Palacio de Cortés: Enjambre

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ENJAMBRE.

Lo ocu­rrido este miér­co­les en el marco de la Estra­te­gia Nacio­nal con­tra la Extor­sión no es un golpe menor.

El men­saje desde el cen­tro del país es con­tun­dente y no dis­tin­gue colo­res ni trie­nios: la pacien­cia fede­ral se agotó frente a los pre­sun­tos nexos y omi­sio­nes muni­ci­pa­les que per­mi­tie­ron el avance de la delin­cuen­cia orga­ni­zada en la región oriente.

Sin embargo, el ver­da­dero sismo polí­tico se ubica ahora en Cuautla. Que el pro­pio Gar­cía Har­fuch ven­tile públi­ca­mente que van tras los pasos del alcalde Jesús Corona Damián, con orden de aprehen­sión vigente, coloca a la his­tó­rica ciu­dad en una iné­dita situa­ción de vul­ne­ra­bi­li­dad ins­ti­tu­cio­nal.

La gran pre­gunta ya no es cuándo caerá el siguiente impli­cado, sino hasta dónde lle­gará el hilo de una madeja que ame­naza con des­mo­ro­nar estruc­tu­ras muni­ci­pa­les.

Por el bien de la paz que tanto urge a las fami­lias more­len­ses, el rigor de la ley debe apli­carse sin tre­gua.

EMPRESARIOS.

Las decla­ra­cio­nes de David Ricardo López Jimé­nez, líder de Canaco-Servy­tur, le ponen nom­bre y ape­llido al ver­da­dero drama detrás del ope­ra­tivo fede­ral en el Oriente: el estran­gu­la­miento de la eco­no­mía local.

Que el sec­tor empre­sa­rial con­fiese que en Cuautla ya era “impo­si­ble la vida comer­cial” y que la extor­sión mutó de sim­ples tele­fo­na­zos a un con­trol terri­to­rial abso­luto sobre pro­duc­to­res, des­nuda el nivel de com­pli­ci­dad u omi­sión que impera en la zona.

Señala que la caída del alcalde de Atlat­lahu­can y de exfun­cio­na­rios es un tan­que de oxí­geno para los comer­cian­tes, pero el reto ape­nas empieza.