Mientras presume mano dura contra los giros rojos, el Ayuntamiento de Cuernavaca permite que el bar La Estancia y otros más, sobre avenida Universidad y a unos metros de la UAEM, operen con normalidad. El establecimiento reabrió el 30 de septiembre, un miércoles, y en su primera madrugada fue escenario de una riña entre jóvenes.
En un comunicado, la administración de La Estancia afirma que los involucrados “nunca ingresaron” al establecimiento y que el enfrentamiento ocurrió únicamente en el exterior.
Sin embargo, grabaciones compartidas por universitarios que estuvieron en el lugar muestran que los golpes comenzaron en el interior y que la agresión continuó en la calle cuando los jóvenes fueron expulsados del bar.
La pelea se registró alrededor de la 1:00 horas del 1 de octubre. Un video difundido en redes sociales muestra la agresión y a uno de los participantes aparentemente inconsciente en el pavimento, rodeado por otros jóvenes.
De acuerdo con los videos y testimonios de universitarios, desde las primeras horas de una noche entre semana ya había jóvenes con visibles signos de ebriedad y episodios de desorden y destrozos en el lugar.
Omisión del Ayuntamiento
El caso exhibe la distancia entre el discurso y la práctica del gobierno municipal. En agosto, el Ayuntamiento aprobó reformas para limitar las licencias de funcionamiento a negocios dedicados exclusivamente a la venta de alcohol. Anunció además multas más severas, menos permisos y horarios más restringidos.
Pero La Estancia opera al igual que otros establecimientos de la zona, según vecinos, aproximadamente desde las 15:00 horas hasta las 2:00 de la madrugada. Además, ya había sido clausurada en 2022 por irregularidades.
Pese a ese antecedente y a la violencia de su primera noche, un recorrido de Diario de Morelos realizado este jueves constató que el negocio seguía funcionando como si nada hubiera pasado.
“Siempre es un problema con este negocio, pero no es el único, hay muchos bares en esta zona donde entran jovencitas y jóvenes que se ven muy chicos, parecen menores de edad” comentó una vecina de la avenida Universidad.
Las preguntas que el Ayuntamiento debe responder
¿Con qué permisos y bajo qué horario autorizó la reapertura de un establecimiento clausurado en 2022?
¿Por qué no hubo supervisión en su primera noche de operaciones, en una zona donde el Gobierno estatal ya había advertido el riesgo para estudiantes?
¿Qué sanciones aplicará ahora que hay videos de una agresión que inició dentro del local?
¿Sirven de algo las reformas de agosto si el primer caso que las pone a prueba termina con un joven tendido en la calle?
¿Y los padres de familia?
La responsabilidad no es solo de la autoridad ni del bar. Era un miércoles, una noche entre semana, y ya había jóvenes bebiendo en exceso y protagonizando desorden con violencia en una ciudad marcada por asesinatos y homicidios. Eso obliga a madres y padres de familia a preguntarse dónde están sus hijos, con quién andan, a qué hora regresan y en qué condiciones.
Hablar en casa sobre el consumo de alcohol, los límites y las consecuencias de una pelea que puede terminar en una lesión grave, o peor, no es controlar a los jóvenes: es cuidarlos. Una riña como esta pudo terminar en tragedia.
Pero el llamado a la familia no exime a nadie más. Un bar que vende alcohol a metros de una universidad y un Ayuntamiento que otorga o tolera su operación también son parte del problema. Controlar estos espacios es una obligación de la autoridad, no un favor.
Añadir Diario de Morelos como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.