No pasaron ni 48 horas de que la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, había dejado el territorio zapatista con compromisos ciertos para el municipio de Cuautla, cuando la Gobernadora Margarita González Saravia, ya estaba en esta ciudad acompañada de la secretaría de Bienestar Leticia Ramírez Amaya, para el inicio del cumplimiento de los encargos presidenciales.
Fue así como el lunes pasado tanto la mandataria morelense como la servidora pública federal arrancaron con el despliegue territorial de servidoras y servidores de la Nación para impulsar la atención a las causas de la violencia en Cuautla, municipio tan castigado, al igual que las poblaciones de Cuernavaca y Jiutepec, por la delincuencia organizada o no organizada.
La atención a las causas de la violencia no viene sola, están acompañadas de un cuantioso presupuesto de 400 millones de pesos, destinados a programas de desarrollo social, educación, salud, infraestructura y desarrollo económico en aquella región.
Además, será atendido por un ejército de 150 brigadistas de la Secretaría de Bienestar, que llegaron a Morelos el pasado lunes para recorrer casa por casa y conocer las necesidades de los habitantes, ofrecer diversos servicios sociales y crear condiciones de seguridad, trabajo estudio y salud, principalmente.
Como usted recordará, la titular del Poder Ejecutivo federal, el sábado pasado en Cuautla, giró instrucciones para que un equipo del gobierno federal se apersonó en el heroico e histórico municipio para trabajar de manera coordinada con el gobierno de Margarita González Saravia.
La instrucción presidencial, como se ve, fue acatada de inmediato por la titular de la dependencia federal para que los llamados “servidores de la Nación” recorran el territorio municipal de Cuautla, con el objetivo de escuchar directamente a la población, ofrecer oportunidades de educación a los jóvenes y tratar de alcanzar un ambiente de paz en la región.
Ramírez Amaya sabe que Claudia Sheinbaum Pardo se comprometió a regresar en tres meses, tendría que ser a fines de octubre, para cerciorarse que su orden fue cumplida y que el Gobierno de la Cuarta Transformación está cumpliendo con una porción de los habitantes de Morelos, precisamente unos de los más necesitados del auxilio federal y estatal.
Parte del compromiso presidencial comprende reforzar la presencia de la Guardia Nacional, en el entendido que se requiere una mayor participación en la prevención del delito, fundamentalmente de los homicidios dolosos y la extorsión.
Igualmente ofreció la mandataria federal ampliar la oferta de educación media superior, con la apertura de un mayor número de preparatorias, a la vez de fortalecer el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”.
El primer paso está dado, ahora se espera que se den los pasos siguientes para cumplir con la meta presidencial. Esto es lo bueno, lo malo es que parece que la delincuencia no lee ni medios de comunicación ni redes oficiales o no oficiales.
¿Por qué lo escribo?, porque del domingo al miércoles de esta semana, se han suscitado 11 homicidios, tres de ellos en la super vigilada Cuautla a partir del jueves cuando se desplegaron 394 elementos de diversas corporaciones de seguridad federal, en 79 unidades, para vigilar 14 colonias en especial y a todo el municipio en general.
¡Cuautla está urgida de un cambio! ¡Su población lo merece!
Comentario al margen: Hace algunos pocos meses, si mal no recuerdo cuando se dio el homicidio de una reconocida activista del municipio de Temoac y después el atentado que sufrió el ahora edil asesinado, escuché decir de la parte gubernamental estatal que “está garantizada la gobernabilidad”. Ahora, tras el asesinato del alcalde Valentín Lavín Romero, vuelvo a escuchar la misma declaración y de la misma voz oficial. Ojalá, ahora sí por el bien de Morelos, no vuelva a ocurrir otro desaguisado.
La fábula del hoy: Fedro escribió una fábula titulada “Los soldados y el ladrón”, que dice “Tropezaron dos soldados con un ladrón; huyó uno de ellos, pero el otro se quedó, defendiéndose con su brazo valeroso.
Puesto el ladrón en fuga, acudió el tímido compañero y desenvainó la espada, echando hacía atrás la capa.
-¡A mí el bandido -dijo- voy a hacerle saber a quiénes ha atacado!
Entonces, el que había luchado valerosamente repuso:
-Hubiera querido que al menos con estas palabras me hubieras ayudado: yo habría estado más firme creyéndolas verdaderas; ahora guarda tu espada y tu lengua, vanas igualmente. Quizá pudieras engañar a quiénes no te conozcan; yo que he visto por experiencia con cuánto vigor has huido, sé muy bien cuán poco hay que fiarse de tu valor.
Este cuento debe aplicarse a aquel que se hace el valiente cuando lleva las de ganar y huye cuando hay peligro.
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