En el marco de la celebración del Bautismo del Señor, el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, reflexionó sobre el significado de esta fiesta litúrgica que marca el cierre del tiempo de Navidad y el inicio del tiempo ordinario, previo a la Cuaresma.
Castro Castro destacó que este acontecimiento revela el comienzo de la vida pública de Jesucristo, tras el llamado “silencio de Nazaret”, y muestra una forma distinta de ejercer el poder: desde la humildad, la fidelidad y el servicio. Durante su mensaje, explicó que el bautismo de Jesús en el río Jordán manifiesta a un Dios que no se impone por la fuerza, sino que se entrega y se hace cercano a la fragilidad humana. También recordó la figura del “siervo” anunciada por el profeta Isaías, que no grita ni quebranta lo débil, imagen que —dijo— se cumple plenamente en Cristo, quien opta por el camino del servicio y no del conquistador.
El obispo subrayó que este pasaje evangélico es también una revelación trinitaria en el Padre que proclama a su hijo amado, el hijo que se entrega y el Espíritu Santo que desciende y lo unge para su misión. Citó a los papas Benedicto XVI y Francisco para resaltar que en el bautismo de Jesús se anticipa el misterio pascual y que el Espíritu Santo sigue siendo el protagonista de la vida de la Iglesia. Finalmente, invitó a los fieles a renovar su propio bautismo, no como un recuerdo del pasado o un acto meramente cultural, sino como una vocación viva que compromete a cada cristiano a vivir con dignidad, coherencia y responsabilidad como hijo de Dios, guiado por el Espíritu y al servicio de los demás.
