iniciativa para reformar el Código Penal: penas de hasta 23 años de prisión para robo a cuentahabientes, incluyendo a empleados bancarios que colaboren como halcones. “Buscamos endurecer las sanciones y desarticular estas redes desde adentro”, justificó.
Consejos prácticos para evitar ser la próxima víctima: cómo prevenir robo a cuentahabientes:
- Retira montos altos solo en sucursal con acompañamiento policiaco (777 312 1274 en Cuernavaca).
- Evita mostrar efectivo o usar cajeros aislados.
- Usa transferencias digitales o cheques cuando sea posible.
- Reporta inmediatamente cualquier seguimiento sospechoso.
La confesión de El Canas no es solo entretenimiento de podcast. Es una radiografía de un delito que muta pero no desaparece. En 2026, Morelos enfrenta la misma amenaza que hace 20 años: traición desde adentro y adicción al riesgo. La diferencia está en las herramientas: tecnología, inteligencia y una reforma penal que, si se aprueba, podría ser el “cerrón” definitivo a estas bandas.
Mientras tanto, las caras de terror que El Canas aún recuerda siguen multiplicándose en las calles de Cuernavaca, Jiutepec y Cuautla. La pregunta ya no es si el pitazo existe. Es por qué, dos décadas después, sigue funcionando.