FIASCO.
Las intensas lluvias que recientemente han colapsado las vialidades y desbordado cauces en Cuernavaca, Cuautla y Jiutepec vuelven a poner al descubierto una problemática cíclica, pero evitable.
Año con año, el temporal expone una flagrante falta de mantenimiento preventivo y desazolve a tiempo por parte de las administraciones municipales, que suelen reaccionar cuando el agua ya inundó los hogares y estranguló el tráfico.
Sin embargo, apuntar el dedo únicamente hacia los ayuntamientos sería ignorar la otra mitad de la crisis: la alarmante falta de civismo y conciencia ciudadana.
El reciente y grotesco hallazgo por parte de las brigadas de emergencia en Tepoztlán, donde un retrete completo obstruía el cauce de una barranca, es el reflejo de una sociedad que utiliza las vías fluviales y calles como basureros públicos.
Cuando la infraestructura urbana se enfrenta a toneladas de desechos domésticos de todo tipo, no hay red de drenaje ni operativo de desazolve que resista.
La naturaleza solo encuentra el camino libre que nosotros mismos le construimos con negligencia. Las inundaciones en Morelos no se solucionarán únicamente con más presupuesto o cuadrillas de limpieza de última hora; requieren, de forma urgente, una verdadera cultura de corresponsabilidad.
En Cuernavaca, la nueva disposición contra quienes dejen la basura en las calles, in cluso con arresto de 36 horas, se queda en el papel. Puro show.
Se conoce bien que el comercio, en el Centro Histórico y en las colonias, por ejemplo, dejan los montones de basura sin saber cuándo los recogerá el camión.