El miércoles de la semana pasada acepté la invitación de mi amigo Carlos O. Morales para participar en su programa “Protagonistas de la política”, creo que es la sexta ocasión que lo hago, esta vez el periodista desde 1987, me pidió que abordáramos dos temas considerados de actualidad noticiosa.
El primero de ellos fue la reciente autorización por parte del Gobierno del Estado para un incremento a la tarifa del transporte público, una decisión gubernamental que causó controversia entre los distintos sectores sociales de la entidad.
El principal descontento, se ha dado entre la población que regularmente hace uso del transporte público, porque es muy cierto que les afectará, sus de por sí mermadas condiciones económicas, la nueva tarifa de 13 pesos, lo que representa un incremento de tres pesos.
Cuando Carlos me pidió mi opinión al respecto, tuve que confesar que, para mí, era necesaria un alza a la tarifa, aunque yo considero que dos pesos eran más que buenos para los concesionarios del transporte y, al mismo tiempo, no hubieran representado una carga tan pesada para los usuarios.
Por qué opino que sí era necesario un incremento al costo del pasaje urbano, pues porque estamos en una época en que la inflación no cede y, de acuerdo con estudios especializados, todos los productos y mercancías están teniendo un aumento en sus precios.
Un ejemplo, el domingo pasado un diario de circulación nacional publicó que el jitomate acumula un encarecimiento de 126 por ciento, lo que, según la secretaría de Hacienda explica el 90% de la inflación en el año.
Especialistas comentan que el precio del jitomate al consumidor se ha duplicado y que el diésel y fertilizantes también encarecen el fruto. Lo cierto es que en cuatro meses la hortaliza ha duplicado su precio.
Pero no nada más el jitomate ha incrementado su precio, yo mismo me doy cuenta como otros productos suben costo, de repente el limón, el mango, el mamey, la manzana, frutas que yo consumo y que por eso compró regularmente.
En estos días también comprobé que la leche que compro, incrementó su precio en dos pesos cincuenta centavos, al pasar de 47 a 50.50 pesos; igualmente un suplemento alimenticio se incrementó de 66 a 70 pesos. En estas subidas de precio, nadie repelamos públicamente.
Entonces si todo está subiendo, ¿por qué la tarifa del transporte público no debería de subir? A los concesionarios también todo les sale más caro: las refacciones, los aditivos, las llantas, las reparaciones de los automotores, etc.
Es de reconocerse también que el gobierno estatal intenta, con una serie de medidas, atemperar el impacto negativo que tendrá el incremento en las tarifas del transporte público en las clases sociales más necesitadas.
En el programa de Carlos no lo comenté, pero este espacio es propicio para dejar de manifiesto que voces muy reconocidas en el análisis económico nos dejan entrever un futuro mediato con muchas complicaciones.
Al respecto, el fin de semana estuvo circulando en redes sociales una conferencia ofrecida por el Dr. Pedro Aspe, quien fuera secretario de Hacienda y Crédito Público (SHyCP), en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, denominada “Comentarios sobre la evolución de la Economía
Mexicana”.
Con el contenido de la conferencia, muchas personas pueden estar de acuerdo y muchas otras no, pero al ser Aspe Armella el expositor se tiene que tomar en cuenta lo dicho por alguien que goza del reconocimiento internacional en su materia.
Aspe hace un diagnóstico macroeconómico dividido en cuatro puntos:
I Déficit Presupuestal Estructuralmente Alto. El aumento desmedido del gasto corriente ha desplazado la inversión productiva.
II Deuda Pública Alta y Creciente. México se acerca peligrosamente al umbral del 60% en la relación Deuda / Producto Interno Bruto (PIB).
III Crecimiento Económicamente Bajo. El PIB per cápita y la productividad son negativos, arrastrados por una inversión insuficiente.
IV Conclusiones. La caída estructural hacía el estancamiento económico.
Considera que “Las finanzas públicas se deterioran gravemente por la falta de inversión física y el gasto inflexible”.
Señala que: “La deuda se enfila a perder el grado de inversión en 2026, ahuyentando capitales y encareciendo el crédito”.
Y concluye: “Resultado Final: Estancamiento Permanente. El PIB por cápita se consolida por debajo de niveles de 2018 debido al colapso de inversión y la productividad negativa”.
Del otro tema, comentaré en mi siguiente colaboración.
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