La competencia balompédica más importante del mundo, a nivel de clubes, nos regaló un par de volteretas épicas al jugarse las Semifinales de la Champions League.
Entre las muchas lecciones que nos dejó, podemos recordar: “el último minuto también tiene sesenta segundos”, “Esto no se acaba hasta que se acaba”, “En el futbol todo puede ocurrir”, “Jamás te des por vencido”, “Nada está escrito”, “Del plato a la boca; se cae la sopa”. Pero, entre las lecciones que no hemos aprendido se encuentra el vicio de las siempre odiosas comparaciones.
Si bien es cierto que los silbantes de ambos partidos: Cüneyt Cakir de Turquía, el Liverpool vs. Barcelona y Felix Brych de Alemania, nos regalaron sendos trabajos de excelencia, escapa a mi entendimiento que haya quien quiera comparar su arbitraje con el que se realiza en otros países, incluido México.
Digo, si le vamos a exigir a los nazarenos que piten como lo hacen los jueces europeos, deberíamos de empezar por exigirle a los futbolistas que muestren el mismo nivel competitivo que existe por aquellos lares.
Dos encuentros en que los contendientes respetaron a cabalidad el juego limpio; tanto así, que se hubieran podido jugar sin árbitro. Prácticamente nadie protestó ni puso en tela de juicio alguna de las decisiones de los colegiados, no hubo una patada artera, ni siquiera la clásica de afloje.
No se estaba jaloneando en los tiros de esquina, nadie provocó a su adversario, ningún futbolista simuló ser fauleado en el área enemiga, los directores técnico se comportaron como caballeros (igualito que acá) sin pretender “arbitrar” el partido desde la banca. Se cometieron pocas faltas, no hubo incorrecciones e incurrieron en muy poquitos fuera de juego.
Tampoco escuché, al término del partido, durante la conferencia de prensa que los perdedores pusieran en tela de juicio el trabajo realizado por los hombres de negro; no los culparon de su infortunio y mucho menos lo insinuaron.
Si bien es cierto que los responsables de llevar la ocarina en este par de inolvidables encuentros realizaron un trabajo impecable, mostrando una gran personalidad, haciendo un desgaste físico impresionante, trabajando en equipo, muy concentrados y que deberían ser tomados como el ejemplo a seguir. También lo es que, gracias al nivel competitivo, el profesionalismo y la disciplina que priva en esta competencia es que se facilita su quehacer.
¿Quieren que en México se arbitre como en Europa?, pues los invito a que… jueguen como en Europa.
Reglas y reglazos
Eduardo Brizio
ebrizio@hotmail.com
