Palacio de Cortés: Humo Blanco

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HUMO BLANCO.

Final­mente, tras sema­nas de pará­li­sis y un estira y afloja que pare­cía no tener fin, la UAEM y la Resis­ten­cia Estu­dian­til fir­ma­ron la paz en papel durante la madru­gada de ayer.

El regreso a cla­ses vir­tua­les este 30 de abril es un tan­que de oxí­geno para miles de alum­nos que veían con angus­tia cómo el semes­tre se les escu­rría entre las manos. Sin embargo, no hay que echar las cam­pa­nas al vuelo.

El acuerdo tiene un “pero” del tamaño del Cam­pus Cha­milpa: las ins­ta­la­cio­nes siguen toma­das y la con­fianza pende de un hilo.

El diag­nós­tico que ini­cia hoy será la ver­da­dera prueba de fuego, pues se hablará de daños y fal­tan­tes que podrían rea­brir heri­das.

La auto­no­mía no solo se defiende en los dis­cur­sos, se ejerce garan­ti­zando que el regreso a las aulas —aun­que sea a tra­vés de una pan­ta­lla— sea el pri­mer paso hacia una nor­ma­li­dad donde el estu­diante se sienta seguro y escu­chado.

Por ahora, hay tre­gua, pero la moneda sigue en el aire. Esta­re­mos aten­tos a que el calen­da­rio no se con­vierta en una sim­ple lista de pro­me­sas de escri­to­rio.

NEGOCIO.

En los labe­rin­tos de con­creto de More­los, desde la satu­ra­ción de inte­rés social hasta la exclu­si­vi­dad de las pri­va­das en Cuer­na­vaca, ha flo­re­cido una indus­tria tan lucra­tiva como cínica: el “nego­cio” de las casas aban­do­na­das, ges­tio­nado por quie­nes debe­rían cui­dar­las.

Lo que sigue es una caja chica per­so­nal ali­men­tada por ren­tas que jamás ven el bol­si­llo del dueño legí­timo ni el fondo de reserva del com­plejo. Es un sis­tema de “para­cai­dismo de cue­llo blanco” donde el admi­nis­tra­dor juega a ser el dueño.