El llamado reto de las 48 horas ha generado preocupación por una dinámica difundida en redes sociales. Consiste en que adolescentes salgan de casa sin avisar, apaguen sus teléfonos y dejen de responder mensajes durante dos días.
Esto puede provocar que sus familiares desconozcan su paradero y comiencen a buscarlos, sin saber si se trata de una ausencia voluntaria o de una situación de peligro.
El tema fue abordado por medios de comunicación de Perú, donde especialistas analizaron los posibles motivos de estas conductas y la importancia de mantener una comunicación cercana con los hijos.
Aunque se presenta como un desafío viral, desaparecer sin informar a nadie puede exponer a los adolescentes a distintos riesgos y movilizar a familiares y autoridades.
¿En qué consiste el reto viral de las 48 horas?
La dinámica consiste en abandonar la vivienda sin informar a los padres sobre el destino y evitar el contacto durante aproximadamente dos días.
Durante ese tiempo, los familiares pueden llamar, enviar mensajes, preguntar a conocidos y acudir a las autoridades para intentar localizar al adolescente.
De acuerdo con un reportaje de Buenos Días Perú, uno de los objetivos asociados al desafío es generar reacciones y llamar la atención del entorno.
La psicóloga clínica Marvi Bengolea explicó que algunos jóvenes podrían buscar reconocimiento fuera de casa cuando sienten que no reciben suficiente atención familiar.
Sin embargo, participar en un desafío viral no demuestra por sí solo que exista abandono emocional o falta de comunicación en el hogar.
El principal riesgo es que los familiares no puedan comprobar que el menor está a salvo. Una ausencia voluntaria puede confundirse con una desaparición y dejar al adolescente expuesto a situaciones peligrosas.
¿Cómo pueden los padres identificar señales de alerta?
Bengolea señaló que la comunicación cotidiana ayuda a detectar dificultades antes de que se conviertan en situaciones de riesgo.
Preguntar cómo estuvo el día, escuchar las preocupaciones y conversar sin descalificaciones permite conocer mejor el entorno de los hijos.
La especialista también destacó la importancia de hablar abiertamente sobre temas como el acoso escolar, las drogas y la sexualidad.
Los cambios de conducta pueden ser una señal para acercarse y preguntar qué sucede, aunque no necesariamente indican que un adolescente participe en un reto viral.
También conviene explicar los riesgos de seguir desafíos en internet y acordar formas de mantener el contacto cuando los jóvenes salen con amigos.
La supervisión digital puede ayudar a prevenir riesgos, pero debe acompañarse de confianza y diálogo. El objetivo es que los adolescentes puedan pedir ayuda si enfrentan presión de sus compañeros o una situación que no saben manejar.
¿Qué pasa con las desapariciones de adolescentes en México?
En México, las cifras también reflejan la gravedad de las desapariciones de menores de edad. Durante 2025 se registraron 10 mil 707 reportes de niñas, niños y adolescentes desaparecidos, de los cuales 2 mil 856 seguían sin ser localizados al 2 de enero de 2026, según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).
Además, al 8 de junio de 2026, 18 mil 104 personas de entre 0 y 17 años permanecían desaparecidas o no localizadas, de acuerdo con el análisis de REDIM sobre el registro nacional.
Estas cifras permiten contextualizar los riesgos que enfrentan niños y adolescentes, pero no demuestran que el llamado “reto de las 48 horas” esté relacionado con esos casos. Hasta contar con evidencia, ambas situaciones deben tratarse por separado.
Ante la desaparición de un menor, la búsqueda debe comenzar de inmediato: no es necesario esperar 24, 48 o 72 horas para reportarla.
¿Qué hacer si un adolescente desaparece?
La recomendación principal es actuar de inmediato. El Ministerio del Interior de Perú señala que no es necesario esperar 24 horas para denunciar una desaparición.
Cualquier persona puede acudir a una comisaría y proporcionar información que ayude a localizar al menor.
Para facilitar la búsqueda, es útil presentar una fotografía reciente, describir la ropa que llevaba e informar dónde y cuándo fue visto por última vez.
También se deben conservar mensajes y otros datos que puedan resultar relevantes para las autoridades.
Si se sospecha que el adolescente participa en un desafío viral, no se debe asumir que está a salvo ni esperar a que termine el supuesto reto. La prioridad es localizarlo y garantizar su integridad.
El caso también deja una recomendación para las familias: hablar sobre los riesgos de las tendencias digitales y mantener abiertos los canales de comunicación.
Los adolescentes deben saber que pueden pedir ayuda sin temor a ser humillados o castigados por hacerlo.
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