PUDIERA no ser la mejor resolución lo acordado en el Senado de la República respecto de la Guardia Nacional, pero al menos ya hay un punto de partida hacia la nueva estrategia para combatir la criminalidad.

Y no sería la mejor resolución al menos para la intención mostrada por el presidente López Obrador, toda vez que el consenso en la Cámara alta fue en términos de un mando civil y no una junta de mando militar.

Tampoco sería la mejor para los opositores defensores de los derechos humanos a la presencia militar en tareas de seguridad pública porque precisamente persiste la presencia castrense al menos durante cinco años.

LOS acuerdos en el Congreso de la Unión que habrían de aterrizar en la iniciativa de ley para la conformación de la Guardia Nacional, desde luego tendría impacto en Morelos, por apuntar al carácter nacional.

Es decir, más allá de hechos como el de ayer de la asunción del mando de la Comisión Estatal de Seguridad en el área de tránsito de la capital Cuernavaca, la nueva estrategia vendría a dar claridad a los diferendos.

Si no de manera inmediata, toda vez que tras el tránsito del proyecto de Guardia Nacional en el Congreso de la Unión, se prevería otro plazo para su consolidación vía el constituyente en los congresos estatales.

EN el entendido de que la columna vertebral de la figura de la Guardia Nacional ha de ser la confluencia de los elementos del Ejército, la Marina, la Policía Federal y las estatales, el cambio no sería drástico.

No lo sería porque de facto, en la actualidad y hasta años esas instituciones y algunas más están trabajando de manera coordinada en varios estados del país, no siendo excepción en el Estado de Morelos.

Y si el cambio sustantivo de esta nueva herramienta para combatir el delito sería el mando militar, lo acordado en el Senado sería más bien la confirmación legal de lo que ya es en la práctica en varios estados.

SERÁN clave, en el mismo tema, las responsabilidades y las condiciones de operación que se sentarán en tres leyes secundarias, en las que se habrá de privilegiar con más, el respeto a los derechos humanos.

Por E. Zapata / opinion@diariodemorelos.com / Twitter: @ezapata1