Apreciado como pocos por los miles de personas que tuvimos el gusto de conocerlo y tratarlo como amigo, colaborador, alumno o gobernador.
Nació para ser un extraordinario ser humano, un excepcional amigo, un maestro como pocos, un político sobresaliente y un gobernante entregado a su responsabilidad.
Tranquilo vivió, caminó las calles y avenidas de Morelos y acudió a sitios públicos donde recibió saludos y muestras de respeto de la población.
Obras en materia hospitalaria, principalmente, como en ningún otro sexenio en Morelos, hasta ahora.
Nacimiento el 26 de abril de 1928, mañana cumpliría 98 años.
Inteligente como pocos, con una memoria prodigiosa que le permitía recordar nombres de miles de morelenses.
Opinante sin igual, por esta razón era el gobernador más buscado por la fuente de periodistas nacionales que acudían a cubrir los informes de gobierno de 1988 a 1992, que es lo que me consta.
Respetado en los más importantes ámbitos políticos de su tiempo.
Ideólogo consultado constantemente por aquellas mujeres y aquellos hombres que ocuparon la dirigencia nacional de su partido.
Vacaciones era imposible que tomara algún periodo vacacional cuando tenía a su cargo alguna responsabilidad pública.
Animadversión total para ofender a alguien. Nunca le escuché criticar, insultar o dar alguna indicación para que lo hicieran.
Puntero siempre en todas las actividades públicas que desempeñó.
Asesor, después de regresar de Ecuador, donde fue Embajador de México, de las presidentas de la Gran Comisión en las cámaras de senadores y de diputados.
Líder de las cámaras del Congreso de la Unión. En 1979 de los diputados federales y de 1985 a 1987 de los senadores de la República.
Alameda de la Solidaridad en el Paseo Cuauhnáhuac de Cuernavaca, construida durante su gobierno.
Cansancio físico el de algunos colaboradores, yo incluido, por las intensas jornadas de trabajo que él tenía como gobernador del estado. Regresaba de sus recorridos y se ponía a recibir colaboradores o ciudadanos hasta las 11 o 12 de la noche.
Irrepetible, difícilmente habrá otro morelense que destaqué como lo hizo la persona a la que hoy rindo homenaje.
Oposición partidista, siempre encontró las puertas abiertas con este personaje para el diálogo y el acuerdo. Él fue uno de los principales promoventes para la aprobación de la LOPPE, en la 50 Legislatura.
Loable su vida personal y pública, caracterizada en ambos ámbitos por su caballerosidad, decencia, humildad, sencillez, honestidad y honorabilidad.
Omnisapiente en temas políticos y jurídicos, constantemente era consultado por sus pares. A él, todo esto, no le gustaba presumirlo.
Platicar con esta persona significaba un gran aprendizaje. Así se lo reconocían los más connotados columnistas políticos de aquella época.
Eficaz en las tareas públicas que le fueron encomendadas. Ser el primer político mexicano en ocupar la presidencia de Gran Comisión de las Cámaras de Diputados y de Senadores no es cualquier cosa. Solamente han sido cuatro o cinco políticos que han tenido tal distinción.
Zapata Salazar Emiliano, un héroe revolucionario al que admiró y aplicó fielmente sus ideales.
En el entendido de que me quedo muy corto para reconocer a mi maestro, jefe, padrino y amigo, a un día de su fecha de nacimiento.
Abrazo hasta el cielo, con mi respeto, admiración y agradecimiento, a mi maestro Don Antonio Riva Palacio López.
