TENSIÓN.
La política suele revelar sus tensiones cuando los aliados dejan de hablar el mismo idioma. Eso ocurrió esta semana en Morelos, donde Morena y el Partido del Trabajo exhibieron públicamente diferencias que hasta hace poco permanecían bajo control.
La dirigencia estatal morenista fue clara: bajo las condiciones actuales no acompañaría al PT rumbo al proceso electoral de 2027. El mensaje surgió tras los bloqueos que afectaron vialidades y accesos a Palacio de Gobierno, hechos que provocaron molestia ciudadana y obligaron a los actores políticos a fijar postura.
Sin embargo, horas después llegó el matiz. El diputado federal Juan Ángel Flores recordó que Morena, PT y Partido Verde son fuerzas nacionales y que cualquier alianza electoral se definirá en las dirigencias nacionales. Traducido al lenguaje político: la puerta no está completamente cerrada.
Más allá de si la coalición se mantiene o termina por romperse, el episodio deja una lectura inmediata. Los bloqueos no sólo tuvieron consecuencias para miles de ciudadanos; también generaron un costo político dentro del propio movimiento gobernante. Morena decidió tomar distancia y enviar una señal de respaldo a la gobernadora Margarita González Saravia, marcando una frontera entre la protesta legítima y las acciones que afectan a terceros.
La discrepancia también muestra que la unidad de los partidos que integran la llamada Cuarta Transformación no debe darse por sentada. Como ocurre en cualquier alianza de gobierno, existen intereses, liderazgos y estrategias que no siempre coinciden.
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