¡Morelos, no puede seguir así!
¿Quién o quiénes de los colaboradores de la gobernadora Margarita González Saravia, no está o no están haciendo bien su trabajo?
¿Quién o quiénes de los subalternos de la mandataria estatal, no sabe o no saben desempeñar bien su función?
¿Quién o quiénes de los servidores públicos del Poder Ejecutivo estatal, no tiene o no tienen la capacidad para colaborar eficaz y eficientemente con la titular de ese Poder?
¿Quién o quiénes de los asistentes de los principales asistentes de la mandataria, con la omisión en su responsabilidad pública está afectando la imagen de su jefa?
¿Quién o quiénes de los trabajadores del palacio de gobierno, no tiene o no tienen la experiencia suficiente para detectar a tiempo las marchas, manifestaciones y plantones que se llevan cabo en distintos lugares del estado?
¿Quién o quiénes de los subordinados de la mandataria, no cuenta o no cuentan con las relaciones políticas necesarias para conocer con anticipación suficiente los movimientos sociales que se van a realizar y que, una vez llevados a cabo, terminan afectando a miles de habitantes de la capital de Morelos y a los miles de conductores de vehículos que transitan por la autopista Siglo XXI, que comunica a los estados de Guerrero, Puebla y Morelos?
¿Quién o quiénes de los cercanos y lejanos asistentes de González Saravia, tiene o tienen escaso colmillo político para dialogar, conciliar y convencer a los participantes en los plantones, mítines y manifestaciones de no llevarlos a cabo?
¿Quién o quiénes de las áreas gubernamentales estatales, responsables de atender ese tipo de eventos sociales, no tiene o no tienen el requerido manejo político para solucionarlos antes de que revienten y den la pésima imagen que luego se difunde en medios tradicionales y digitales, con alcance nacional?
¿Quién o quiénes de los colaboradores de la gobernadora, no tiene o no tienen el olfato político para oler y prever las manifestaciones, mítines y plantones?
Los problemas sociales no tienen que llegar a calles, a las carreteras o fuera del palacio de gobierno para ser atendidos y solucionados, siempre hay dirigentes, responsables y organizadores de esos asuntos, con los que se puede dialogar.
Los colaboradores de la mandataria estatal no pueden ni deben seguir mostrando incapacidad para atender la problemática social que se está manifestando públicamente, porque a quién le está afectando es a su jefa. Es a ella a quien va dirigida la crítica de sus gobernados.
La gobernadora no puede ni debe seguir permitiendo que continúen ocurriendo escenas como la de las jóvenes estudiantes que se manifestaron en el desfile del pasado 16 de septiembre, cuando ante la inoperancia de sus colaboradores se echó mano de jóvenes del Servicio Militar Nacional, para levantarlas y hacerlas a un lado del arroyo de la calle.
La gobernadora tampoco puede seguir permitiendo que ocurran situaciones como las del miércoles pasado cuando en la plaza Emiliano Zapata, estudiantes de la Normal de Amilcingo quemaron colchones y destrozaron los vidrios de las ventanas del palacio de gobierno.
Todo esto provoca a nivel estatal y nacional comentarios de que hay anarquía en Morelos, cuando lo cierto es que hay una mandataria esforzada en su tarea, pero que no está bien secundada por todos sus allegados.
Es el momento, desde mi punto de vista, de hacer una valoración objetiva de quién está cumpliendo con su función y quién no está cumpliendo con su tarea. Se vale hacer cambios, está en el momento oportuno.
Lo que ella, la gobernadora, si no se puede permitir como conductora de los destinos de un estado, es que Morelos continúe como va.
La fábula de hoy:
Esopo escribió una fábula titulada “La golondrina y la serpiente”, que dice: “Hizo una golondrina su nido en el edificio de un tribunal, y, habiéndose salido, una serpiente subió rampando para devorar sus crías. Al volver la golondrina y ver su nido vacío, púsose a sollozar vencida por el dolor. Otra golondrina, para consolarla, díjole que no era la única que había tenido la desgracia de perder a sus pequeñuelos.
¡Ah, respondió la golondrina, no me duele tanto haber perdido a mis hijos como ser víctima de un crimen en el mismo sitio donde las víctimas de las violencias encuentran auxilio!”.
Enseña esta fábula que muchas veces los infortunios son tanto más penosos de sufrir si vienen de aquellos de quienes menos los esperamos.
En estado revuelto: El miércoles pasado ante la serie de acontecimientos que hubo en Cuernavaca, un desprestigiado alcalde trató de llevar agua a su molino y organizó una mini manifestación de un puñado de habitantes del descuidado municipio que dice gobernar, para hacer ruido a las afueras del palacio legislativo.
Lo que debería tener presente el malquerido edil es que la desesperación suele ser mala consejera y para la otra pensar mejor sus acciones, las que tenían como objetivo central, echar más leña al fuego del que ya había en la Plaza de Armas de la capital.
Colofón: el caso es que ante la inoperancia de las autoridades estatales, los principales organizadores de la caótica marcha del miércoles pasado en Cuernavaca fueron a dar hasta la secretaria de Gobernación, en la calle de Bucareli en la Ciudad de México.
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