Oídos sordos. A pesar de las advertencias que circular en distintas plataformas, el alcalde de Cuernavaca José Luis Urióstegui Salgado parace no escuchar o ver esas denuncias.
Es constante la queja de policías que se quejan de mal trato, y más de que no cuentan con equipo para realizar eficientemente sus tarias de seguridad.
El edil ‘fifí’ tampoco atiende la demanda sindical; menos a los trabajadores de la Secretaría de Servicios Públicos del Municipio, que denuncian falta de herramientas para sus funciones.
El edil no oye y no ve, y el problema puede crecer; mientras tanto el sigue haciendo ‘política de nivel’, con sectores de la clase acomodada de la capital.
Lo mismo en una entrega de premios, en lanzamiento de programas que luego no avanzan como el bacheo, pero él no voltea a las clases sociales que más lo necesitan.
Ir a pintar bardas o limpiar guarniciones fueron actos solo de campaña. Ahí nomás.
Investigador de la Facultad de Arquitectura de la UAEM Alfonso Valenzuela Aguilera señala que en Morelos se conocen desarrollos de vivienda en los municipios de Xochitepec y Temixco.
Destaca que ahí se han instalado grandes conjuntos de compañías constructoras de viviendas, lo que ha generado en consecuencia lugares abandonados donde se ubica la delincuencia.
La propuesta, dijo, “es que debe existir un proceso de apropiación de esta vivienda con la intervención decidida del gobierno para la reconversión, porque sí hay capacidades y recursos”, expresó.
Señala que de acuerdo con el censo del 2010, había 5 millones de viviendas abandonadas en México, pero para 2020 se incrementó a 6 millones, lo que significa la ausencia de una política pública para contener este fenómeno que es paradójico, ya que hay 9 millones de mexicanos que necesitan donde vivir.
Por E. Zapata