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RETO.

La par­ti­ci­pa­ción de More­los en el Tian­guis Turís­tico de Aca­pulco dejó un men­saje claro: el estado apuesta por un modelo turís­tico que mira hacia aden­tro para cre­cer hacia afuera.

La crea­ción de una ope­ra­dora espe­cia­li­zada en turismo comu­ni­ta­rio y la pre­sen­ta­ción de la pri­mera guía esta­tal en la mate­ria colo­can a la enti­dad a la van­guar­dia nacio­nal en un seg­mento que pri­vi­le­gia iden­ti­dad, sus­ten­ta­bi­li­dad y bene­fi­cio directo para las comu­ni­da­des.

Orde­nar la oferta, pro­fe­sio­na­li­zar los ser­vi­cios y faci­li­tar el acceso a expe­rien­cias autén­ti­cas no solo for­ta­lece la pro­mo­ción del des­tino, tam­bién pro­tege usos y tra­di­cio­nes que dan sen­tido al terri­to­rio.

Si el turismo crece con pla­nea­ción y res­peto comu­ni­ta­rio, More­los puede con­so­li­darse no solo como des­tino com­pe­ti­tivo, sino como ejem­plo de desa­rro­llo con ros­tro social.

LA CORTE.

La reso­lu­ción de la Corte garan­tiza la segu­ri­dad jurí­dica del per­so­nal de salud en More­los. Al reco­no­cer que la sola vigen­cia de nor­mas pena­les puede gene­rar miedo, estig­ma­ti­za­ción y auto­cen­sura en la aten­ción médica, el máximo tri­bu­nal pone el acento en un pro­blema de fondo: la cri­mi­na­li­za­ción indi­recta que inhibe el ejer­ci­cio pro­fe­sio­nal.

La sus­pen­sión otor­gada envía una señal clara sobre la nece­si­dad de garan­ti­zar con­di­cio­nes míni­mas de cer­teza para quie­nes brin­dan ser­vi­cios de salud repro­duc­tiva.

En un tema social­mente sen­si­ble, la Corte opta por pro­te­ger dere­chos pro­fe­sio­na­les mien­tras se resuelve el fondo del debate. El reto pen­diente es legis­la­tivo: actua­li­zar las nor­mas para que la ley no cho­que con la rea­li­dad médica ni con los cri­te­rios cons­ti­tu­cio­na­les.

Sobre el autor

Ezapata
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