No sólo las madres que no tienen consigo a sus hijos, por el motivo que sea, no tienen nada que celebrar cada 10 de Mayo; también los hijos que están separados de sus mamás la pasan mal y el sufrimiento es por partida doble, refirió Gabriela Enríquez Guerra, víctima de violencia vicaria e integrante del Frente Nacional contra la Violencia Vicaria en el país.
“Para mí es un día que quisiera brincármelo, porque más que pensar en cómo me siento, pienso cómo la pasan mis hijos, porque desde los días previos, sus actividades giran en torno al Día de las Madres. Que si el festival, el poema, la manualidad, etcétera, y no sé, cuando finalmente llega este día, ellos qué hacen y cómo los hace sentir el hecho de que su madre no está presente”, manifestó.
“Entonces, para mí, esta fecha representa el recordatorio de que es un año más de no estar con ellos y para ellos”, agregó.
LUCHA DE CINCO AÑOS
Gabriela es una de las madres que en Morelos han denunciado violencia vicaria, tras haber sido separadas por sus ex parejas de sus hijos, para lastimarlas y destruirlas, como personas y como mujeres.
Tiene cinco años que su ex esposo le arrebató a sus hijos, tras el divorcio, a pesar de que originalmente habían estado de acuerdo, incluso con una sentencia legal, de compartir la guarda y custodia de los menores que ya tienen 15 y 13 años de edad.
“Recién me enteré que el mi hijo mayor mintió en su escuela sobre dónde está su mamá; ya no quieren comentar nada sobre la separación y la forma en la que se dio porque les da vergüenza.
Este es el tema de la violencia vicaria, que no sólo es lo que nos hacen a nosotras, sino cómo la padecen también los niños”, abundó.
Su ex esposo aprovechó la pandemia y el aislamiento que ésta provocó, para trasladarse a la Ciudad de México y alejarla aún más, de sus hijos sin que, hasta ahora, los recursos legales que ha promovido ante la justicia local, le hayan devuelto a dos hijos, con los que, ayer, nuevamente no pudo celebrar nada.
