PROBLEMA. Que Jiutepec y Cuernavaca ocupen el primer y tercer lugar nacional en robo de motocicletas delata una ausencia total de inteligencia operativa. El robo de vehículos menores es el “delito termómetro”: su alta incidencia indica que el crimen organizado y común tiene control sobre la movilidad urbana.
Mientras los alcaldes Eder Rodríguez y José Luis Urióstegui mantienen un discurso de contención, la realidad es otra. Falla la vigilancia: La concentración de casos sugiere rutas de escape conocidas y no intervenidas. Falla la coordinación: La presencia de tres municipios (incluyendo a Cuautla) en los primeros puestos del ranking evidencia que no hay un “anillo de seguridad” sino un corredor libre.
Falla la prevención: Hay nula fiscalización de talleres y mercados de autopartes, donde terminan estas unidades. Es fundamental entender que el robo de motos en Jiutepec y Cuernavaca es la fase primaria de una cadena delictiva.
En seguridad, se sabe que una tasa tan alta de robo de este vehículo precede casi invariablemente a un aumento en otros delitos de alto impacto. Una moto robada es un vehículo “fantasma”.
Se utiliza para cometer robos a transeúntes, asaltos a comercios y, en el peor de los casos, sicariato, sin que el rastreo de las placas conduzca a los perpetradores.
Al no frenar el robo de motos, las administraciones de Rodríguez Casillas y Urióstegui Salgado permiten que la ciudadanía pierda su patrimonio y facilitan la logística del crimen